Revisé la cajetilla de cigarros, hice cuentas para cubrir la semana con aquellos últimos 5 que estaban ahí, me senté unos 2 o 3 minutos en la orilla de la cama para escuchar la lluvia caer y pensar en “que estaría pasando en algún otro lugar”.
Vestí mi pijama, lavé mis dientes, siempre trato de pensar como se ven mis dientes por la parte posterior, imagino que puedo ver todo desde mi nuca. Terminé y caminé hasta mi recamara, tengo la costumbre de no encender la luz para andar en casa después de las 10 u 11 pm, así que todo estaba oscuro.
La noche era perfecta, el frío, la lluvia, me recosté sin pensar en nada, tratando de hacer formas con las grietas del techo. Supongo yo que me quedé dormido ya que de un momento a otro abrí los ojos porque mi teléfono estaba sonando, por cuestiones de trabajo y horarios, no me sorprendí, de hecho, pensé que era una llamada de trabajo de algún despistado al que no le habían comentado que en México no es la misma hora que al otro lado del mundo. Tomé con torpeza el teléfono, ni siquiera revisé el número, sólo contesté, supongo que la mayoría hubiera hecho algo parecido.
-Sí?, hola?, hola?, bueno!- comenté, pero no había respuesta del otro lado, recuerdo que no había nada de sonido del otro lado, en un momento comenzó un sonido muy parecido al de la estática en televisión, pero era muy bajo, para ser francos, no molestaba. Segundos después escuchaba a una persona, una mujer, hablaba, pero la señal era bastante mala, su voz se cortaba, no podía entender ni una palabra de lo que decía, comencé a creer que si era de otro país donde me marcaban, en segundos más todo regresó al silencio, 3 o 4 segundos muy incomodos para después cortarse la llamada.
Hasta ese momento no me había sobresaltado, si me había extrañado un poco, soy sincero, pero cuantas fallas de ese tipo no presentan las compañías telefónicas al día. Miré el número, no reconocí la lada mucho menos el número, acomodé el teléfono en mi pequeño mueblecito junto a la cama, le di la espalda, entonces me volví a inquietar, quién habría llamado?, y si era u familiar?, antes de que pidiera darme la vuelta, volvió a sonar el teléfono y está vez con miedo en verdad, respondí, no dije nada sólo puse atención a ese sonido gotas de agua golpeando contra agua, ese sonido tan curioso y característico de las goteras en cuevas, el miedo llegó a mí, un dolor agudo recayó en mi nuca, las manos me temblaban, el sonido parecía acercarse más y más al auricular del teléfono, cuando por fin aquel sonido llegó lo más cerca que pudo al auricular se quedó en silencio, era inevitable y difícil no identificar el sonido que ahora podía escuchar, el de una mujer sollozando muy breve.
Mis manos comenzaban a sentir una parálisis, en verdad no podía ni despegar el teléfono de mi oreja, el dolor en mi nuca aumentaba, la mujer seguía sollozando y como si una segunda voz se incorporara reduciendo el sonido del sollozo, tenía mucho frío, comenzaba a sudar, mis manos y brazos estaban congelados, no tenían movimiento, el sollozo se detuvo y una voz de niña exclamó -tengo frío, me duele mucho, ya vas a venir?-.
Cerré los ojos bastante fuerte con deseos de que todo acabara, de hecho, así fue, la llamada se cortó, tardé algunos minutos en recobrar la movilidad, de inmediato aún con sudor en mi frente apagué el teléfono y lo dejé junto a mí, sentí tanto miedo que decidí encender la luz y me recosté, quiero volver a suponer que me quedé dormido ya que abrí los ojos, miré buscando mi teléfono y ahí estaba, lo primero que hice fue verificar si permanecía apagado, con toda la incertidumbre del mundo lo tomé, pero para mí maldita ansiedad me di cuenta que estaba sin batería. No pude despejar el miedo ahora se había convertido en dubitación y titubeo.
Comencé mi rutina, sin olvidar conectar a la corriente mi teléfono, salí de la regadera, me vestí y desconecté el aparato, la curiosidad regresaba una vez más a ser miedo. Encendió, la primera acción que realicé fue buscar el registro de llamadas, noté que en verdad había recibido 2 llamadas, 3:35am la primera y 3:37am la segunda, del mismo número las 2. Miré por la ventana algunos minutos para convencerme de lo que iba a realizar, me decidí a marcar al número del cual habían salido esas llamadas, marqué y con toda precaución coloqué la función de alta voz, esperé a que el teléfono diera tono, pero no pasó, el intento de llamada se canceló. Lo intenté por segunda vez y está vez tuvo éxito, pero a medias, “el teléfono que usted marcó no existe, verifique su marcación” dijo la máquina que funciona como operadora.
En ese momento sentí un escalofrío por todo el cuerpo, las manos comenzaron a temblar al punto de no poder sostener mi teléfono en la mano, cayó al suelo y yo estaba sudando frío de nueva cuenta. Aún me estoy tratando de convencer de que fue un sueño. Sólo un sueño, porque en verdad ahora tenía frío y me dolía mucho.