“Y he aquí, todas las cosas tienen su semejanza, y se han creado y hecho todas las cosas para que den testimonio de mí; tanto las que son temporales, como las que son espirituales; cosas que hay arriba en los cielos, cosas que están sobre la tierra, cosas que están en la tierra y cosas que están debajo de la tierra, tanto arriba como abajo; todas las cosas testifican de mí.” (Moisés 6:63).
He visto a lo largo de mi vida lo real que puede llegar a ser esta escritura, literalmente, TODAS las cosas tienen su semejanza con lo celestial, con una esfera superior y TODAS testifican de Jesucristo y su Evangelio pero dentro de esas semejanzas, la “Paternidad y la crianza de los hijos” tiene muchas similitudes con lo celestial, al fin y al cabo, todo lo que vemos y vivimos aquí en la tierra esta basado en esa vida elevada y celestial y el otro día vino a mi mente la siguiente escena trayendo luz a mi mente:
Las perspectivas en una relación padre e hijo son completamente diferentes pero se puede aprender muchísimo de las dos; Que preciosa es la perspectiva de un padre que, viendo los deseos y anhelos de su hijo, decide privarle de ellos por un tiempo porque el sabe que los recibira, pero de su mano y a su debido tiempo y que difícil puede llegar a la ser la perspectiva de ese hijo que ve cómo su padre lo aleja de lo que más desea y sin entender la situación debe limitarse a esperar pacientemente desconociendo por completo el futuro y lo que el padre esta preparando. Pero qué precioso es ese momento en el que las dos perspectivas se unen y se produce esa misma sensación de gozo y felicidad en las dos partes: Ese padre feliz de ver como ya ha llegado el tiempo en el que puede bendecir y sorprender a su hijo regalándole y cumpliendo sus deseos y anhelos y poder admirar su reacción, esa sorpresa y felicidad indescriptible de recibir, después de haber esperado pacientemente, lo que tanto había deseado y una gratitud inmensa por poder entender la mente del padre, por poder entender que él no le había quitado lo que más quería, sino que lo había hecho porque estaba preparando algo más especial para el.
Es doloroso ser hijos y no entender o comprender muchas cosas que debemos pasar, es difícil tener que esperar sin saber cómo ni cuándo recibiremos nuestro anhelos, es fácil quejarnos, lamentarnos, ser impertinentes: “pedimos como niños exigiendo tener todo y cuando la respuesta es NO, respondemos con enfado, egoísmo, pataleamos como niños, ¿Por no haber recibido lo que hemos pedido hoy mismo?” (Time Dimension, Daniel Seguí) pero si en medio de esa angustia y de esa impotencia de la incertidumbre decidimos pararnos a mirar con otros ojos, a intentar ver con los ojos de ese padre amoroso que esta preparando cosas grandes para nosotros, nuestra visión cambia, nuestra perspectiva pasa a ser la de un hijo con otra actitud, un hijo obediente y valiente, que confía a ciegas en su padre porque sabe que sea lo que sea que esté preparando será bueno para él: “Pues si vosotros (...) sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre Celestial dará (...) a los que se lo pidan?..” (Lucas 11:13).
¡TODO ES CUESTIÓN DE PERSPECTIVAS, NO LO OLVIDEMOS!