El mundo no tiene lugar para cobardes.
Todos tenemos que estar preparados de alguna manera para trabajar, para sufrir, o para morir. Y la suya no es la menos noble, porque no redobles los tambores antes de que vayas a los campos de batalla todos los días, ni multitudes gritando a tu regreso diario, sea victoria o de derrota.
El éxito parece ser en gran medida una cuestión de resistir cuando otros se han ido.
Permanece a lo largo de la vida firme como una roca en el mar, tranquilo e impasible por sus siempre crecientes olas.










