Me cuesta esfuerzo admitir que aún la recuerdo a escondidas de mí. Me molesto conmigo al darme cuenta que lo he vuelto a hacer, entonces agito mi cabeza para disolver su recuerdo formado de arena. Alguien vuelve a esculpir la arena de su imagen una y otra vez, no sé quién sea, y temo al sospechar que pueda ser yo. Vigilo que no allane mi cabeza, aunque en ocasiones el sueño me vence y al despertar ya está otra vez en mi memoria, desde ahí me mira fijamente, como esas tétricas estatuas de iglesia con lágrimas de sangre en los ojos.
Abro los parpados con la pesadez de cualquiera que no se reconoce en el espejo. Me desplomo por dentro mientras me alimento con humo de cigarro. Debe ser peor no tener siquiera humo: Lo supongo.
Lo verdaderamente despreciable en mí, es que continúo buscándola. En ocasiones de reojo veo algo o alguien pasar, la arena de mi cabeza me hace pensar que pudo ser Ella, volteo asustado para descubrir sólo una sombra.
La busco también en mi camino, en las ventanas, en los libros, en mis ojos, en los silencios y las estridencias, en las iglesias y los puteros, en todas partes. Al terminar el día siempre la encuentro, aparece un remedo de su recuerdo que me inunda de espanto en medio de mis pesadillas, entonces me levanto perturbado, enfermo, como si enterraran una navaja en mi vientre mientras duermo. Es insoportable, sucede todas las noches. Estoy cerca de perder mi cordura. No puedo continuar así. No tengo el valor de acabar con esto.
Una noche la vi del otro lado de la calle, no pude contenerme y corrí tras Ella. Juro que su cabello era idéntico, la alcancé, la miré, me miró, se escurrieron mis ilusiones en esas pupilas desconocidas. Después la miré otra vez, pero con rabia (por no ser quién deseaba que fuera). Me señaló luego de acercarse a un policía. Preferí escabullirme entre la gente.
Rememoro las conversaciones que tuvimos, pero no acaban ahí, sino que continuamos el diálogo, como si Ella se metiera en mi cabeza para responderle a mis recuerdos, argumenta desde su ausencia, luego yo le respondo, ni su silencio evita que me hable. También Intento escuchar su voz, me imagino cortando las costuras de sus labios para buscar su grito, es en vano.
En verdad que la extraño, mas lo que miro ya no es Ella, ahora sólo habita un ser malformado por el tiempo, por la obsesión y la soledad, por las culpas y las disculpas que nunca llegarán. Es algo terrible, como un recuerdo creando a otro recuerdo y ése a otro, y así hasta que un día terminas por añorar algo que nunca existió. He intentado destruir a ese ente pero está construido por mis recuerdos y también por los del otro sujeto que se esconde en el espejo.
He pedido ayuda y salvación a muchas personas y lugares: poetas, cantinas, mujeres, hoteles, borrachos, psicólogos, clínicas. Todo ha sido inútil. Ya sólo confío en unos cuantos. Entre ellos están los párrocos. Siento fe hacia ellos, todos han coincidido al decirme “Si sigues recordándola no la vas a dejar descansar en paz”.
Esta locura empezó en una poca concurrida biblioteca conventual. La estuve esperando cerca de los libros de su autor preferido. No era la primera vez que buscaba su encuentro. Fue un ritual el acudir todos los sábados, desde que abrían hasta que cerraban. Ella solía visitar aquel antiguo y remoto lugar. Lo sabía con certeza: alguna vez aparecería arrastrando su condena de belleza e ingenuidad. Horas, días y meses dediqué a la espera de esa posibilidad. Era cuestión de esperar (fui experto en ello, siempre había vivido esperando). Ansiaba poder verla, por lo menos a lo lejos, penetrarla, tan sólo con la mirada, una vez más. Eso me bastaba, eso creía.
Aquel día las miradas de dos visitantes que iban de salida me atravesaron, vieron confundidos mi avidez desmesurada, pude imaginar mi rostro deformado por el trastorno placentero de concretar mi hazaña.
Decidí no causar más sospechas y me refugié entre los empolvados libreros, a pesar de no haber más personas en el lugar (me refiero a personas vivas). Intentaba con torpeza entender las letras de un poeta que no han dejado morir. Aquel libro que sintió escurrir el sudor de mis manos en su piel muerta, se estremecía, quizá porque algo vislumbró.
Apareció Ella. Cayó en la trampa de la casualidad, igual que un célibe en frente de un clítoris: no se pudo resistir. Acariciaba la portada de un libro ¡Lo miraba tanto! Así como se mira la desnudez. Esperé eternos minutos el momento ideal, hasta que se alejó para leer en un apartado rincón. Soporté los deseos de correr. Me deslicé agazapado, lentamente, acechante, fui tan cauteloso, me parecía a las almas que me miraban casi sin existir. Me detuve detrás de Ella, donde el alcance de mis brazos no la pudiera extraviar, todavía pude leer dos versos de aquel libro que nunca cambiará de página “y mis ojos, tributo a la eterna guadaña/ por ti osan mirar de frente el ataúd” Supe que era el momento preciso.
Unas gotas de sangre se derramaron sobre aquellos versos, después todo el poema se tiñó, y al final el libro escurría de su roja vida, ahora estaba escrito con el lenguaje de la sangre. La vida está escrita con sangre. Sustancia profética. Oráculo que habla si logras comprender su lenguaje.
-No importa perder la sangre cuando ella marca esa ruta-, creo me dije a mí mismo al ver su vientre vomitando vino caliente (lo dije en voz alta sin darme cuenta). De todos modos esa sangre debió quemarle las entrañas.
Se aferró del libro cual si fuera la vida, aun así dejé caer otras veces la navaja en Ella, se fueron disecando sus ojos ya perpetuos. Se apagó su dolor. La deuda estaba pagada, sólo entonces saqué la navaja para liberarla, fue cayendo el libro junto con Ella, se fundieron en el lago de lava que Ella fue inventando con su diluida vida, hasta volverse piedra, casi mítica, casi tiernamente.
Me mojé las manos de sangre y me las lamí. Porque era mía. Tú no sabes lo que es eso.
Ahora ando en busca de una navaja que mate a su recuerdo. Y así por fin dejarla descansar en paz.
Ríos de asfalto partían las casas, los ríos eran partidos por camellones, árboles crecidos a capricho, sin cadenas estéticas. Bebedores protegidos por el foco de la tienda. Cuervos y buitres, éstos últimos uniformados, agazapados entre las sombras a la espera de alguien más vulnerable; en borrachos o niñas suelen eyacular su instinto carroñero. Los chacales habitan una oscuridad más densa, profunda, donde las aves de rapiña no se atreven a entrar.
Una cruz de solera y lámina en el final del callejón. La gota de parafina cayó en la mano vieja, las comisuras de sus arrugas fueron los ríos que llevaron el ardor hasta sus entrañas. Vio un hilo de sangre que terminaba en un hoyo rojo, ahora parte de la cabeza de su hijo. Ése también fue el final de Marcos, Fabián y Juan.
Veladoras moribundas alumbran cruces de solera en cada una de las cuadras, como tétricos faroles de la muerte omnipresente, tienen nombres e historias incrustadas entre un fierro oxidado que reta al olvido y siempre pierde, porque con los años y las penas las madres mueren: ya nadie retoca el nombre del finado. Se extingue.
Murmuran advertencias para algunos, para otros sólo silencios, pero normalmente indiferencias.
En la esquina de la capilla unos capullos de cruces florecen apretujados, con sus hojas aún brillosas por la pintura, homenajean el inevitable destino, pero sin dejar de rememorar la masacre de los Galanes, ejecutada por p. 33 órdenes federales.
Aquí solemos comprar nuestra cruz desde crecidos, así podemos escoger a nuestro gusto, además, en mi caso “estoy muy flaco para estar vivo, pero muy gordo para estar muerto” y me confundo pensando si esto es en realidad vivir, porque la verdad no es agradable, muchas cruces, mucho gris, el mundo no es un buen lugar para vivir. Sobre todo los últimos días, todavía dicen “¡la cosa se pondrá peor!”.
Los viejos también dicen: “ya vendrán tiempos mejores” aunque ya ostentan la cruz casi en el pecho. Viven de la ilusión hasta el último día. Y siguen bebiendo esperanzas en forma de tiempo.
Leyendo a Elizondo en el Metro Tan cerca y tan lejos
Escalot
"Pero tú tienes que hacer un esfuerzo y recordar ese momento en el que cabe, por así decirlo, el significado de toda tu vida" Aquella oración fue un haz de luz penetrando la cerradura de la puerta tras la que se esconde. Recordó a sus amigos espiando por el orificio del baño de niñas. Su madre arreglándose al anochecer. Salió furtiva de la casa, vio a su padre preguntando en la mañana donde había ido. Después, su padre en aquel féretro brillante. Miró sus lágrimas caer en ese vidrio que los separaba, quizá se colaron al interior, quizá acariciaron la muerte.
La luz se apaga, la oscuridad absorbe los recuerdos por la misma cerradura donde entraron.
Letras con forma y orden, un par de hojas más; letras flotando en su pecera de papel, letras chocando contra el margen, formando distintas palabras, palabras que forman inexistentes oraciones, oraciones inexistentes formando recuerdos, recuerdos que causan divagaciones… ¿Qué haces aquí Ernesto? Si sólo vienes a ver a Pamela, que te regale una foto y quédate en tu casa. El pizarrón está acá. ¡Mírame cuando hable! Dime la capital de Alemania. No. No sabes. Salte, lárgate de aquí. No te quiero ver en mi salón.
"O tal vez eres un hombre sin significado, un hombre inventado, un hombre que sólo existe como la figuración de otro hombre que no conocemos, el reflejo de un rostro en el espejo, un rostro que en el espejo ha de encontrarse con otro rostro. Eso es todo." Resanar el alma. No, una foto no basta, no da el aroma, ni el bermejo de sus labios, he mirado fotos tan muertas, amarillas por la melancolía. ¿Qué va a saber usted? ¡tiene capitales por sentimientos!
"Quién es ese que en las noche nos invoca para su imaginación como la concreción de nuestro propio deseo insatisfecho?" Es Pamela. No puede ser. Alcánzala, sí es. Apúrate. Hola, ¿me recuerdas?
-No.
La noche, consuelo solitario para ver como se fue alejando, recordar su piel tensa pegada a los senos, la agitación sensual de ese amplio culo en cada paso, su golpeteo lo vibraba brevemente. Con lujuria decían No probarás su cálida humedad sobre tu piel... Cerradura sólo lúbrica para llaves de oro.
La sábana lo acaricia, se restriega contra el colchón como los perros, Pamela. El relieve de la pantaleta en su falda. La caricia del solitario. El inútil intento del brasier por disimular sus pezones erectos. La mano ceñida. El movimiento de sus nalgas. El movimiento esculpido, escupido.
"nos besábamos virtualmente sobre la superficie de azogue..."
"No recuerdo nada. Es preciso que me lo exijas. Me es imposible recordar" ¡Chingaos! olvidé pagar la luz, ojalá no me la corten, pinches rateros, se va a cada rato pero tantito no pagas y te la dejan ir. "Sólo se ha grabado en mi mente una imagen, pero una imagen que no es un recuerdo" ¡Productos de alta calidá saca a la venta cacahuate japonessss. Hijos de puta. Dos por cinco, dos bolsitas de cacahuates cinco pesos! ¡Bonito regalo pa’ la niña pal niño. No me chinguen. Calcomanías de las princesasss... o de los los luchadoresss.
"Soy capaz de imaginarme a mí misma convertida en algo que no soy, pero no en algo que he sido; soy tal vez, el recuerdo remotísimo de mi misma en la memoria de otra que yo he imaginado ser" Por fin, ya lo tengo. Necesito firmar el acta y estará más que atado. Señora Pamela Jiménez, firme el acta si es tan amable. Los declaro: legalmente casados. Pinche Neto, está bien pendejo, cómo se fue a casar con la Pamela. Felicidades primo.
"Con el deseo de ser otra, hacia el fondo del pasillo donde inquieres siempre una misma pregunta haciendo caso omiso de ti misma; un cuerpo abandonado ante el espejo, de frente a un cuadro incomprensible, de espaldas siempre a quien te mira en esa fuga de ti misma que no admite mostrar tu rostro." Los gusanos imágenes se comen los sesos, crecen hasta abarcarlo todo, se ven al cerrar los ojos, al abrirlos, al dormir, seguramente también al morir. Cierra los ojos, la luz se pierde unos segundos en el túnel. ¿Ya se enteraron de la Pamela? ¿Que anda chambeando “panque”? hay que ir a formarle las manitas al bebé ¿no? Mejor, porque tu cara está muy culera cabrón. ¿Ahora, quién es el padre? No chingues, quién va a saber... ni ella sabe.
"¿porqué te has detenido?" Pinche vieja "porque" ya sabía, "se ha" todo "congelado" por "este" pendejo "momento".
"Hay" tarde "miradas" se "que" me "pesan" ha "sobre" hecho, "la" "conciencia" chinga. "Q" m "u" e "e" ll "e" e "s" v "t" a "e" l "m" a "o" c "s" h "m" i "u" n "e" g "r" a "t" d "o" a "s".
"Hay miradas que pesan sobre la conciencia. Es curioso sentir el peso que puede tener una mirada” ¡Mírame cuando te hable! ¿verdad qué vas a cambiar tu vida cuando nos casemos? Ya te dije mil veces que sí, Neto, quiero empezar de nuevo. Verás que saldremos adelante, ya compré mi carro de tamales, ora por la derecha. Ya vas.
"Hay miradas que pesan sobre la conciencia"
"Una imagen borrosa, la nitidez de cuya verdadera significación, comprendida en la soledad y en el silencio, es capaz de hacerte gritar en mitad de la noche." ¡Qué vieja tan buena! ¡No mames! Yo sufriendo por esta pendeja, y ve nomás de lo que te pierdes, pinche Neto. Si esa vieja me pelara, no no no no, otro pedo. Que rico culo, paradito paradito. ¡Cómo se traga el mayón! culo de manzana, de corazón, firme, chingaos. Qué más se puede pedir. Se la meto con todo y huevos. Ganas no me faltan de seguirla para ver dónde se baja.
Líneas disminuidas disimulan su falta de inicio y su final entreverado, nudos de realidades intermitentes forman una sola plasta amorfa de sentido, maraña de todo sobre nada, superposición de realidad y fantasía, muerte y vida, amor y odio. Se mimetizan hasta fundirse, creando un bosquejo de silueta sentada viendo a otra silueta sentada que también mira hacía dentro una vez más.
Los rostros de piedra ceñidos a su cadáver se mecen al ritmo del tren. Unos ojos te encuentran. No. No son los de Pamela. El hombre de enfrente se toca mientras ve a la adolecente del escote. Mira otra vez hacía adentro.
Recordó que no podía perder más tiempo, no podía seguir a nadie, ni a él mismo, si hasta su sombra lo había abandonado cuando abandonó su dignidad, cuando aceptó aquel empleo, cuando aceptó que nada tiene sentido.
Pamela, Pamela, Pamela
Pamela, Pamela, Pamela
Pamela, Pamela, Pamela. El nombre era un hilo raído que las unía...
Pamela enseñando el sentido mientras te mira con cuadros grises en su falda y mochila escolar. Pamela deslizándose en la sombras a la zaga del coche que la invitó a subir. Pamela con lágrimas de rímel y piel de maquillaje. Pamela con falda blanca, el satín traidor develó el abrazo negro de su pantaleta poseída por el roce de sus nalgas. "Sonríe de dolor" Pamela acercando su boca, el vaho lo estremecía antes de que bajara el cierre. La sierpe humedecida enredábase mientras su mano buscaba la cartera. "Fascinación. Fascinación y deseo" Pamela con su cuello de seno invadido por una lengua que se desliza con prisa, con placer desmesurado, como el beso del violador; húmedo, largo y desesperado, corrompida por unas manos que se aferraban con fuerza a sus nalgas y las jalaban contra sí mismas, al ritmo frenético de sus cuerpos involuntarios de gritos líquidos con el brasier deslizándose a su cintura por la vehemente avidez de los movimientos de las sombras que viste en el umbral de tu habitación.
"¿Te hubieras entregado?"
-Ella es igualita a Pamela. Tengo que conocerla. Si se baja en la siguiente estación juro que ahora sí le hablo.
Hoy volvió a pasar. Vi a una de ellas. Caminaba delante de mí, quince o veinte metros nos separaban -¡Esta vez no se escapará! Dio vuelta en la esquina, aceleré el paso, traté de luchar contra esa miopía que vuelve todo más borroso de lo que ya es. Nada. Lo mismo de la semana anterior. La calle estaba vacía.
La semana antepasada fue peor. Vino Ella, la que pocas veces aparece, tan furtiva y nocturna como siempre, pero hoy rutilantemente oscura. Con sus labios húmedos, con su piel pálida y su cabello noctambulo. Traía su lengua de fuego y sus ojos sin tiempo. Difícil negar el deliquio que provoca su imagen. Te dirige una mirada de soslayo y continúa su camino si no eres una posible victima (aunque temo decir que cualquiera es vulnerable). Preferiría que nunca se hubiese aparecido. Ahora es caro el precio a pagar.
La primera vez fue inefable. Por alguna razón cambié la ruta de mi negra caminata, si se le puede llamar así al deambular entre las sombras y edificios viejos, tomé el callejón de la Condesa, justo tras ese edificio neogótico que es custodiado por unas gárgolas marmoleas, sus rostros deformados con colmillos y garras me recuerdan a mí. Se oía nada más la voz del viento, bajé las escaleras que me unían con la penumbra (contigo), y así, ya dentro, protegerme en la ausencia (del albor insulso). En la intimidad del túnel no podía ver mis propias manos. Es caminar en la nada. Es otro tipo de existencia.
A la mitad del camino cayó en mí el golpe de una mirada. Nunca me había pasado algo parecido entre la enlutada neblina, ese día el beso de la noche no pudo protegerme. Aceleré el paso al sentirme acechado. Ya en la salida del túnel estaba Ella, parecía una silueta perdida, pero con alma, su mirada era distinta, era algo que no había visto. Quizá eso provocó mi obsesión.
Siendo sincero; su mirada era algo fantástica (como si tuviera a alguien encerrado en sus pupilas, pero alguien ya muerto), su cuerpo lo era todavía más. Cabello de obsidiana, palidez mortecina, aunada a sus extraños tatuajes, una combinación tan sensual que terminó siéndome fatal. Veíame fijamente mientras caminaba hacia Ella. Me acerqué para tratar de aspirar su hálito, su aroma, mas no percibía ninguna fragancia describible, sólo la aspiraba. Me dijo -…
Después fue todo distinto. Hoy permanezco en un estado de zozobra, Ella se convirtió en el centro. En el fin. Es la oscuridad más densa. Se puede estar dentro de ella y sentirse sosegado. Mientras cumpla con mi parte Ella permanece. Siempre pide más y más, sólo me falta vender mi alma, porque mi sangre y lo demás ya lo vendí. Descarna con sus colmillos todo; empezando por mi cuello y terminando con mi vida. Aunque a veces pienso ¿Acaso no es un precio justo por tanto placer? Creo que me desvié un poco; Cuando sus labios se separaban de los míos, a escasos veinte centímetro me dijo -- ¿Te quieres divertir? - Cobro seiscientos.