La postura inicial de River en la mayoría de los partidos fue hacerse del control del balón para, a partir de ese predominio, doblegar al rival y llegar al gol. Claro, esto en teoría. En muchos de esos encuentros la tenencia sustancial de la pelota no derivaba en jugadas de riesgo y el toqueteo era más para atrás que para adelante.
Otra actitud demostrada por el equipo fue retroceder inmediatamente después de ponerse en ventaja para aprovechar las “zonas liberadas” y definir el resultado de contra golpe. Otra vez, pura teoría. No recuerdo algún partido que esta estrategia haya surtido efecto.
Frente a Racing no había porqué innovar, por lo tanto, se adoptó la posición de siempre, es decir, dominar el balón y llegar con juego al arco contrario. La diferencia sustancial era que había que ganar para poder llegar a la primera posición. El empate no servía.
Sin embargo, la otra actitud, la de recular una vez conseguida la mínima ventaja, sorprendentemente o no, también apareció. Después de conseguir el primer y el tercer gol (el segundo llegó al borde de la finalización del primer tiempo) River adoptó esa forma de jugar que tantos inconvenientes le trajo a lo largo del campeonato.
La pregunta que surge es, ¿qué es lo que impide monopolizar el balón una vez obtenida la ventaja? Tal vez dicha postura se entienda cuando enfrentamos a equipos poderosos, pero por qué hacerlo ante equipos paupérrimos, casi inofensivos que, así y todo, nos hacen dos goles (casi tres).
Más que un gol. ¡Bravo, Chichizola! (fuente de imagen: http://www.futbolparatodos.com.ar)
Claro, todo análisis se diluye cuando el partido, que debió ser definido goleando al rival, cosa que no se logró por las sistemáticas desinteligencias que mostraron algunos jugadores, se define de manera fortuita, emocionante y de último momento.
Era imposible no aplaudir, sacar pecho y sonreír después de semejante final. Pero si se piensa fríamente, por un segundo, toda la jugada, desde el tiro libre y la expulsión, hasta la bendita atajada, uno debería sentir una rabia enorme por tanta necedad, desorganización y falta de criterio. Demasiadas fallas juntas, creo, para uno de los dos aspirantes al título.