'Sorry, but I don't date tree.' 'I am not a tree.' Iarlath looked angry, his bark peeling slightly.
Lady Midnight by Cassandra Clare
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'Sorry, but I don't date tree.' 'I am not a tree.' Iarlath looked angry, his bark peeling slightly.
Lady Midnight by Cassandra Clare
《 El regreso de Miach Blackthorn 》 — 3 años atrás. Parte 3.
Junto a él estaba Julian, con el cabello alborotado. Emma buscó en su rostro alguna señal de enfado, pero no la encontró. Lo cierto era que parecía que acabara de correr una maratón y estuviera haciendo un esfuerzo para no caer al suelo de agotamiento y alivio.
—Mis disculpas por el comportamiento de mi pupila —dijo Gabe entrando en la sala—. Aunque no está prohibido discutir en el Santuario, va contra el espíritu del lugar. —Se sentó en el enorme sillón de piedra bajo la araña—. Soy Gabe Penhallow. Este es Julian Blackthorn. —Julian, que se había colocado a un lado del sillón de Gabe, inclinó la cabeza mientras Kieran e Iarlath se presentaban—. Y ahora, por favor, expliquen a que han venido.
Las hadas intercambiaron miradas.
—¿Cómo? —exclamó Kieran—. ¿Ni una palabra sobre la Paz Fría ni sobre que esta visita incumple vuestra Ley?
—Nuestro Inquisidor no es el guardián de la Paz Fría —respondió Julian—. Y no es eso lo que deseamos discutir. Conocen las reglas tan bien como nosotros; si han elegido saltarlas debe de haber una buena razón. Si no quieren compartir esa información, nuestro Inquisidor tendrá que pedirles que se marchen.
Kieran lo miró altivo.
—Muy bien —contestó—. Hemos venido a pedir un favor.
—¿Un favor? —preguntó Emma atónita.
Los términos de la Paz Fría eran muy claros: los cazadores de sombras no debían ayudar ni a la corte seelie ni a la noseelie. Los representantes de las cortes no se habían presentado para firmar el tratado de los nefilim; lo habían menospreciado, y ese era su castigo.
—Quizá estén confundidos—repuso Gabe fríamente—. Deben de haber oído hablar de mis estudiantes. Quizá crean que porque sus familiares, Mark y Helen, tienen sangre de hada encontrarian aquí quien los escuchara con mayor benevolencia que en cualquier otro lugar. Pero a Helen la enviaron lejos debido a la Paz Fría, y a mi sobrino ustedes lo robaron.
Kieran torció la boca.
—El exilio de ella fue decretado por los cazadores de sombras, no por las hadas —replicó—. Y en cuanto a Mark…
Gabe suspiró. Agarraba con fuerza los brazos del sillón.
—La mano de la Cónsul se vio forzada por la traición de la reina seelie —repuso Gabe—. Guerreros noseelie lucharon a su lado. Ninguna hada tiene las manos limpias de sangre. No tenemos una buena disposición hacia las hadas.
—La Paz Fría no fue lo que apartó a Mark de nosotros —afirmó Julian, con las mejillas ardiendo—. Fueron ustedes. La Cacería Salvaje. Podemos ver en tus ojos que cabalgas con Gwyn, no lo niegues.
—Claro —replicó Kieran con una ligera sonrisita sarcástica—. No lo negaría.
Emma se preguntó si alguien más había oído a Julian inspirar con fuerza.
—Así que conoces a mi hermano.
La sonrisita se borró del rostro de Kieran.
—Claro que lo conozco.
A Julian parecía costarle contenerse.
—¿Qué sabes de Mark?
—¿Por qué finges sorpresa? —preguntó Iarlath—. Es una tontería. Mencionábamos a Mark de la Cacería en la carta que enviamos.
Emma vio la expresión de sobresalto en el rostro de Julian. Intervino rápidamente porque no quería que fuese él quien tuviera que preguntarlo.
—¿Qué carta?
—Estaba escrita sobre una hoja —explicó Gabe—. Una hoja que se deshizo. Hablaba de asesinatos. De Mark. No creí que fuera real.
—¿Asesinatos?
Kieran lo miró y los ojos se le ensombrecieron. Emma tuvo la incómoda sensación de que Kieran pensaba saber algo sobre su parabatai, algo que ella ignoraba.
—Ya sabes lo de los asesinatos —contestó Kieran—. Emma Carstairs encontró uno de los cadáveres. Sabemos que conoce la existencia de otros.
—¿Y qué les importa? —preguntó Julian—. Por lo general, las hadas no se involucran en la sangre derramada del mundo de los humanos.
—Lo hacemos si la sangre derramada es sangre de hada —repuso Kieran, y vio la sorpresa en sus rostros—. Como saben, el asesino ha estado matando y mutilando también a hadas. Por eso Iarlath estaba. Por eso Emma Carstairs se lo encontró allí. Estaban siguiendo el rastro de la misma presa.
Iarlath metió la mano dentro de la capa y sacó un puñado de reluciente mica. Lo tiró al aire, donde las partículas se quedaron colgando y se separaron, formando imágenes tridimensionales. Imágenes de cadáveres, cadáveres de hadas, de hadas nobles de aspecto humano. Todos tenían la piel grabada con las puntiagudas marcas que poseía el cadáver que Emma había encontrado.
Emma se encontró inclinándose inconscientemente hacia delante, tratando de ver mejor el espejismo.
—¿Qué es esto? ¿Fotos mágicas?
—Recuerdos, conservados con magia —explicó Iarlath.
—Ilusiones ópticas —replicó Julian—. Y las ilusiones pueden mentir.
Iarlath hizo un movimiento con la mano y las imágenes cambiaron. De repente, Emma estaba viendo al hombre muerto que había encontrado en el callejón noches atrás. Era una imagen exacta, hasta en la retorcida expresión de horror en el rostro del muerto.
—¿Es esto una mentira?
Emma clavó la mirada en Iarlath.
—Lo viste. Probablemente lo encontraste antes que yo, ¿no es así?
Iarlath cerró la mano y los brillantes granos de mica cayeron al suelo como gotas de lluvia, deshaciendo la ilusión.
—Sí. Ya estaba muerto. No podía ayudarlo. Lo dejé para que lo encontraras tú.
Emma no dijo nada. Era evidente que Iarlath estaba diciendo la verdad.
Y las hadas no mentían.
—También han matado a cazadores de sombras, lo sabemos —añadió Kieran.
—A menudo matan a cazadores de sombras —replicó Gabe—. No hay ningún lugar seguro.
—No es cierto —repuso Kieran—. Hay protección donde hay protectores.
—Mis padres —comenzó Emma, sin hacer caso a Julian, que la miraba negando con la cabeza. «No se lo digas, no se lo cuentes, no les des nada». Emma sabía que Julian tenía razón; estaba en la naturaleza de las hadas arrancarte los secretos y usarlos en tu contra. Pero si existía una posibilidad, por remota que fuera, de que supieran algo…—. Sus cuerpos se hallaron con esas mismas marcas, hace años. Cuando los cazadores de sombras trataron de moverlos, se convirtieron en ceniza. La única razón de que conozcamos esas marcas es porque los nefilim hicieron fotos antes.
Kieran la miró entonces con ojos relucientes. Ninguno de los dos parecía humano: el negro era demasiado oscuro; el plateado, demasiado metálico. Sin embargo, el conjunto era inquietante e inhumanamente hermoso.
—Sabemos lo de tus padres —dijo—. Conocemos su muerte. Sabemos lo del lenguaje demoníaco con el que habían inscrito sus cuerpos.
—Mutilados —soltó Emma casi sin poder respirar, y notó la mirada de Julian sobre ella, recordándole que estaba ahí, un apoyo silencioso—. Desfigurados. No inscritos.
La expresión de Kieran no cambió.
—También sabemos que durante años han tratado de traducir o entender los escritos, sin éxito. Podemos ayudaros a que eso cambie.
—¿Qué estás diciendo exactamente? —quiso saber Julian.
Había recelo en sus ojos, en toda su actitud. La tensión que emanaba del cuerpo de Julian impidió que Emma soltara mil preguntas.
—Los eruditos de la corte noseelie han estudiado las marcas —explicó Iarlath—. Parece ser una lengua de Feéra, la tierra de las hadas, empleada en un tiempo muy remoto, mucho anterior a la memoria humana. Antes de que hubiera nefilim.
—De cuando las hadas estaban más unidas a sus antepasados demoníacos —soltó Gabe con voz áspera.
Kieran torció el gesto, como si Gabe hubiera dicho algo desagradable.
—Nuestros eruditos comenzaron a traducirlas —continuó.
De debajo de la capa sacó varias hojas de un papel apergaminado muy fino. Emma vio en ellas las marcas que tan bien conocía. Bajo ellas había palabras, escritas en una complicada letra.
A Emma se le detuvo el corazón.
—Han traducido la primera línea —dijo Kieran—. Parece que quizá sea parte de un hechizo. Ahí nos faltan conocimientos. Los seres mágicos no tratan con hechizos, eso es territorio de los brujos…
—¿Han traducido la primera línea? —preguntó Emma con impaciencia—. ¿Qué dice?
—Te lo diremos —contestó Iarlath—, y te entregaremos el trabajo que han realizado nuestros eruditos hasta el momento, si aceptan nuestras condiciones.
Julian los miró con recelo.
—¿Por qué solo han traducido la primera línea? ¿Por qué no todo?
—Los eruditos casi ni habían acabado de averiguar el significado de esa primera línea cuando el rey noseelie les prohibió continuar —explicó Kieran—. La magia de este hechizo es negra, de origen demoníaco. No quería que esa magia despertara en Feéra.
—Podrías haber continuado con ese trabajo tú mismo —repuso Emma.
—El rey ha prohibido a todas las hadas que toquen esas palabras —replicó Iarlath—. Pero eso no quiere decir que dejemos de involucrarnos. Creemos que ese texto, esas marcas, pueden llevar hasta el asesino una vez se comprendan.
—¿Y quieren que nosotros traduzcamos el resto de las palabras? —preguntó Julian—. ¿Empleando como clave la línea que han traducido?
—Más que eso —respondió Iarlath—. La traducción es solo el primer paso. Los llevará hasta el asesino. Cuando hayan encontrado a esa persona, se la entregaran al rey noseelie para ser juzgada por el asesinato de las hadas y recibir justicia.
—¿Quieren que hagamos esta investigación para ustedes? —soltó Julian—. Somos cazadores de sombras. Estamos sometidos a la Paz Fría, igual que ustedes. Tenemos prohibido ayudar a los seres mágicos, incluso recibirlos aquí va contra las normas. Saben lo que estamos arriesgando. ¿Cómo se atreven a pedirnos eso?
La voz de Julian estaba cargada de rabia, una rabia desproporcionada a la propuesta, pero Emma no podía culparlo. Sabía lo que veía cuando miraba a las hadas, sobre todo a las de la Cacería Salvaje. Veía las frías aguas de la isla de Wrangel. Veía el dormitorio vacío del Centro donde ya no estaba Mark.
—No solo es su investigación —intentó tranquilizarlo Emma con voz calmada—. También es la mía. Esto tiene que ver con mis padres.
—Lo sé —repuso Julian, y su rabia desapareció, sustituida por dolor—. Pero así no podemos, Emma…
—¿Por qué han venido aquí? —intervino Gabe—. ¿Por qué no han acudido a un brujo?
Una expresión de decepción se dibujó en la hermosa cara de Kieran.
—No podemos consultar a un brujo —contestó—. Ninguno de los Hijos de Lilith tratará con nosotros. La Paz Fría nos ha apartado de los otros subterráneos. Pero ustedes pueden visitar al Brujo Supremo Malcolm Fade, o incluso al propio Magnus Bane, y pedirles una respuesta a esta pregunta. Nosotros estamos atados de pies y manos, pero ustedes son… —soltó la palabra con desprecio— libres.
—Se han equivocado de lugar —repuso Gabe—. Nos piden que violemos la Ley por ustedes, como si tuviéramos algún cariño especial a los seres mágicos. Pero los Blackthorn no han olvidado lo que les han arrebatado…
—No —lo cortó Emma—. Necesitamos esos papeles, necesitamos…
—Emma. —La mirada de Gabe era dura—. Ya basta.
Ella bajó la mirada, pero la sangre le corría deprisa por las venas, cantando una melodía de obstinada rebelión. Si las hadas se iban y se llevaban con ellas esos papeles, hallaría la manera de localizarlos, de recuperar la información, de averiguar lo que necesitaba. De alguna manera. Aunque Idris no pudiera arriesgarse, ella sí.
Iarlath miró a Gabe.
—Creo que no quieres tomar esa decisión de manera precipitada.
Gabe apretó los dientes.
—¿Por qué crees que cambiaré de opinión, vecino?
«Los buenos vecinos». Un término muy antiguo para los seres mágicos.
—Porque tenemos algo que quieren más que nada —contestó Kieran—. Y si nos ayudan, estamos dispuestos a dárselos.
Julian palideció. Emma, que lo miraba, se quedó por un momento tan atrapada por su reacción que no se dio cuenta de lo que esas palabras implicaban. Cuando lo hizo, el corazón le dio un brinco dentro del pecho.
—¿Y qué es? —susurró Julian—. ¿Qué tienen que nosotros queramos?
—¡Venga, no fastidies! —soltó Kieran—. ¿Qué te parece que es?
La puerta del Santuario, la que daba al exterior del Instituto, se abrió y entró el hada de manto marrón. Se movía con agilidad y en silencio, sin vacilación pero tampoco prisa; sin nada humano en sus movimientos. Al entrar en el dibujo de la runa angelical del suelo, se detuvo. La sala estaba en completo silencio cuando se llevó la mano a la capucha y, por primera vez, vaciló.
Las manos eran humanas, de dedos largos, bronceadas.
Conocidas.
Emma no respiraba. No podía. Julian parecía estar como soñando. El rostro de Gabe era inexpresivo, perplejo.
—Bájate la capucha, muchacho —dijo Iarlath—. Muestra tu rostro.
Is this the girl?" Kieran's voice was very different: It sounded like waves sliding up the shore. Like warm water under pale light. It was seductive, with an edge of cold. He looked at Emma as if she were a new kind of flower, one he wasn't sure he liked. "She's pretty," he said. "I didn't think she'd be pretty. You didn't mention it." Iarlath shrugged. "You've always been partial to blondes," he said. "Okay, seriously?" Emma snapped her fingers. "I am right here. And I was not aware I was being invited to a game of 'Who's the hottest?'" "I wasn't aware you were invited at all.
Kieran, Iarlath & Emma Carstairs (Lady Midnight)
Iarlath: We are well known for our jests, japes, and ballads. Some of our ballads last for weeks.
Emma: I don’t have that kind of time. I’m a Shadowhunter. Quip fast, die young.
chapter 22 of lady midnight
*gwyn, iarlath, and kieran show up at the institute*
gwyn: mArk
mark: yes
iarlath: you gotta be whipped
kieran: whA nO whip me
mark: no
kieran: yes
mark: fite me
kieran: *brawls*
mark: ok now whip me
julian: no, whip me
emma: nO
mark: nO WHIP ME
julian & kieran: nOooOOoO
julian: *gets whipped once*
emma: *runs over to jules* ~sleep~
iarlath: FOR GOD'S SAKE JUST SOMEONE TAKE A WHIPPING
mark: ok
emma: nO mark, whip me
mark: nOoo
emma: YES GODDAMNIT
kieran: *stress level 3000*
gwyn: what is going on
emma: *takes the whippings*
iarlath: jesus christ finally
You have your Laws and we have ours. The difference is only that we do not pretend ours are not cruel.” “The Law is hard,” said Iarlath with amusement, “but it is the Law.
Lady Midnight, Cassandra Clare
Day6: character you love to hate Iarlath
Lady Midnight by Cassandra Clare
Iarlath & Gwyn & Kieran