Otto Höfler sobre los alemanes y el Estado
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
Otto Höfler (1901-1987) fue uno de los principales exploradores de la herencia germánica y escandinava, amigo de Jan de Vries y Georges Dumezil, entre otros. Desempeñó un importante papel en el conservadurismo alemán tras las guerras mundiales y fue reconocido por Mohammed Rassem como su padre espiritual.
Höfler estudió la realeza sagrada de los pueblos germánicos y sus Männerbund (o Kultische Geheimbünde). El Estado germánico es, en esencia, sagrado y está formado por grupos de hombres. Sin este núcleo y sin estos grupos, se desmorona. Entre las cuestiones fatídicas de nuestro tiempo está los intentos de recrear los Männerbund en diversas formas, de ahí la abierta hostilidad del establishment a todos los intentos de uniones de hombres, esferas masculinas y movimientos de hombres.
Esta voluntad – y capacidad – de organizar el Estado es el requisito previo para la importancia histórico-mundial de los pueblos germánicos.
En Die Ursprünge der germanischen Staatsbildnerkraft Höfler estudia la política germánica. Sostiene que el arte germánico de construir Estados los caracteriza históricamente y uno se inclina a estar de acuerdo incluso tras un rápido vistazo al mapa mundial y europeo. Un gran número de órdenes políticos han sido construidos por pueblos o liderazgos germánicos y la tendencia sigue presente hoy en día, aunque debilitada (véase a Thiriart y von Lohausen).
Höfler sostiene que este talento político es más antiguo que el cristianismo y que Roma, que «el talento no se puede importar» y que el proceso político ya estaba en marcha desde muy temprano. Al mismo tiempo, identifica un talón de Aquiles recurrente entre los pueblos germánicos, la tendencia a luchar entre ellos. Esta «falta de horizonte» fue hábilmente explotada por Roma, por ejemplo. Höfler también ve en la falta de enemigos geopolíticos una de las causas de la degeneración de Islandia en feudos mezquinos.
Evola ha escrito sobre la sociedad orgánica, construida sobre las relaciones entre las personas. Höfler describe una situación similar entre las tribus germánicas, con grupos de hombres que se conocían y confiaban los unos en los otros. Éstos se caracterizaban por «la disposición al sacrificio, el pleno reconocimiento de la singularidad personal de los demás, cuando eran honorables, pero que estaban sometidos a la amonestación y el castigo cuando uno de los miembros violaba las exigencias del honor».
Semejante hermandad de hombres tiene algo de anárquico y puede adolecer de la falta de horizonte de la que habla Höfler. Pero las tribus germánicas lograron superar esta amenaza y crear un orden mayor sin perder el núcleo de la hermandad de hombres honorables, capaces y libres. Uno vuelve a recordar el discurso de Evola de que un rey nórdico preferiría dirigir a hombres libres que a esclavos. Höfler escribe: “No es allí donde los fuertes se vuelven débiles donde surgen las estructuras histórico-mundiales, sino cuando se inclinan en libre lealtad hacia algo superior”.
La responsabilidad como valor fundamental germánico
El difícil arte de gobernar requiere, como mínimo, minorías que no busquen su propio beneficio, sino el honor del deber desinteresado. Si esto se corrompe, la disolución del Estado se produce con la inevitabilidad de una ley natural.
Lo más importante en la política germánica es la responsabilidad, escribe Höfler. Es el requisito previo para que lo que se construye sea duradero. También señala que esta capacidad de responsabilidad no se distribuye uniformemente entre las personas, o grupos de personas, sin embargo, el arte de gobernar germánico se ha basado en situar a los más responsables en lo más alto. Höfler describe también los rasgos que deben caracterizar al germano constructor de Estado: “La libertad, el honor, el deber y la lealtad están indisolublemente unidos para el hombre germánico, y especialmente para el de tipo estatal. Si le falta uno o varios de estos elementos, literalmente empieza a desvanecerse...”
La «responsabilidad» de Höfler recuerda a la Sorge de Heidegger y, de hecho, tiene un elemento de largo plazo y ecológico. Habla de «sabiduría orgánica», tal vez imposible de desarrollar sin reverencia por la naturaleza. Del mismo modo, sostiene que la sobreexplotación de la naturaleza que conduce al crecimiento a corto plazo se basa en la falta de comprensión de las condiciones de la vida.
A diferencia del racionalismo, los pueblos germánicos también consideraban sagradas sus comunidades, incluida la familia y el matrimonio. El servicio al Estado podía considerarse «servicio a Dios», algo que se ve en el luteranismo histórico, para bien o para mal, particularmente germánico.
«El poder es malo»... El liberalismo burgués ha hecho suya esta fórmula, con el fin de utilizarla para lanzarse a la batalla moral contra los poderes históricos – el Estado y el ejército – y socavar su autoimagen moral (pero no contra los “poderes” de la economía “libre”; en este caso se oculta cuidadosamente el hecho de que el poder de un trust puede ser mucho peor que la disciplina de un ejército).
Höfler analiza tanto el liberalismo como la creencia en «la lucha de todos contra todos», que encuentra ajena a la estatalidad germánica. El atomismo social envenena el pensamiento social, el nietzscheanismo vulgar con sus «amos» y «esclavos» es ajeno a la realidad. La historia trata de personas, no de individuos, y un orden político sostenible no se crea mediante vulgares fantasías nietzscheanas de poder, sino mediante modelos de conducta que cuidan de sus subordinados y respetan su honor. Höfler escribe: “Autocontrol, diligencia, fiabilidad, liderazgo con el ejemplo tanto en la guerra como en la paz, incorruptibilidad, orden estricto y justicia: éstas son las principales virtudes que los alemanes, incluso allí donde eran una pequeña minoría, supieron conservar y se ganaron el respeto sin cortesías...”
Aquí intuimos la clave del éxito del colonialismo alemán, donde muchos jefes y tribus lucharon fielmente por el Kaiser a pesar de su inminente derrota. También percibimos una de las semillas de la derrota de la Segunda Guerra Mundial, los muchos compañeros de armas potenciales que se vieron alienados por una política influida por el nietzscheanismo vulgar.
Höfler también aborda el problema de un Estado que no está imbuido por el respeto al honor de todos: “...un Estado en el que los de abajo son sofocados desde arriba, y los de abajo por tanto odian a los de arriba, no está bien construido”.
Aquí recuerda a Ruskin y Carlyle, y el respeto mutuo como lo que une a una sociedad. Estamos muy lejos de la antropología de la política de «cuchillo y tenedor».
¿Cuál es el núcleo de la idea del Reich? Que el Reich es responsable de Europa.
Höfler también aborda la idea del Imperium europeo desde su perspectiva germánica. Sostiene que el nacionalismo mezquino es una forma de darwinismo colectivo y «la lucha de todos contra todos». Basándose en Goethe, Herder y Ranke subraya en cambio la defensa de la diversidad y la comunidad de culturas de Europa como digna expresión de la imaginación política germánica. Es también un proyecto en el que los alemanes han estado comprometidos desde la Edad Media. Al mismo tiempo, hay un fallo en la opinión de Höfler de que algunos pueblos europeos, especialmente los eslavos, no pueden gestionar el respeto mutuo que es tan fundamental para los pueblos germánicos. Sin embargo, esto no constituye el núcleo de su pensamiento y puede ser objeto de una deconstrucción selectiva.
En conjunto, pues, la herencia germánica puede servir de punto de partida para analizar lo político. Valores como la responsabilidad, una visión sagrada de la comunidad, la «sabiduría orgánica» y europea se convierten en centrales, mientras que la naturaleza atomizadora y a corto plazo del liberalismo se hace evidente.
Fuente: https://motpol.nu/oskorei/2016/02/09/otto-hofler-om-germanerna-och-staten/