Sólo los ninjas correrán libres por el campo
¡Oh, sólo somos otro poema triste!
Uno que habla sobre raíces que crecen en el fondo del océano
caen sobre los parques redondos de Japón.
Vivíamos en el siglo más triste de la historia. Nuestras vidas se paseaban en hipertextos, hashtags y porno en los tumblr.
- ¿Eso le vamos a heredar a las futuras generaciones? ¿Hashtags?
Silvana y yo solíamos comer pasta y ensalada en “La Mafia”, un local austero que se encontraba afuera de la UAEM. Su decorado solamente consistía en dos pares de fotografías de mafiosos italoamericanos de la década de los 50´s. Su dueño, un simpático hombre que solía vestir de negro, pasando los treinta, nos atendía con gusto y la música de fondo era el glam-rock más sonado de los ochentas y uno que otro éxito noventero.
“La Mafia” no duró ni un semestre completo. Al regresar de vacaciones fue reemplazado por una horrible taquería llamada “DepecheTacos” o un juego de palabras alusivo a un grupo o canción muy famosa ochentera
- ¡Silvana,! ¿Ya viste? ¡Ya no existe La Mafia! Voa llorar mil.
- Ahora hay una pinche taquería con nombre ridículo, ¿DepecheTacos?
- Ya no hay respeto, bandita.
- Estaríamos mejor con López Obrador…
Silvana era lo más cercano que he tenido a ese concepto de “mejor amiga” –aunque en esos casos prefiero usar la repetición de la palabra para dejar en claro lo que por sí misma significa, es decir: Silvana es mi amiga-amiga. Solíamos refugiarnos en la cultura oriental, al principio todo fue coincidencia, pero poco a poco los nombres occidentales dejaron de predominar. Mishima, Ikue Mori, Toro Takemits, Sion Sono, etc. Invadían de forma positiva nuestro pequeño universo virtual. Ellos y su cultura inundaban nuestros ojos de belleza pura. Pero nuestra visión romántica de las cosas nos hacía amar lo que no vivíamos. Lo que no teníamos. Por eso era más fácil dejarse llevar; al final no nos afectaría. Vamos, que hasta Kim-Jon Il nos parecía tener estilo.
Admirábamos a los hombres que vestían como proxenetas deseando ser machos de bajos instintos y rostros sumidos por los golpes de las peleas que buscaríamos sin sentido. Pero “Cuernavaca es un huevo” y “todos” nos conocían, y las cosas ya estaban demasiado violentas como para arruinarle la fiesta a los demás. Y como todo en la vida: en nuestra imaginación están las vidas que realmente deseamos tener pero que sería inmoral vivir. De ahí que nos refugiáramos en los sueños.
- Bien pinche buena. Pero lo importante es que el tipo que sale, todo el tiempo lleva unos pantalones de cuero y una camisa roja. Si pudiera me vestiría así. O como Nick Cave.
- Mejor aún, ¿Ichie the Killer? Como el otro wey, el rubio con el rostro cortado.
- No mames, memama. Se viste horrible. Pero si fuera hombre andaría así por la vida.
Hubo un tiempo, sexto semestre, me parece, que Silvana y yo realmente compartíamos tiempo en la vida real. Compartíamos clases, comíamos juntas. Incluso, terminando, salíamos por una cerveza o un café al centro. Platicábamos de la carrera, de las mujeres, de nuestras familias, de la comida, de cine, de ropa, de viajes, de nuestros sentimientos… Platicábamos cosas que la gente suele platicar cuando suele tener amigos. Y a pesar de hablar todo el tiempo, con pocas palabras nos entendíamos. Aunque justo a las 7:30 de la tarde-noche tenía que partir para llegar a su autobús que la dejaría en las amables tierras Cuautlenses. Y así, cada vez que podíamos.
Pero pasó el semestre, la Mafia cerrada y las clases ya no las compartíamos, así como nuestras tardes de cafés, postres y cervezas. Pero como siempre manteníamos contacto por el amado y odiado a la vez facebook.
Ramona en mi cuarto, o ke ase?
Jajaja, ¿qué no ibas a vender ésa?
Tu cuarto está bien elegante.
La quiere el Mauriki, pero obvi no se la venderé.
Jajaja, ¿por qué? ¿Ya no hay amor?
Lujuria más que nada, jaja…
Sí hay, pero no. La quiere poner a lado de su póster de Beyoncé.
Está bien, al lado de las estrellas.
Aparte será raro darle bien duro al jarcor y de repente verte en su pared.
Trío psicológico. Se va a poner de moda en el 2015.
Él me dijo el otro día: "¿Y cómo está NUESTRA hermosa Ramona?"
¿Qué le pasa? ¿Qué ha hecho él para merecerme?
Jajaja, dile que ya todo se hizo en los setentas.
Jajajajajaja, le diré eso.
Siempre terminábamos comentando el hecho de vivir tan lejos y lo bueno que sería ser vecinas.
- Odio que tengamos que vivir tan lejos.
- Pinche, Silvana. Deberíamos de ser vecinas.
¿Quién iba a creernos nuestras vidas si cuando nos pasaban las mejores cosas estábamos con pésima postura riendo delante de una pantalla?
- Jennifer Diane Shecter, ¿no?
- Bueno, the L Word. Jenny Shecter, es la nueva del pueblo de lesbianas, en realidad Los Ángeles, pero mejor llamarle LenchiPlanet.
- No, en serio. Bueno, the L Word, aunque pareciera algo así como una telenovela para lesbianas, en realidad era como “La guía hetero para entrar en la onda lésbica”. Por eso Shecter era esencial, de hecho con el paso de la serie se come a las protagonistas.
- No, no hagas esa cara. No en ese sentido.
Silvana ríe. Y yo continúo
- Ella llega recién casada, con deseos de publicar, pues es escritora. Todo bien, ¿no? Shecter es el personaje hetero con el que el público abierto, el curioso, simplemente el público en general entrará al Planeta Lesbiano, ¿ya? Bueno, Shecter se enreda con la lesbi Alfa. Le parte el corazón. No recuerdo muy bien qué pasa, pero una o dos temporadas después se vuelve de la nada una completa perra. Traiciona a sus amigas, comienza una novela sobre ellas, donde encima se da el lujo de analizarlas y juzgarlas. Shecter comienza a salirse con la suya Y LO QUE ES PEOR en la última temporada le inventan un romance con Shane, el personaje favorito de la serie. Y la traiciona, o no sé qué. Creo que al final la matan. Ponlo así: la serie decayó junto con el personaje de Shecter, se convirtió en una cosa inverosímil que sólo veías por la única razón por la cual la mirabas al principio: Ver viejas cogiendo entre sí.
Silvana ríe. Otra vez.
- Te di un excelente recorrido por the L Word, ¿y lo único que ofreciste fueron risas idiotas?
- Idiotas, sí. Pero honestas.