Puede que no sea una experta en teología, ni la mejor oradora, ni la mujer extrovertida y desenvuelta que necesitas.
Tampoco una fan apasionada de El Señor de los Anillos, ni alguien con quien puedas compartir todos tus gustos —como el campo de la costa, que sí me agrada, pero no me encanta.
Soy hipersensible, y me incomoda con facilidad la vulnerabilidad que siento en entornos más crudos: arbustos, insectos, tierra… Prefiero paisajes más suaves, más armónicos, menos salvajes.
Sí, tal vez soy demasiado delicada… y compleja para ti.
Pero así soy.
Me atrae todo lo que se alinea con mi mundo interno; tengo una estética muy marcada, inclinada hacia lo armonioso y lo artístico.
Y puede que no sea esa mujer con la que llegues a intercambiar con soltura ideas profundas de historia o filosofía, ni quien te deslumbre con términos brillantes y sabios.
Pero soy lo suficientemente profunda como para pasar madrugadas enteras desnudando el alma.
Tampoco sería el mejor prospecto de “compañera ideal”, esa ayuda casi perfecta que suma sin caos y te impulsa siempre hacia adelante.
Sin embargo, en mí podrías encontrar lealtad, amor genuino, entrega completa, sensibilidad y empatía.
Tu cómplice de aventuras y sueños.
Sería calidez cuando el mundo te enfríe, refugio cuando necesites descansar y un lugar donde puedas bajar tus defensas, calmar tu fuego interno y aliviar el peso en tu pecho cuando ya no puedas más.
No tengo el mejor cuerpo ni la estatura ideal. No soy una chica de portada de revista, pero estos brazos delgados siempre estarían dispuestos a ser tu abrigo cuando lo necesites.
No te prometería disciplina perfecta, estabilidad constante ni paz absoluta… porque cargo con muchas cosas. Aun así, podrías compartir la vida con alguien imperfecta, caótica a veces, pero con un corazón lleno de amor.
Soy taciturna, extraña, terca, fantasiosa, impulsiva, miedosa, a veces pesimista… inestable.
Algunos días soy un amanecer prometedor y luminoso; otros, apenas un cielo gris.
Podríamos incluso chocar en muchas cosas, tendríamos desacuerdos y, en más de una ocasión, querríamos imponernos el uno al otro.
Porque amar no siempre es armonía… a veces también es aprender a ceder, a escuchar y a reconstruir.
Tal vez no soy lo que buscas.
Tal vez, con el tiempo, llegarías a cansarte de mí, a pensar que es imposible convivir con alguien como yo, que nuestras diferencias pesan demasiado.
Pero si aun así decidieras quedarte, si aprendieras a amarme con todo y mi fragilidad, si eligieras construir en lugar de huir, si tuvieras la madurez para sostener lo que es real y no solo lo que es fácil…
Entonces llegarías a conocer algo parecido al primer Edén.
Porque bastaría con entender cuánto te amaría para quedarte, cuidar, sostener… y luchar, cada día, por ese hogar.












