¿Por qué aún permito que me hieras? ¡Sí, tú!, tonto humano. Te doy poder sobre mis emociones, y me vuelvo vulnerable ante tus acciones, como toda una imbécil. Es que no lo entiendo, debería haber aprendido la lección, pero sigo permitiéndote abrir mis heridas, y con tu dedo punzante lastimarme de nuevo, abriendo las puntadas, y dejándome al intemperie de los demás como tú; cruel ser, con falta de empatía, lleno de egocentrismo y un gran orgullo por sus malas acciones, con anhelos de mucho poder y de pisotear a los puros de corazón, quitándoles la esperanza de personas que se asemejen a ellos, y haciéndoles ciegos ante la luz de los buenos intencionados que aún existen.