AL OTRO LADO DE LA NUBE III. Hellevator P R I M E R N I V E L En donde perdí el camino encontré los motivos suficientes para seguir andando... y jamás volví a detenerme. De niño pretendía no ser demasiado ingenuo y entender las cosas de las que hablaban los "adultos", sin embargo el café de mis ojos tristes -tristes por herencia como los ojos de mi padre y el padre de mi padre- seguido se distraía con el cielo y todo lo que en él se encontraba: aviones, estrellas, pájaros volando por encima de los cables que iban y venían de poste en poste cruzados entre si y las nubes... siempre fueron las nubes. Debo confesar que de pequeño era muy malo cuando con mis primos jugaba a encontrarle forma a los mounstruos blancos que habitan el inalcanzable azul, incluso dudo que alguno lo fuera, pues cuando decíamos que veíamos un león seguramente no era así porque al menos yo nunca vi un león con la cola en la nariz o un oso sin orejas, pero a fin de cuentas siempre fueron las nubes, entes que aparentemente no tienen forma pero forman parte de alguna historia. En ese entonces mi corazón no sabía mucho de sentimientos, así que pocas fueron las veces que contemple con melancolía y esperanza todo lo que arriba parecía estar en paz, aún cuando las tormentas, la lluvia, las gotas congeladas y los vientos incesantes descontrolaran todo aquí abajo; el temple del cielo era, es y será inamovible -de frente y viendo fijamente el suelo- como si no tuviese miedo de despertar y ser diferente día con día. Crecí y deje de mirarlo para hacerme preguntas y buscar respuestas, me tomó mucho tiempo encontrarme de nuevo con las nubes y con el cielo, pero ahora sé que me tomara aún más encontrarme a mí mismo. S E G U N D O N I V E L No se viaja para descubrir quién eres, eso es algo que se sabe desde el inicio, lo supe cuando atravesé el cielo e intente ser diferente, estaba solo y creí que siempre sería así. Comencé viajando con mis padres, desde muy pequeño conocí el placer de rodar sobre el pavimento, rodeado de árboles altos y aveces no tanto que crecían a la orilla de la carretera, escuchando alguna canción de la colección de discos de mi madre sonando en el estéreo. Siempre estuve en la parte de atrás observando el ceño de sus rostros que no dejaban de envejecer a través del retrovisor ó asomado por la ventana inventando historias cual películas con finales trágicos; siempre me gustó el drama, es mi único placer culposo: esa capacidad inconsciente para crear problemas donde no los hay y que cuando quiero, es decir, cuando realmente quiero, puedo joderlo todo, a veces lo odio. Mientras crecía dejó de importar el camino para llegar al destino, yo solo deseaba llegar y fotografiar con mi memoria a corto plazo todo lo que pudiese contar a mis amigos y hacerlos querer estar ahí, era superficial ya lo sé, todos en la secundaria , corrección, ¡todos¡ en mi secundaria lo éramos, demasiado inseguros e incapaces de ver más allá de nuestras pequeñas y deformes cabezas de adolescentes a punto de estallar. En cada lugar había algo diferente, algo que me hacía desear quedar, sin embargo era más divertido invadir el suelo ajeno y convertir con palabras y fantasías algo diferente. Los amigos se volvieron el viaje de ida y vuelta de lunes a viernes, las innumerables y extrañas modas se volvieron gasolina: desde prender un pin (botón) sin razón de ser y existir con imágenes de alguna banda musical que jamás en mi vida había escuchado ó símbolos de anarquía en la mochila, hasta salir a beber un par de cervezas con mis amigos al billar que se encontraba a una cuadra de la preparatoria. Éramos inocentemente idiotas sin necesidad de esforzarnos. Y el cielo ahí seguía y de vez en cuando yo escribía y dibujaba, pero ya no me importaba lo que existiera por fuera de mis límites, límites que nublaron mi cabeza e hicieron del suelo y la realidad algo aburrido, viéndome atrapado de arriba a abajo en ese juego cruel de hacer lo necesario mas no lo que quiero. T E R C E R N I V E L Extrañar muchas veces no hace falta cuando sabes que volverás, lo extraño es que no quieres volver y cuando al fin se halla la melancolía y tristeza en la médula de los recuerdos, nos volvemos adictos a ella y queremos ir un poco más lejos, como si el recordar nos hiciera más fieles a la raíz y más cercanos a quienes en realidad queremos ser. Viaje de una nube a otra intentando encontrar un cielo diferente y cambiar mi reflejo de la misma forma en que cambia el clima. Bajé del avión, me pare frente al cristal para ver el blanco frío de la nieve y no pude evitar combinar el sabor del miedo y la emoción en la saliva que resbalaba por mi garganta. Tenía tantas ganas de recorrer nuevos caminos que no pude detenerme y volver la vista al cielo para buscar respuesta en las estrellas: así me creí perdido pero la verdad es que me estaba acercando. Estar del otro lado de la nube nos da el impulso que necesitamos de movernos para "estar en" y "llegar a" e incluso de no ser los mismos si es eso lo que queremos, pero si lo suficientemente iguales para anclarnos al suelo y saber que algún día la opción siempre será volver. Sin dar mucha seriedad al cielo bajo el que nos paramos, podemos hacer y deshacerlo cuantas veces queramos, podemos viajar y encontrar nada, podemos quedarnos y perderlo todo. C U A R T O N I V E L "La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan las estrellas son guías. Para otros, no son más que lucecitas..." -El Principito En cada rincón y en cada nube que deje atrás se esconden historias, no hay más que pueda decir acerca de ello, se quedarán ahí, en alguna parte donde el olvido rompe con los recuerdos, siendo esto la naturaleza del inicio y el fin, lo que significa que podemos volver a empezar cuantas veces estemos dispuestos a soltar todo aquello que no nos deja seguir avanzando. Ya no veo hacia arriba como algo que no pudiese tocar, decidí bajarlo a mis pies y moverlos como el viento cuando sopla fuerte y se detiene sin saber por qué; cambie los mounstros blancos por personas de todos los colores, el café maduro de mis ojos cada vez más tristes ya no se distrae mas que con las luces que yo decido prender y ahora cada vez que vuelva a encontrarme con el inalcanzable azul será para asegurarme de que cada uno, desde su lado de la nube, está en el sitio correcto, correcto para lo que sea que eso represente, pausando cada vez más rápido en algún lugar del mundo, demostrando que estar mal no es tan malo y que estar siempre bien es mucho peor. Volver del viaje jamás será tan difícil como elegir el camino indicado para emprenderlo una vez más. Perdí los motivos en el mismo lugar donde ahora los encuentro, me detuve para respirar pero el aire corría en dirección opuesta, aún no estoy seguro de que las cosas saldrán bien, pero mi mayor error será no intentarlo.