Si los hombres supieran lo que es la muerte ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles nunca más su tiempo de vida.
Momo – Michael Ende.
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Si los hombres supieran lo que es la muerte ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles nunca más su tiempo de vida.
Momo – Michael Ende.
El Zorro y El Sabueso ¡Feliz día del niño! 🧡 Celebrándolo con esta querida historia que de niña era de mis favoritas, significa mucho para mi 🧡🤎 El Zorro y el Sabueso originalmente es una novela publicada en el 67, escrita por Daniel P. Mannix e ilustrada por John Schoenherr. La adaptación que la mayoría conocemos es la del 81 hecha por Disney, y es a la que hago homenaje en esta serie de ilustraciones que cuentan dicha historia, utilizando también los diseños de la película adaptada. Resumir una historia en pocas páginas es difícil, no lo negaré jajaja pero se logró, este trabajo originalmente ha sido un proyecto de la universidad, me gustó tanto el resultado que lo comparto con ustedes :) muchas gracias por el apoyo 🔆🌠
[🇪🇦] Ya tocaba la presentación con fotos del cuento "¿A Quién Quieres Más?", que he ilustrado para @pijamabooks y escrito por @vanesa_martinezleon
Dentro de unos días se cumple un mes de su publicación, y aún se me hace raro ver impresas las ilustraciones en las que estuve trabajando.
Le he puesto mucho esfuerzo y mimo al cuento, y he aprendido mucho con él. Espero que os guste, si llegáis a haceros con él 💕💕.
Se puede conseguir en librerías tradicionales o por internet en las plataformas más comunes. Y si lo hacéis, hacédmelo saber, ¡que me haría mucha ilusión! ☺️
Muchas gracias por la confianza a la editorial, a mi editora María, y a Vanesa. También a quienes me habéis dedicado palabras bonitas sobre el cuento estos días 💕.
[🇬🇧] It was due time to show some photos I took of the picture book I illustrated in my country for @pijamabooks and written by @vanesa_martinezleon
In a few days, it will be a month since it was published. It still feels surreal to me, that those illustrations I worked on digitally are now printed on a book. No matter how long I draw for children's books, that feeling doesn't seem to get old. I promise I worked really hard on it, and I learned a lot with it 💕💕
If by chance you want to buy it, you should be able to get it online on the most famous online platforms (also, let me know if you do so, it would make me really happy! ☺️)
¡Vaca, Vacuna!
Martina lloraba desconsolada aferrándose a su muñeca favorita, Fabiola.
—No quiero ir —repetía— no quiero, no me gustan las agujas.
—A nadie le gustan, Martina —respondió su mamá tomándola de la mano —. Sin embargo, es necesario vacunarse para estar saludables. Tener miedo es algo normal, pero el pinchazo, que duele menos que el de un mosquito, no se compara a pasar muchos días enferma en la cama, con fiebre, sin poder jugar o comer lo que te gusta, sintiéndote mal, ¿No crees?
—¡No quiero, no iré! —resopló Martina.
Ante la insistencia de la niña su madre regresó al comedor, dejó a un lado su cartera y se sentó en el sofá, invitándola a sentarse a su lado.
—Está bien, no iremos hoy, pero deja que te cuente una historia.
—¿Una historia? ¿Sobre qué? —preguntó Martina con curiosidad.
—Sobre un niño valiente que fue el primero en recibir una vacuna, ¿Quieres oírla?
Martina dudó unos segundos, pero luego asintió, acomodándose entre su madre y Fabiola en el sofá.
—Hace muchos, muchos años —comenzó a relatar su madre—, en un pueblito de Inglaterra llamado Berkeley, vivía un niño de ocho años cuyo nombre era James Phipps. James era un pequeño inquieto y saludable al que le gustaba jugar a los piratas; blandía con energía la espada de madera que su padre había tallado para él, persiguiendo con ella a las gallinas en quienes imaginaba a sus enemigos. Su madre lo retaba mientras, como tantas otras mujeres del pueblo, recogía los huevos y las legumbres de la huerta que comerían en el almuerzo.
» Así transcurrían normalmente los días en ese pueblo tranquilo y hasta aburrido; pero, lo que nadie en ese entonces sabía ni podía adivinar, era que existía entre sus habitantes una amenaza escondida, al acecho, esperando un descuido de sus víctimas para atacarlos salvajemente —la madre usó su voz más oscura.
—¡Qué terrible! —exclamó Martina, escondiéndose detrás de Fabiola —¿Era un animal salvaje?
—No, peor que eso. Era un microbio, un virus, un ser tan pequeñito que nadie puede ver a simple vista pero que cuando ingresa al cuerpo de las personas los enferma, como te enfermó el año pasado el virus de la gripe común, por ejemplo; solo que la enfermedad que este virus causaba durante esa época y desde tiempos inmemoriales, se cobraba la vida de millones de personas en todo el mundo, sin distinguir edades, géneros ni posición social. Los habitantes del pueblo llegaron a conocerla muy bien y supieron pronto su nombre, se llamaba Viruela.
» Pero, así como el virus de la gripe sólo te enferma levemente, existía una variante del virus de la viruela —un primo, digamos— que no era mortal como el otro, y que enfermaba a las vacas, que a su vez contagiaban algunas veces a los seres humanos que estaban en contacto con ellas, como las lecheras del pueblo.
—¿Qué son las lecheras, mamá?
—Las lecheras son aquellas mujeres que ordeñaban las vaquitas diariamente para que su familia y demás personas pudieran beber leche fresca. Y una de esas mujeres era Sarah Nelmes.
» Sarah era una señora regordeta y amable a la que le gustaba tejer y hornear pasteles de arándanos. Ella tenía una vaca presumida, que usaba sombrero de paja adornada con margaritas y claveles, cuyo nombre era Blossom, que en inglés significa Flor o Florecer. Todos los días la alimentaba con heno, le daba agua fresca, le hablaba y le cantaba mientras la ordeñaba al ritmo de su cencerro. Un día Blossom enfermó de viruela, pero Sarah no lo notó a tiempo y de pronto calló enferma también.
—¡Oh, no! ¡Pobrecitas!
—Pero no te preocupes, que la viruela de la vaca no era una enfermedad tan grave. A Sarah le habían salido ampollas en las manos, tuvo fiebre y se sintió mal durante un par de días; pero como no se trataba de la viruela mortal se recuperaría pronto. La madre de James, el pequeño niño del que te hablé al antes, fue a visitar a Sarah a su casa. Al ser una enfermedad contagiosa, no debía acercarse a ella que estaba haciendo reposo.
—Y entonces, ¿Qué tiene que ver todo esto con la vacuna? —preguntó Martina, perdiendo un poco la paciencia.
—Espera, espera, llegaré allí pronto. El padre de James trabajaba como jardinero en casa de un respetado médico y científico que atendía a los enfermos del pueblo, el señor Edward Jenner. Edward, como todo hombre de ciencia, era tan curioso como observador. Notó que las lecheras como Sarah, que enfermaban de la viruela que le contagiaban las vacas, no enfermaban luego de la viruela que mataba a las personas. El doctor Jenner pensó que no podía ser una casualidad y tras estudiar mucho lo que habían descubierto otros científicos antes que él, llegó a la conclusión de que la viruela de las vacas protegía a las personas de la viruela mortal. «¿Y si hago que las personas se enfermen primero, sin necesidad de una vaca que las contagie, para luego comprobar que la viruela mortal no les hará daño?», pensó el doctor, que era un hombre muy inteligente y práctico. Entonces ideó un sencillo experimento para comprobar su hipótesis.
» El doctor Jenner le pidió a James que lo ayudara. Necesitaba que fuera valiente y aceptara ser el primer niño en ser vacunado por él. Edward Jenner raspó entonces el pus de las ampollas de las manos de Sarah, y lo usó para inocular a Jame; es decir, para enfermarlo de la viruela vacuna del mismo modo que Blossom, una vaca lechera, había contagiado a Sarah. ¡Y así fue como nació la vacunación!
—Ahhh, creo entenderlo, vaca… ¡vacuna!
—¡Eso es, Martina!, ¡por eso se le llamó así! Al inicio las personas en el pueblo pensaban que el doctor Jenner estaba algo loco y que al vacunarse le crecerían partes de una vaca: que nacerían cuernos de sus cabezas, tendrían un gran hocico, una cola o su cuerpo se cubriría de pelo como el del animal; pero pronto el científico les demostró que simplemente, tras enfermarse levemente, James había adquirido inmunidad.
—¿Qué significa crear inmunidad?
—Que el cuerpo de James había creado anticuerpos, es decir que sabría reconocer y atacar a la viruela mortal si se encontraba con ella, lo que significaba que desde entonces sería inmune a dicha enfermedad: ¡El doctor, con la vacuna, había salvado su vida! Y salvaría del mismo modo muchas más ya que desde ese momento las personas de todo el mundo, aún en las grandes ciudades, lejos de las vacas, pudieron tener inmunidad al vacunarse contra la viruela.
» Con el paso del tiempo casi todos olvidaron que fue gracias a la valentía de James que las vacunas existen, y no sólo contra la viruela —que gracias a la vacuna desapareció para siempre desde hace mucho tiempo— sino también las que nos protegen contra muchas, muchísimas enfermedades más. Ahora que lo sabes, Martina, espero que no olvides a James como lo hicieron los demás.
Tras un breve silencio, Martina se puso de pie, tomó la cartera de su madre y se la alcanzó.
—Está bien, vamos.
—¿Serás valiente como James? —le preguntó su madre a Martina.
—Lo intentaré, pero Fabiola vendrá conmigo para que le den su vacuna también.
La madre de Martina rio y aceptó que Fabiola las acompañara, aunque sabía que lo haría de todas maneras.
𝑫𝒖𝒎𝒃𝒐 🐘 Estas ilustraciones son muy importantes para mi, las realice para una entrega de la universidad, adapte, maquete e ilustre el cuento infantil Dumbo, y fue la primera vez que me di cuenta que podía realmente hacer cosas maravillosas respecto a la ilustración y la idea de ilustrar cuentos infantiles refulgio muy fuerte en mi cabecita. Espero poder hacerlo realidad algún día ♡✧
Vera, princess of the sea 🚢
I’m challenging myself to create a children’s book. The story is about a princess who secretly befriends some pirates and goes on adventures with them.
Pero su música ya solo atraía a las ratas.
_Seraím
Los siete cuervos
Un cuento de los hermanos Grimm
Había una vez, hace ya mucho tiempo, un matrimonio que tenía siete hijos y ninguna hija. Esto era siempre motivo de pena para aquellas buenas gentes, porque les hubiera encantado tener una niña. Y con tanto fervor anhelaban su llegada, que por fin un día tuvieron la inmensa alegría de acunar una hijita entre sus brazos. La felicidad del buen matrimonio fue entonces completa, porque además dos siete hemanitos adoraban a la pequeña.
Pero, desdichadamente, la niña no parecía tener muy buena salud. Y a medida que pasaba el tiempo, desmejoraba cada vez más. Hasta que un día se puso tan mal…..