Déjame, mi niño, envolverte en la calidez de mis brazos y la ternura de mi corazón que quiere besarte la frente con la dulzura suave de mis labios. Déjame mecerte en las aguas calmas de mi ser y dejar tibios pétalos aromados para cubrirte con ellos la piel y hacer un camino de besos en todo tu cuerpo. Déjame pintarte estrellas en tus sueños y llenar de caricias etéreas el cielo en el que duermas. Déjame intentar de nuevo escuchar las voces lastimeras de tu alma y procurarle bendiciones por aquellas veces que no he visto que lloraba. Déjame darte latidos llenos de vida y dejarlos en tu boca al roce de la mía en cada respiro que mi aire te toca. Déjame, cariño, cantarte, arrullarte y colgar guirnaldas que abracen con fuerza tu alma cuando cierres tus ojos y esboces sonrisas al soñar calmo. Déjame quedarme junto a ti, a tu lado... me quedaré contemplándote en silencio la hermosura que es emocionarme por amarte tanto.
Maru




















