Cada día que pasa, cada hora, me he acostumbrado a ejercitar la mente, e intento adivinar cuál de entre ellos será el aniversario de mi muerte. Y ¿dónde me enviará la muerte el Hado? ¿En la guerra, en la mar, como viajero? ¿O si acaso será, el valle vecino el que reciba mis helados restos? Y aunque para mi cuerpo inanimado dónde se descomponga igual le sea, yo, más cercano a mi solar querido, de ser posible, reposar quisiera. Y que a la entrada misma de mi tumba una juvenil vida jugar pueda, y que Naturaleza indiferente con su eterna hermosura resplandezca.
Aleksandr Pushkin















