Me dije que no iba a escribirte más. El tiempo se derrite sobre las brasas y gotea, se supone que las apaga, las recónditas ansias deciden hibernar y dejarme en paz. Soy el trance, la calma, no sufro porque no pienso. Se me olvidó la angustia de no tenerte y las dudas dejaron de importarme, pero no, era todo un elaborado proceso de autoengaño y me siento diáfana, vacua, imbécil, estúpida y demás adjetivos que no tiene caso mencionar porque ni a mi misma he podido ocultarme el hecho de que te extraño. Me dije que no te escribiría mas, me lo prometí porque hasta los fetos se reirían de mi absurdo amor, de extrañarte sin nunca haberte tenido, de hablarte como si estuvieras conmigo, de celarte como si fueras mío. Dejé de preguntarme si pasaría, deje de hablarte y soñarte y me creí liberada de los cepos que mi mente había creado por idealizarte y peor, por esperarte. Había pasado la pagina, había dicho borrón y cuenta nueva, pisando al pasado, creyendo que no te volvería a escribir porque me dije que no iba a escribirte mas y mentí, dije que te dejaría de pensar y no cumplí, que no volvería a sentir este nudo imperial en la garganta al verte ni sonreírle sola a las paredes al recordarte y perdí, no he ganado nada desde que empezamos, solo noches sin dormir e impaciencias sin remedio, gané momentos de amargura y borracheras sin sentido, el premio nunca has sido tú ni un par de sonrisas exclusivas, siempre atadas a la condicional de alguien más. Jamás seré alguien tuyo ni de tu vida, sino de la de quien cercano a ti está y acepté eso hace días cuando el calor parecía palpable y organicé mis prioridades y te saqué de mis tormentos. Creí hacerlo porque creer es crear y me dije que no te escribiría más, pero aquí estoy porque yo te veo y tu a mi no, tú me miras y no me ves, en cambio yo sí veo tu halo ni bueno ni malo rodeándote, tu astucia envolviéndote, matizándote la sonrisa, yo te veo caminando a mi lado, tomándome de la mano, te veo en las cosas que por más insignificantes, me recuerdan a ti y estás en todos lados. Tú sólo me miras, nunca me recuerdas, nunca me piensas, por eso me dije que no te escribiría más y aquí estoy, porque no puedo quedarme contigo adentro, tengo que sacarte de alguna forma, tengo que volver a creer para crear, a aceptar tu felicidad alejada de mis quimeras, a echarle tierra a las ansias, a olvidar que te necesito y sobre todo a no volverte a esperar porque sé que no vendrás. Me dije que no te escribiría más, no a ti ni a tus muchas maneras de pasar de mí, ni a tus burlonas propuestas ni tus halagos disfrazados, no a ti ni a las angustias que me dejas, a la imposibilidad de querernos, al hecho de que yo siempre te escriba y tu a mí no. No voy a escribirte más, no escribiré más por ti, que este sea el cierre del libro de nosotros, un libro que nunca fue, que no vas a leer. No voy a escribirte más aunque nunca me hayas leído, pero los recuerdos son tan gratos, los sueños tan ambiciosos y yo tan masoquista…