eu e minha velha amiga, lâmina, juntos jogando jogo da velha em minha própria pele.
- hdcs.
seen from Canada

seen from United States

seen from United States

seen from Canada
seen from South Korea
seen from United States
seen from Hong Kong SAR China
seen from South Korea
seen from United States
seen from China
seen from Germany

seen from United States

seen from Portugal
seen from United States
seen from Singapore
seen from United States

seen from Portugal

seen from United States
seen from Sweden
seen from United States
eu e minha velha amiga, lâmina, juntos jogando jogo da velha em minha própria pele.
- hdcs.
I kinda low-key high key miss the restriction of the physical pain of my wound.
I pretty sure i just need attention and affection
Vendredi 20 septembre
14h38: j'ai terriblement envie de criser. Je sais pas si je vais arriver a résister. J'ai peur.
Soir: je n'ai pas crisé, enfin pas vraiment. J'ai bu deux chocolats chauds en tout, et horrible j'ai mangé des carrés de sucres, comme ça. Parce que quand j'ai envie de criser, c'est pratiquement toujours sur du sucré. Mais je pense avoir quand même mangé moins de 600cal. Pourtant je me déteste. J'ai envie de pleurer, envie de me faire vomir, de recommencer a me scarifier (merde j'ai jeté mes lames...) .
Je sais que demain va être compliqué, je suis tellement ambivalente. Quand je vais devoir aller faire mes courses, est ce que j'achète de quoi criser? Est ce que je ne le fait pas ? Peu importe la décision je sais que tout manière je ne serai contentée. Si j'achète je vais me détester pour l'avoir fait et pour me goinfrer. Si je n'achète pas, je vais avoir un moment où je vais regretter de ne rien avoir acheter et la crise va monter, je vais me sentir frustrée. Alors quoi faire? J'ai envie de tout laisser tomber, au moins quand je jeunais je n'avais pas envie de criser. Je recommencerai bien mais je ne peux pas.
Je ne sais pas quoi faire. Je n'ai pas envie de retourner en stage lundi mis a part pour revoir A. ( Le gars dont j'ai parlé précédemment). La flemme et pas envie de travailler mais d'un autre côté, j'ai envie d'être aussi douée que lui, de m'acharner a là tâche, de ne plus en pouvoir et d'enfin disparaître. J'aurais envie d'en parler a quelqu'un sans jugement, sans me sentir bête, inutile, sans importance, sans avoir l'impression de déranger. Ça ne peux pas être quelqu'un de ma famille, ça ne peut pas être un parfait inconnu, ça doit être quelque que je connais mais avec qui je n'ai pas une grande connexion. J'ai besoin que quelqu'un d'autre soit là quand j'en ai besoin, une personne avec qui je pourrais être moi-même.
Je ne sais pas quoi faire. Je ne sais pas, je ne sais pas, je ne sais pas, je ne sais pas...
HELP ME 😫😭🤮
Muchas veces en la semana, a cualquier hora y sin explicación aparente, me pongo triste. Si, así nomas. De la nada. Ya sé, me vas a decir que no se puede estar feliz todo el tiempo y que no hay emociones constantes. Eso lo tengo claro, pero tampoco se puede estar triste tanto tiempo o tan seguido. He aquí el problema: Incluso cuando estoy en mis buenos momentos guardo un espacio para los bajones. Bueno, no, no los guardo. Ellos empujan hasta meterse en el medio de la risa. Son muy fuertes, y esa fuerza se las di yo. Ahora no sé cómo hacer para que me la devuelvan. Esta es la punta del iceberg y es lo único que dejo que casi todos vean. Se camufla con un “estoy cansada” y pasa. Todo el resto lo guardo para mí, el veneno puro, y acá es cuando la cosa se complica. El iceberg deviene en una bola de nieve enorme llamada “Ansiedad”, y no para de rodar a toda velocidad hasta que me aplasta y me saca el sueño todas las noches. Y recién ahí, tal vez y con algo de suerte, me animo a pedir un poco de ayuda. Horrible, ¿No? Es así todos los días y aún hay más. Toca escarbar un poco. ¡Alerta! Ansiedad en aumento. Hago fuerza, mucha fuerza para contar estas cosas cuando sólo tengo ganas de irme. Me estaría arrepintiendo de escribir esto. En fin, veamos qué hay entre la nieve.
#1 Trastorno alimenticio. Qué desastre. A veces estoy mejor, otras veces no tanto. Quizás ahora mismo no es lo que más me afecte y por eso opto empezar por acá y luego dirigirme hacia mis peores problemas. Y sí, se que suena extraño que diga esto mientras hablo de un trastorno con el que vengo lidiando desde hace años. En fin. Siempre está presente. Cuando pienso en comida, cuando me saco la ropa para bañarme y no quiero bajar la vista pero no puedo evitar tocar mi cintura o mis huesos y pensar “Podría comer menos”, cuando me obligo a ejercitar, cuando una parte de mí siente nostalgia al recordar que llegué a pesar 38 kilos. Desastre total. Comidas, culpas y más culpas.
#2 Dismorfia corporal. De la mano con el monstruo número uno. Tengo una preocupación obsesiva por mi imagen o bien un completo abandono de la misma. Evito el espejo o me paro muy cerca y toco mi piel, busco imperfecciones en mi rostro por más que sean diminutas. Las aprieto o rasguño, no puedo frenar hasta que lastimo mi cara. Es una guerra constante hacia mi identidad. Le tengo miedo a la crítica y soy yo misma mi peor enemiga, quien se declara horrible y cree que sólo puede ofrecer su apariencia porque por dentro no tiene nada. Un mero detalle insignificante en cualquier parte del cuerpo, pero principalmente la cara, es razón suficiente para arruinar no sólo mi día, sino la semana entera. Suelo lavar mi rostro a oscuras o con muy poca luz. ¿Y si tenía planes? Sencillo, no voy y asunto zanjado. De todas maneras no tenía ganas de salir de mi cuarto, lo que nos lleva al siguiente asunto.
#3 Aislamiento. No querer verme ni que me vea nadie más. A los bajones les encanta esto. Por eso paso a tirarme en mi cama con la puerta del cuarto cerrada y ya no me levanto. Consumo las horas pensando en situaciones que jamás van a suceder, generalmente cargadas de dramatismo. Y me angustio como si fueran reales encerrada en ese círculo de eterna imaginación y cero realidad. Sólo salgo de mi casa para comprar y los días en que debo cursar o cumplir con alguna obligación me resultan, como mínimo, algo sumamente estresante. A veces me aíslo tanto que no sólo dejo de hablar con mis familiares, sino también con mis amigos por WhatsApp. He estado fácilmente tres o cuatro días abriendo y cerrando la aplicación un sinnúmero de veces, intentando enviar un mísero mensaje desde mi cama, bajo las sábanas. Pero nada, me congela la bola de nieve y una mosca me pica muy seguido. Tiene un nombre muy largo y es el cuarto punto a tratar.
#4 Molestas a todos y sería mejor si no estuvieras. ¿Exagero? Tal vez pero así está la cosa, así creo que el mundo me piensa. Analizo constantemente mi conducta. Las cosas que dije e hice y considero que sólo me sale bien hacer el ridículo. Todo me afecta, incluso las cosas que sé que son en broma. Ya a esta altura habrán notado que tengo poquito y nada de eso que llaman “Amor propio”. Es una conclusión obvia a la que llega cualquier persona que tenga mambos como los míos. Y aunque digan que no es así, no podemos evitar seguir pensando lo que nuestra enfermedad quiere. Y todavía falta más, ya estoy llegando a un nivel más oscuro, enciendan una luz. Si todos estarían mejor sin mí, debería matarme. ¿No?
#5 Pensamientos suicidas recurrentes. No hay forma amortiguada para decirlo, disculpen que sea tan cruda. Cuando la ansiedad pega tan fuerte, por todos lados, y con todo lo que tiene, no veo otra salida aparente. Aquí es cuando exploto. Lloro, pataleo, me cuesta respirar y le encuentro un sentido muy peligroso a la muerte. Tengo una lógica sumamente autodestructiva y pienso al menos una vez al día (si, incluso en los buenos) en cortarme las venas o tomar muchas pastillas que si bien quisiera podría conseguir. Pero aquí me congelo de nuevo porque me da miedo. Mucho miedo. Yo no quiero morir, sólo quiero dejar de pensar y sentir dolor en los días que me pierdo y no soy yo. Me disocio y la ansiedad es ceguera ante soluciones reales, sanas. Por ahora no me animo a tanto pero ¿Y si mañana es el día? Actualmente sólo llego hasta el siguiente punto.
#6 Autoflagelación. Tanto dolor emocional agota, lo traduzco entonces en el plano físico. Unos cuantos pares de cortes por acá y por allá y me creo que el dolor brota, lo exorcizo, se lava y desaparece. Ya voy diez años convenciéndome de esto. Hubo temporadas en que no destruyo el cuerpo pero las ganas son constantes. Por otra parte y para ir cerrando (¡Por fin se va a callar!) es una búsqueda por destruir el límite del cuerpo y las relaciones. Aquello que me define como individuo y que me planta ante el mundo y me permite interactuar con los demás. Cuando se cruzan los cables y me siento molestia, carga, obstáculo, no quiero ayuda. Busco distancia. Las emociones de las persona me resultan hostiles por más que sean buenas intenciones. Tengo miedo de su amistad cuando noto una mayor cercanía. Su paciencia, su amor. El amor me atrae y ahuyenta al mismo tiempo, y los cortes son el conjuro para alejarlo aunque luego vuelva a buscarlo. Me permito sentir de todo por todos. Pero por favor que nadie sienta nada por mí. O tal vez si. Soy contradicción. Así paso al último aspecto. El peor, el que no me deja dormir.
#7 Una suerte de filofobia. Si nunca tuviste pareja, o si tuviste pero sentís que jamás se va a repetir te doy la bienvenida a este club de solitarios. Son requisitos excluyentes el autoboicot, la necesidad de amor (romántico) y atención seguidas de un miedo y arrepentimiento, y la eventual resignación ante el hecho de que nos vamos a quedar solos el resto de nuestras vidas. Respiro la constante obligación de reprimir sentimientos hasta que éstos mueran. Pero no mueren nunca y en su lugar me muero yo. Me paro como la fuerte e insensible que todo lo puede sola, pero exploto por dentro esperando un abrazo, una confesión, algo que apague un poco la angustia de sentirme tan sola e inútil. No tengo amor propio ni ajeno. Pero luego recuerdo todos los puntos que enumeré. ¿Quién puede querer tanto desastre y tan poca persona? Nadie quiere a una gila triste y vacía. Y aquí la bola empieza a girar de nuevo, siempre más grande que la última vez.
Des fois je m'demande c'que j'fais là.
J'aurais dû crever