«Siempre somos contemporáneos de lo eterno, pero no para siempre. ¿Qué otra cosa es vivir? El presente no pasa en nosotros; nosotros pasamos en el presente y, en último término, triunfará el olvido sobre la memoria, igual que la naturaleza sobre el hombre o la materia sobre la mente. La diferencia, empero, solo es significativa para la inteligencia. En lo tocante al ser, está presente sin cesar, es siempre eternidad. Solo nos separan de ésta nuestros pesares o nuestras esperanzas, nuestras angustias o nuestras nostalgias: en el fondo, solo estamos separados de la eternidad por nosotros mismos. Así, quien supiera liberarse sería eterno, como vieron Epicuro, Spinoza o Wittgenstein o, más bien, todos lo somos, pero sin posibilidad, a menudo, de vivirlo. Eternos, no inmortales: la vida, igual que el amor, igual que todo, solo es eterna en tanto dura.»
André Comte-Sponville: ¿Qué es el tiempo? Reflexiones sobre el presente, el pasado y el futuro. Editorial Andrés Bello, págs. 91-92. Barcelona, 2001.