Hoy no he meditado.
Me he levantado a las 6 de la mañana.
Tampoco he hecho yoga.
Tengo la ropa sucia de ayer sin lavar.
Y no me ha dado tiempo.
Tampoco, a hacer pranayama.
No he tenido tiempo porque me he despertado escuchando tus audios
que me han roto el mundo.
Y ahora soy una piedra.
Como Rubén Darío que quería volverse piedra para no sentir nada.
Como él,
pero yo no quiero ser una piedra.
Me gustaría sentir rabia
o celos,
incluso miedo
o tristeza.
Estoy viendo un fuego que está haciendo un vecino,
porque no hay nada más.
Como quien ve un programa de mierda en la tele,
viendo sin ver.
Ya es de noche.
Estoy intentando explicarle a una amiga lo que ha pasado.
Lo intento lo mejor que puedo,
pero una historia tan corta como 5 audios de whatsapp
que prenden fuego a todo lo que pensabas hasta ahora,
son difíciles de resumir en otros 12 audios.
Con las cenizas de mi mundo,
de mi mente,
de la confianza
y la voz,
trato de explicarle qué pasa.
A nadie más que a ti te contaría esto,
te contaría todo.
En este mundo en llamas,
tú eres la única cosa no inflamable.
Y doy gracias,
todos los días
y ahora,
por tenerte.
Porque algo habré hecho bien,
para tenerte.
Estoy en transición.
Como la harina que se transforma en pan
o se echa a perder y hay que tirarla.
No sé qué pasará conmigo al final,
ya os lo contaré.
Hoy me he estado acordando de la película todos los saben,
porque parece que todos lo saben.
Y no sólo lo saben,
todos me juzgan.
Hasta Ana.
Menudo lunes.
Es mi vida.
Todos se creen con el derecho de decirme
que tenga cuidado
o que me estoy metiendo en algo que es peligroso.
¿Pero,
si es así,
por qué no me lo dijeron antes?
Y no sé si sea cierto.
La vida ya me ha dado suficiente caña por hoy,
no necesito saberlo.
No se cuando pasó,
pero creo que fue la primera semana que estuve aquí.
Tengo una mancha enorme en la mano izquierda.
Se extiende por mis dedos y el tatuaje.
Me la ha hecho el sol.
Creo que con el limón.
Estoy pensando que
igual me quiero tanto ahora
que ya no queda espacio
para que te pueda querer.
Creo que esto no me duele más porque no hay música.
Y la música me mata.
Necesitaría morir un poco ahora.
Y dejar de ser una lechuga.