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Un vientre aplanado. Un vientre de polvo fino y como en foco. Debajo del vientre una granada reventada. La granada expande un flujo de copos que se eleva como lenguas de fuego, un fuego helado. El flujo se agarra del vientre y lo hace girar. Pero el vientre no da más vueltas. Son venas de sangre como vino, de sangre combinada con azufre y azafrán pero con un azufre endulzado con agua.
Antonin Artaud
Apoyo la nuca en el borde de la bañera, relajo todos los músculos y dejo que mi cuerpo flote ingrávido en el agua diáfana. Mi alma deriva también, leve como una medusa. En este estado de ánimo el mundo es un lugar fácil. Desatrancadas las puertas del sentido común que cierran la mente, y abiertos los diques del apego mundano que lastran el corazón, «lo que haya de ser será» pienso, flotando en el agua, adunado con todo lo que me rodea. No hay existencia menos sufriente que la de aquello que fluye, y estar en el centro mismo de la corriente, con el espíritu a flor de las aguas, es incluso superior a ser discípulo de Cristo.
Natsume Sōseki
fredy-holzer #fredyholzer por fredy holzer
“¿Cómo podía un ser vivo sangrar mensualmente sin afectar su salud, sin morir? Esa pregunta comenzó a tener algunas respuestas en el siglo XVIII cuando ganó terreno la tesis del “dimorfismo sexual”, es decir, la existencia de diferencias apreciables en los organismos de las mujeres y de los varones, que refutaba la visión anterior, que hablaba de la existencia de un solo sexo y de dos géneros. La correlación entre la fecha del coito con la fecha de embarazo y de la morfología ovárica con la menstruación comenzó a ser comprendida a partir de 1900. Hacia 1910, los estudios de la citología de la mucosa cervical de Papanicolaou facilitaron el primer indicador fiable del ciclo ovárico en seres humanos; los ensayos hormonales comenzaron poco después; y recién en 1930 se llegó a entender de forma general el control hormonal de la ovulación por el ovario y la glándula pituitaria. El proceso civilizatorio de la modernidad occidental impuso el control de los fluidos y desechos corporales que, combinado con el discurso de la asepsia del higienismo, incentivó la fabricación de compresas –primero de forma doméstica y luego comercial– que pudieran absorber la sangre menstrual. Lavarse, cambiarse frecuentemente los paños y descansar, fueron consejos e indicaciones para proteger el cuerpo femenino de gérmenes y malestares, cuidándolo para lo que se consideraba su función principal: la maternidad. Hacia el 1900, las compresas de tela, los cinturones y los delantales que las sostenían se comercializaban con éxito: menarquias más tempranas, menor cantidad de embarazos y menopausias más tardías aseguraban un importante número de clientas. La consigna era contener el fluido menstrual,y también los olores. Un rápido adelanto en el tiempo nos aterriza en la década de 1930, cuando Leona Chalmers patentó Tass-ette, una de las primeras copas menstruales. El producto no prosperó entonces: había quejas por la dureza del material y a muchas mujeres les resultaba extraño colocarse algo en la vagina, aunque con ligeras variaciones, su prototipo ha sido el modelo utilizado por las más de 12 marcas de copas menstruales reutilizables de las que se dispone en la actualidad. Chalmers buscaba facilitar el deporte durante la menstruación y ofrecer una “protección invisible” que diera confianza a las mujeres. Su publicidad afirmaba que la copa podía evitar la “pesadilla” de la menstruación, “el terror del olor, el sentimiento de impureza”, beneficios muy distintos, opuestos incluso, a los que difunden las promotoras de este dispositivo en la actualidad. Entre finales de 1950 y 1970 se intentó hacer resurgir la copa con nuevas estrategias de marketing, pero muchas mujeres eran reacias a lavarla para volver a utilizarla. Además, al ser reutilizable, las ventas se congelaban con facilidad y no resultaba un buen negocio. Se necesitaba un nuevo contexto social y cultural para que este producto tuviera una exitosa acogida. La crisis del tampón, debida a las denuncias de muertes y enfermedades a causa del Síndrome de Shock Tóxico en usuarias de tampones, ayudó a hacer resurgir la copa en la década de 1980. Encontraron eco en el movimiento por la salud de las mujeres, la militancia contra las corporaciones –en este caso, la industria de la higiene femenina– y el movimiento ecologista; y contribuyeron a quebrar la concepción establecida, desde su lanzamiento en 1930, en torno a los tampones como dispositivos de liberación femenina. No obstante, la investigación clínica y la comercialización de la copa menstrual ha sido un proceso largo y con prolongadas interrupciones. En el año 1959, Liswood basándose en el modelo de copa diseñado por Chalmers (TassetteTM), escribió un artículo, Internal menstrual protection: use of a safe and sanitary para Obstetrics & Gynecology, sobre las características del producto y la forma de insertarlo, así como las pautas y modo de retirarlo (dos o tres veces al día). Tres años más tarde, Karl John Karnaky estudiaría el efecto de la copa sobre posibles modificaciones en el ambiente de la vagina, Internal menstrual protection with the rubber menstrual cup, reconociéndole todas las ventajas apuntadas por Liswood. Parker, J. Bushell R. W. y Behrman, S.J. también investigaron las ventajas del uso de la copa menstrual en mujeres con sangrado menstrual abundante, comprobando que no se producía rebosamiento de la copa. En 2011, Courtney Howards y cols. realizaron un ensayo clínico con la marca canadiense DivaCup, concluyendo que la copa representaba una solución sostenible para el manejo de la menstruación, con un coste económico moderado y menos efectos medioambientales si se comparaba con los tampones.
En la actualidad existen varios modelos y fabricantes; cuya publicidad se encuentra en sintonía con premisas ecológicas, de cuidado de la salud y de valoración del período desde una perspectiva social y no simplemente biomédica”.
Extraído de:
Barranco Castillo, E., Jiménez Díaz, I., Iribarne, L. M. y Ocón Hernández, O. (2016). Copa Menstrual. Su papel en la detección de tóxicos en la regla. Mujeres y Salud, 41, 13 - 14.
Felitti, K. (2016). El ciclo menstrual en el siglo XXI. Entre el mercado, la ecología y el poder femenino. Sexualidad, Salud y Sociedad, 22, 175 - 206.
Flujo
El estado natural. Cambiamos de humor. Cambian nuestras vidas. Cambian nuestros sentimientos hacia el otro. Cambian nuestras relaciones. Cambia la canción. Cambia el aire. Cambia la temperatura del agua de la ducha.
Acéptalo. Hay que aceptarlo.
— A de Amor, David Levithan.
institucionalidade lítica Gz_2008
Verso.
En este momento me pido un verso, no pienso lo extenso, solo quiero hacerlo y desahogar un momento. Estoy sintiendo un tormento, para ser honesto, hace tiempo no me siento cuerdo. Hace millones de exhalos que no tengo oxígeno, parece que inhalo nitrógeno. Debo percatarme de la realidad en que transcurro porque me pierdo en este mundo y el tuyo, el de ellos, el nuestro. Qué desperdicio de quicio en tanto vicio. Solo el ocio de seguir existiendo. Ya no pierdo. Se acabó el juego. Entre yo y mi ego estamos de acuerdo en que es un secreto y no debes saberlo. Fueron tantas variantes que me sigo perdiendo palabra tras palabra. La letra intacta de la magia. Sílaba tras vocal ya no entiendo de qué va ésto. El flujo ha cambiado. Las olas ya no llegan a las orillas. La calma existencial es un ansia mortal. Hace cuánto que solo espero el final. Tan cerca del abismo, ¿cómo puedo regresar? Cómo puedo fluir en el magma y afrontar el núcleo, detener el mundo, sentir lo inmundo. Acariciar el sol como a la almohada. Dormirme lento en la penumbra. Soñar con la locura. Despertar con tu hermosura. Darle cuerda al tiempo y que avance lento, que me muero por un beso. Una bocanada de éso que llamas ésto. Un poco de hidrógeno para dos esferas. Un sentir de ganas. Avanzando lento cuando se va lejos. Multiplicándose en espejos. Finalicen los rituales, ha llegado la hora. El gemido desde el fondo de la habitación resuena. Se alzó la luna y también su postura. Se irguió como si no le importara la gravedad. Así cómo no voy a perder la cordura. Entre tanto jugueteo, ya ni sé qué veo. Ésto no es parte del sueño, o eso creo. La realidad es más frágil que un lápiz. Un átomo que deforma el mundo. Que da forma a un mundo. Que inunda un mundo de formas. Que se reforma y es amorfa. Se mofa en tu cara de lo que en su mente no captas. Ya basta de tantas vueltas y cambia los esquemas. Que se levante en armas la letra y asesine ideas. Que no tiemble la mano. Que no se gaste la tinta. Finaliza. Solo eso te pedí. Ciertamente lo hice, me fui. Fue tu culpa no la mía. Por eso hice lo que debía. Aunque el cansancio sonríe, mi expresión no le sigue. Había olvidado la calma de sentir. De ser masa. De ser lo que más duele en este plano. Al menos que de eso se trate. Qué maltrato pensar que hay un trato. Aunque estoy seguro de no recordar cuándo lo firmé, no sé por qué lo acepté; pero estoy seguro de que tal vez lo volvería a hacer.