Devocional: 5 enseñanzas que Jesús nos dejó luego de resucitar al tercer día.
Por medio de las Escrituras Dios me ha llevado hasta el capítulo final del libro de Marcos, donde se cuenta la resurrección de Jesús al tercer día de ser crucificado. Comparando los versículos con los otros Evangelios (Mateo, Lucas y Juan) es interesante entender y resaltar varios puntos que Dios nos dejó escrito en forma de recordatorio y consejo acerca de nuestra estadía aquí en la tierra; donde Él no está presente físicamente sino a través del Espíritu Santo. A continuación detallaremos los puntos claves y lo que Dios nos enseña a través del relato de su resurrección.
Jesús salió al encuentro frente a María Magdalena y a las otras mujeres (Mt. 28: 8-9, Mr. 16:9-11, Juan 20:11-18):
Esta aparición es una muestra de que Dios siempre está llamando a la puerta de nuestros corazones. Él viene a nuestra vida de diversas formas y su manifestación a estas mujeres es una de ellas. Jesús conocía que María Magdalena y las otras se habían preparado con perfumes para ungir su cuerpo, sabía que estaban tristes por su muerte y que aún su amor por Él seguía intacto. Su fidelidad aún después de presenciar la crucifixión es quizás el motivo por el que el Señor se les apareció primeramente a estas damas.
Esto nos recuerda que Dios ama a los que le son fieles y le creen. Debemos recordar y tener bien presente que Cristo derramó su sangre por mí y por ti en la cruz, que resucitó al tercer día y que nos acompaña desde antes que naciéramos. Debemos ser fieles si queremos que la gracia del Señor llegue a nuestra vida puesto que, a diferencia de estas mujeres Jesús no vendrá físicamente hacia nosotros pero a través del Espíritu Santo puede estar junto a nosotros y enseñarnos y bendecirnos.
2. Jesús aparece a dos de sus discípulos y les declaró todas las profecías que estaban en las Escrituras acerca de su resurrección (Lucas 24: 13-35, Marcos 16:12-13)
Estos discípulos estaban tristes por las cosas que habían pasado y caminaban comentando la muerte de Jesús cuando el Señor decide aparecer en su camino, manteniéndole los ojos “cerrados” para que no se diesen cuenta que se trataba de Él. La parte interesante es que Dios se nos acerca cuando estamos tristes y quebrantados, quizás compartiendo con otros o de camino al trabajo, escuela, incluso nuestra propia casa. Él elige el lugar y el momento para venir a nuestra vida y darnos una palabra de aliento. ¿Y dónde estaba la palabra para los discípulos?, estaba en las Escrituras; allí estaba todo lo que ellos necesitaban para entender que Jesús resucitaría al tercer día. La enseñanza es: no importa lo que estés pasando, capaz te sientes inseguro o tienes muchas dudas respecto algo. La Palabra de Dios es el mejor consejo y bálsamo que el hombre puede recibir. Jesús les nombró desde Moisés hasta todos los profetas a los dos discípulos. Dejemos ahora que el Espíritu Santo nos guié hasta lo que Él quiere mostrarnos y aconsejarnos.
3. Nos dejó el Espíritu Santo (Juan 20: 22-23):
Fue el mismo Jesús que sopló para entregarles el Espíritu Santo a los discípulos, por lo que esto nos enseña que no hay ningún intermediario entre ambos ya que son el mismo y único Dios. Ellos lo recibieron personalmente de Jesús y nosotros lo recibimos al tener una conducta agradable ante los ojos de Dios. El Espíritu Santo está aquí en la tierra para acompañarnos, guiarnos y hacer justicia como lo haría Jesús físicamente si estuviese aquí. El Señor también nos aconseja luego de dejar al Espíritu Santo aquí, diciendo:
“A quienes les perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados.” Juan 20:23
¿Y qué significa esto? Que debemos perdonar si queremos recibir perdón. Un corazón lleno de rencor no es agradable delante del Señor y por ende no podemos recibir su Santo Espíritu si seguimos viendo con odio al prójimo, recordando constantemente lo que nos hizo y despreciandolo. Jesús dejó al Espíritu Santo y también dejó un mandato: Perdonad.
4.“Bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Juan 20: 24- 29):
Ya todos conocemos la historia de Tomás, el discípulo que tuvo que pasar la mano por el costado de Jesús para poder creer que realmente era Él. Nosotros somos los bienaventurados tal como dice Jesús en el versículo 29 puesto que a diferencia de todos ellos no estuvimos allí para ver las obras de Jesús, tampoco fuimos partícipes de su crucifixión y aún así creemos que Él murió por nosotros y que cada gota de su sangre fue para eliminar nuestros pecados. Es difícil puesto que el ser humano siempre se ha guiado por la vista, por lo que puede comprobar con sus propios ojos pero nosotros que hemos decidido creer en Jesús y en su obra debemos hacer a un lado esa ideología y eliminar toda confusión y cuestionamiento de nuestro ser. Jesús murió hace más de dos mil años y aunque yo no lo vi, sé que lo hizo y que mi vida depende de Él.
5. La gran tarea que nos ha dejado: Apacentar a sus ovejas. (Juan 21: 1- 19)
Cuando Jesús aparece nuevamente delante de algunos de sus discípulos Pedro, Juan y otros se hallaban pescando. Luego de que lanzaron la red hacia otro lado por recomendación de Jesús consiguieron muchísimos peces y desayunaron juntamente con Él, reconociéndole en silencio mientras pensaban. Jesús le pregunta a Pedro tres veces si realmente lo amaba y cuando éste le decía que si, su orden era que apacentara sus ovejas. ¿Qué quiere decir esto?
Apacentar ovejas es cuidar de todos los creyentes. Las ovejas representan el pueblo de Dios y Pedro tenía el mandato de cuidar a cada uno de los que creían en Jesucristo. Así mismo también aplica para nosotros. Debemos cuidar de lo que Dios nos otorga, especialmente si son personas que están a nuestro alrededor y que conocen de la bienaventuranza. Debemos ser buenos pastores, buenos amigos, ofrecer nuestros hombros para consolar y la sabiduría que Dios nos otorga para enseñar y aconsejar a los demás. Sabemos que no todos estamos hechos para subir a un púlpito a predicar o dirigir una iglesia pero, con los dones y talentos que Dios nos otorga podemos apacentar esas ovejas; podemos servirle a Dios mientras le ministramos a otros. Conocemos de la Palabra porque alguien nos ministró primero, alguien nos enseñó, alguien nos apacentó. Recordemos la gran comisión que nos deja Jesús en Mateo 28: 16-20:
[16] Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.
[17] Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.
[18] Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
[19] Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
[20] enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Que promesa y que recordatorio nos ha dado Dios el día de hoy. Su fidelidad es incomparable y nos asegura su compañía hasta el fin del mundo. La actitud que debemos tener es de agradecimiento, por todo lo que hizo por nosotros, por seguir estando a nuestro lado y porque volverá en Gloria y Majestad. Seamos buenos apacentadores de ovejas, creamos en su Palabra y busquemosle con un corazón limpio y dispuesto. Él estará siempre con nosotros. Amén.