A veces me siento como un suspiro que se pierde en el viento.
Estoy aquí, respiro, camino, sonrío cuando debo…
pero por dentro, me rompo en mil pedazos que nadie ve.
Me dicen que exagere menos, que ya es hora de “superarlo”.
“ Tú lo que necesitas es echarle ganas ”,
como si no hubiese dado todo de mí solo para levantarme de la cama.
Como si no hubiese fingido normalidad mientras mi alma gritaba pidiendo auxilio.
Me llaman floja, dramática, débil…
Pero no ven la guerra que peleo a diario en mi mente.
No ven cómo me esfuerzo por seguir aquí, aunque a veces ni yo entienda por qué.
Es duro sentirse incomprendida.
Duele más que la propia tristeza: el juicio, la indiferencia, la soledad.
Porque cuando más necesitas un abrazo, el mundo te da la espalda.
Yo no pedí esta oscuridad. No elegí que doliera tanto.
Y aunque muchos no lo entiendan, sigo aquí, resistiendo como puedo.
Y eso, aunque no se note, también es valentía.
A ti, que te sientes igual: no estás solo, no estás sola.
Tu dolor es real. Tu historia importa.
Y aunque el mundo no lo vea, yo sí te creo.