Round my hometown, the people I’ve met
Participantes: Gaspard, Frank Gottschalk & Ruth Gottschalk Tipo: Self-para Marco de tiempo: Enero de 2005 Notas generales: Solo es puro dolor, mucho dolor, lo había escrito pero no había tenido tiempo de ponerlo, es el selfpara de marzo hahaha en el que debíamos poner acerca de una pérdida de nuestros personajes.
Una, dos, tres flechas fueron lanzadas, el zumbido de la flecha llenó la habitación, ese lugar nuevo en San Francisco, donde una ballesta fue lanzada con fuerza e hizo un ruido sordo al golpear el piso, quien lo había lanzado era un joven, uno que había dejado de ser niño, sus facciones eran las de un adolescente de escasos quince años.
Se dejó caer en el piso y abrazó sus piernas mientras escondía su rostro entre ellas, no iba a llorar, no quería llorar, jamás lo haría…
El recuerdo del día que le dijeron que debía dejar Alemania y no solo eso, que debía abandonar también el que había sido su hogar y su cuna; Paris, fue un golpe, uno desequilibrador para el joven francés, golpeó la puerta con fuerza al escuchar las palabras de su padre “Es un honor, Gaspard”, nunca había dejado hablando solos a sus padres, pero en ese momento lo había hecho, porque él no se iría a San Francisco.
Esa noche, la noche de la fatídica noticia, no durmió, no fue capaz de conciliar el sueño, mientras el cuerpo de un joven que era solo un año mayor que él, descansaba a su lado, no había sido capaz de decírselo, porque no se iría, podría quedarse en Munich a su lado, quería aferrarse a esa idea, su mejor amigo dormía plácidamente mientras Gaspard daba vueltas en la cama, pensando en como convencer a sus padres de que su lugar era ahí y no en San Francisco.
“Voy a irme, Frank” declaró Gaspard bajando la ballesta y miró a los ojos a su mejor amigo “Claro que vas a irte” respondió Frank mientras seguía sosteniendo su arma favorita; el tridente, Frank ajeno y ciego para no ver la expresión de un Gaspard derrotado que había peleado y luchado en contra de sus padres y habían alegado que debía irse, que solo era un niño y no podía quedarse con los Gottschalk, su lugar era junto a los Terrise porque un día ocuparía el lugar de su madre.
“Tienes que volver a Francia y en unos meses iré yo” declaró con una sonrisa el alemán mientras blandía el tridente entre sus manos.
“No, Frank, no iré a Paris” el francés bajó la mirada incapaz de seguir viendo aquella imagen que era arrebatadora para él “Vamos a mudarnos a America” su voz sonaba pesada mientras sus ojos verdes se encontraban con los de Gottschalk “¿Qué acabas de decir?” preguntó el mayor, dejando su labor y bajando ligeramente el tridente “Nos vamos a América” respondió sin ser capaz siquiera de decir a donde exactamente irían, no era capaz de decir nada más.
“¿Desde cuando lo sabes?” preguntó Gottschalk “Desde hace dos días” Gaspard nunca había ocultado nada a Frank, pero no había sido capaz de decirle aquello, no cuando había tenido la esperanza de no mudarse, de no irse del viejo continente de no irse de su lado, del lado de Frank “Podrías quedarte aquí, podrías vivir aquí, no irte, no creo que a mis padres les importe, puedes, DEBES quedarte, necesito que te quedes, te exijo que te quedes, TE LO EXIJO TERRISE” gritó Frank tomando a Gaspard por las solapas de su chaqueta y comenzó a desvariar mientras caminaba en círculos “Debo hablar con mis padres” dijo casi para él mismo “Frank” lo llamó el menor “He hablado con ellos, se los he dicho que no quiero irme, que puedo quedarme aquí y me han ignorado” aquella había sido la discusión más grande que los Terrise y su único hijo habían tenido.
“¡¿Y aceptaste irte?!” exclamó Frank con la incredulidad en su voz, con el dolor en esta “¿Tan rápido te rendiste?” su voz sonaba con fuerza, sus ojos taladraban a Gaspard, estaba completamente fuera de sus casillas y el tridente voló por los aires, rozando al menor, sin dar en el objetivo del alemán, Gaspard se acercó a él y Frank le dio un puñetazo en el rostro, puñetazo que Terrise respondió, en un intento de calmar aquello, no era la primera vez que los dos terminaban golpeándose entre sí pero aquello era diferente… Frank no terminó atrayéndolo hacía él y robándole un beso, solo lo miró con la sangre corriendo por su rostro.
“Lo intenté; hablé con mis padres, hice todo lo que pude, lo intenté” Terrise se limpió la sangre del rostro sin dejar de ver a su mejor amigo “No lo intentaste lo suficiente” fue la respuesta dada por el mayor que había dado pasos para alejarse de su mejor amigo “Podríamos vernos los veranos, podríamos seguir viéndonos” dijo Gaspard casi en desesperación “No” respondió Frank desviando su mirada del otro y dejando que sus pies lo guiaran al exterior, el no era de medias tintas o lo tenía o no lo haría y si el otro se iba a ir, prefería que lo hiciera en ese momento y no tenerlo ahí, sabiendo que tarde o temprano se iría.
Gaspard entró a la habitación y estaba sin las cosas de Frank, se dejó caer en la cama derrotado. No entrenaron juntos el resto de la semana Cuando llegó el momento de irse, Frank no lo despidió, Gaspard nunca sabría que Frank lo vio marcharse por la ventana de su habitación y rompió el espejo de su cuarto. Gaspard se llevó todos los recuerdos de Frank, Frank quemó los de Gaspard. Gaspard le avisó que había llegado a San Francisco, Frank jamás respondió y así fue como inició el silencio entre los dos.
Gaspard continuaba sentado sobre el duro piso de su lugar de entrenamiento, debía dejar de hacerse aquello, debía dejar de pensar en Frank, pero no podía, no cuando sus dedos picaban con ansiedad y desesperación al querer llamarlo, no cuando lo extrañaba como jamás pensó que extrañaría a nadie, sus padres le decían que estaría bien, Gaspard lo sabía, sabía que en un punto estaría bien y Frank sería borroso para él y eso era lo más aterrador para él, no quería olvidarlo… Dejó que sus pies lo guiaran lejos del lugar, aun las flechas se encontraban donde las había disparado, la ballesta en el mismo sitio donde la había lanzado, el francés se alejó de aquello con la rabia inundándolo por el silencio que había entre los dos, solo habían sido dos semanas, dos semanas y aquello dolía, escocía y lo torturaba como nada lo había hecho… y solo era el comienzo.
“Gracias, Ruth, sé que debe de estar ahí pero está bien, ¿Cómo has estado tú?” no fue la primera vez que Gaspard había buscado contactar a Frank, no era la primera vez que se negaba y tampoco era la primera vez que Ruth tomaba la llamada, le parecía irónico el hecho de que Frank, siempre había hecho todo lo posible por mantenerlo separado de Ruth y finalmente sus acciones lo habían unido, aunque solo fuera en llamadas telefónicas de conversaciones ligeras y simples que terminaban dejando al menor con una molestia que no lo dejaba dormir por las noches por aquel desgraciado que se había negado a levantar un jodido teléfono.
“Feliz cumpleaños” escribió el francés en un correo que sabía que sería completamente ignorado, el destinatario cumplía diecisiete y aquella no era una simple felicitación, era una despedida, porque no podía seguir haciéndose aquello, había pasado más de un año, más de un año en el que Gaspard había mantenido el recuerdo vivo de Frank pero era momento de despedirse, de hacer como que jamás el alemán hubiera existido, eso era lo mejor para él.
“Dicen que los Gottschalk son duros en los entrenamientos con sus hijos” comentó uno de los cazadores que se estaba entrenando al mismo tiempo que Gaspard “No tengo la más remota idea” respondió Terrise mientras dejaba que una flecha fuera disparada “El menor de los Gottschalk dicen que es diestro con el tridente, “¿Has escuchado de él?” preguntó otro de los cazadores, uno que algún día estaría bajo el mandato de un Gaspard de diecisiete “No, nunca he escuchado de él” dijo preparando la ballesta para un nuevo disparo, uno al mismo lugar al que había disparado cuando había maldecido dos años atrás no saber nada de Frank, pero ahora ese nombre no era jamás pronunciado, era como si jamás se hubieran conocido…











