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Gastémonos, como se gasta lo que no perece, con abrazos que contengan nuestras almas enamoradas una y otra vez, como las olas del mar que van y vienen, que parece que terminan en la orilla, pero nunca se detienen. Gastémonos como lo que no deja de ser, que no cambia, que no muere, que se engrandece mientras más nos alimentamos de él, crece y crece mientras más ingerimos de lo que nos da, como aquello que se expande mientras más bebimos de su fuente. Gastémonos, como lo que no se agota , como todo aquello que no se consume, como todo aquello que al gastarse se propaga, se amplia, se extiende, vuelve a renacer, se regenera, pasa el tiempo y no envejece. Gastémonos, como todo aquello que se extingue después de arder, de estar en llamas, de ser incendio, y espontáneamente se vuelve a encender, no puede apagarse, no se puede mitigar, nada lo puede sofocar. Colmémonos de nosotros mismos, saturémonos con caricias, vaciémonos a besos, volvamos a llenarnos con lo mismo, para gastarnos nuevamente. Gastémonos los labios en besarnos, las manos en tocarnos, el tiempo en pensarnos, la realidad en soñarnos, los sueños en cumplirnos, las palabras en versarnos, las ganas en nosotros, las noches en sabernos, los días en amarnos, la vida para revivirnos, repitámonos perpetuamente, porque tú y yo, no tenemos fin. ¿Cómo puede vivir un lunático sin su luna?















