Manos frías, casi dormidas a veces, con el temblor de quien ha conocido la escarcha.
Son las mías, que desean con toda el alma acariciarte despacio, compartir lo mucho o poco que tienen.
Ofrecerte abrigo y que, en estos días, se abren sin miedo a tocarte, convirtiendo el frío en amor.
Un beso infinito














