«Puede alegarse que el sujeto solo, situado ante un objeto que conoce y reconoce, no dispone de medios suficientes para garantizar apodícticamente su realidad; pues, en definitiva, solo puede recurrir al testimonio de su propia conciencia. Pero es un hecho que el sujeto no está solo. Es un hecho que el proceso del conocimiento no concluye en la aprehensión subjetiva del objeto, ni siquiera en ese dialogo interior, en esa dianoia que origina la confrontación de dos aprehensiones del mismo objeto: el llamado objeto no es todavía entonces propiamente un objeto. Nicolai Hartmann habla reparado ya en esa confrontación de las dos aprehensiones. Lo que no había advertido es que, para decirlo también con palabras de Platón, todo pensamiento es dialogo, toda dianoia requiere el logos: διάνοια μéν καí λόγος ταûτόν. El objeto no se constituye como real, no adquiere para mí su auténtica objetividad, con una certidumbre que no depende de mí solo, sino con la palabra.»
Eduardo Nicol: Metafísica de la expresión. Fondo de Cultura Económica, pág. 112. México, 1974.
TGO
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