Nuestros idiomas en guerra son alabanza del día. El día nuevo tiene la forma de un vaso: pide colmarse de nuestra música. Somos ligeros y en nuestro baile no se fatiga la tierra... (Leopoldo Marechal)
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Nuestros idiomas en guerra son alabanza del día. El día nuevo tiene la forma de un vaso: pide colmarse de nuestra música. Somos ligeros y en nuestro baile no se fatiga la tierra... (Leopoldo Marechal)
Violines afinados de locura, tambores secos, lenguas en una plenitud de ritmos ¡callan en tu silencio!
"Solo de silencio", Leopoldo Marechal.
Leopoldo Marechal ~ Adán Buenosayres: il chimono di Samuel Tesler
Feliciano Centurión, Flamencos La lavagna non annunciava altro e Adán Buenosayres, posando gli occhi sul padrone di tanta sapienza, lo studiò ora con rinnovato interesse. È giusto dire che Samuel Tesler dormiva senza orgoglio visibile, ma anche senza fastidiosa modestia: la sua faccia, inespressiva come quella dei fari spenti e quella dei morti, brillava tutta coperta dal sudore grasso che la…
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Hoy es el día internacional del libro. Aprovecho la oportunidad para compartir el que me cambió la vida para siempre. Gracias, Marechal.
“Es así como nuestra revolución, al perseguir la reivindicación integral del hombre argentino, quiere acabar esos dos aspectos de unidad humana: la obra de justicia social en que nuestro gobierno se halla empeñado no sólo tiende a restituirle al hombre la dignidad de su cuerpo, mediante nuevas y generosas condiciones de vida, sino también su decoro de criatura espiritual, mediante la participación del hombre argentino en la cultura y su acceso a las formas intelectuales que le faciliten la comprensión de la Verdad, la Belleza y el Bien. Más aún, con la implantación de la enseñanza religiosa en las escuelas, el nuevo estado argentino reconoce la naturaleza trascendental del hombre y su destino sobrenatural, con lo que totaliza su noción de la unidad humana y propende a su entera realización.”
Proyecciones culturales del momento argentino, Leopoldo Marechal
Silencio, sangre de campanas muertas. Llanto de las casas vacías que imploran un retorno de niños...
Leopoldo Marechal
(Parroquia San Bernardo Abad, Villa Crespo - 31/10/21)
“La iglesia de San Bernardo yergue su torre única en la noche: cerrada está la verja, desierto el atrio y sin más vida que la de sus palmeras desmelenadas al viento. Adán Buenosayres se ha detenido allí, con el resuello agitado y el corazón batiente. Prendido a la reja, mira en torno suyo y escucha: nadie y nada: se han callado las voces y desvanecido las imágenes. Entonces la espesa nube de sus terrores, angustias y remordimientos estalla en un sollozo que lo sacude y ahoga, como la náusea de la curtiembre. Luego, sin abandonar la reja, levanta sus ojos hasta el Cristo de la Mano Rota; y permanece así, mirándolo y llorando suavemente:
—Señor, confieso en ti al Verbo que, sólo con nombrarlos, creó los cielos y la tierra. Desde mi niñez te he reconocido y admirado en la maravilla de tus obras. Pero sólo me fue dado rastrearte por las huellas peligrosas de la hermosura; y extravié los caminos y en ellos me demoré; hasta olvidar que sólo eran caminos, y yo sólo un viajero, y tú el fin de mi viaje.
Adán se interrumpe aquí súbitamente desalentado: le parece advertir que sus palabras interiores, lejos de ganar altura, se abaten como pájaros de arcilla no bien intentan remontar el vuelo. Y, entretanto, espadas angélicas y tridentes demoníacos han suspendido su contienda; porque llegó la hora en que Adán Buenosayres debe combatir solo.”
Adán Buenosayres (Libro V) , Leopoldo Marechal
“Ya se ha hecho alusión a la metafísica del símbolo: la inconmensurable e indecible belleza de Dios se deja adivinar en indicios definibles en mayor o menor medida que revelan las belleza finitas. Resulta que, en el espíritu del Creador, las bellezas limitadas han sido hechas para conducirnos a la admiración y adoración de la Belleza infinita. No son en absoluto malas en sí mismas, todo lo contrario. Pero lo serán para nosotros si en lugar de integrarlas en nuestra ascensión natural hacia la Belleza absoluta, nos inmovilizamos, como si ya hubiéramos encontrado lo Infinito y Eterno. Trasladaremos esto, con Hugo de San Victor, a términos psicológicos: todos los placeres sensibles son buenos en sí, pero no debemos sumirnos en ellos como si se tratara del Bien supremo. Es necesario que, en nuestra búsqueda del Goce eterno, reconozcamos un reflejo de la Dicha divina e integremos en forma conveniente todos los goces limitados, pasajeros entreverados de amargura (...) Para el hombre lo ideal habría sido admirar primeramente la belleza de Dios en sí misma descendiendo a continuación a las innumerables formas que la reflejan. Pero en la presente realidad se trata, al menos para los perfectos, de ascender de la belleza de la criatura visible al elogio de la invisible belleza del Creador; se trata de no preferir aquélla a ésta. Pero la serpiente se oculta en la percepción de las formas sensibles para que nos sumerjamos en ella y olvidemos la belleza divina.”
La estética de la Edad Media, Edgar de Bruyne