Banquete
Déjame beber del café de esos vidriosos ceder mi irreverente sensibilidad a tu tacto atender el deseo con carne de cañón e influenciar los estigmas a su cicatrización
coróname las mil espinas por millones de vidas en resignación para atraer la paz divina naciendo en dicha nuestra consagración
arranca de cuajo las telas que secan la sed, la ilusión acaricia completa mi condena que fija mi rostro sobre tu fulgor
arrebata el intermitente latido empujando el hilo de la irrigación acunando mi corazón partido cual glaciar, herido fuera del panteón
susúrrame al oído dulce musa formidable que cual depredador almíboro devorarás mis sentidos, indomable
parirán de esos anhelos los suspiros abstraídos resonando divagando sobre nuestras pieles alborotadas
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