Marina
Parece que no aprendo a ver los finales que se acercan ni los desperfectos de mi nave perfecta. Los ignoro hasta ser agujeros insalvables por donde escapará el amor en un soplo. Me afano hacia horizontes lejanos y le doy la vuelta al mundo. Sin darme cuenta, vuelvo al mismo punto de soledad, desánimo y desgana. Dejo que me arrastre el primer viento que pueda, abriéndole mis velas poco a poco. Las olas cesan, el viento, todo. Me acobardo y anclo hasta nuevo aviso que heridas ya tengo muchas, boquetes que he cerrado a lo precario. Hundirme no es una opción y que regrese es justo y necesario.
Que el salitre arda, ¿qué importa? Es de óxido que está hecha la muerte.














