Si no entendiste las indirectas evidentemente directas, entonces te fascina suplicar por migajas inexistentes.
Ten la decencia de no humillarte de esa manera, porque eso jamás se podría llamar perseverancia, paciencia o valor.
Si tú mismo admitiste y reconociste que no hubo alguna sola existencia de interés genuino, entonces sabes que no hay más posibilidades.
Dale un digno final a tu ilusión por mi.














