Matisses
(Ignacio Alcocer Cordero, marzo 20 de 2026)
Así es esto de la dicotomía, así sus savias y sus abrasivos, a veces pálidas bicromias de proyección cavernosa, a veces laberintos de viñetas y cosmogonías prismáticas.
Así la persistencia de lo imantado, así sus albores polímatas, la fluctuación de sus lunes azules, sus cantares lusófonos repatriando corazonadas, sus tiernas neguetropías degollando el tiempo, pontificando destinos mitómanos, demiurgias insostenibles, antropogénicas, pero gloriosas. Así de abusivas sus cuerdas, así sus senderos de imperfectos, sus apariencias no visuales, su indulgencia nacarada, a veces alopesias vulpinas o desencantos postergables con esfumatos de obviedad y susurros de cuencos imbebibles.
Así de absurdo lo incipiente, así los axiomas de la distinción la crueldad del contorno, lo escorzado de la distancia, a veces hadas y ogros negaciones palaciegas a la muerte montañas con aroma crepuscular, topónimos de ocres asiáticos y oleajes mas ecuestres que llanos a veces tapicería de almas, cartonería monarca o alienígena explosiones isabelinas, dendriformes o escenarios bosquianos de atavíos córvidos, ebrios de espiritualidad.
Asi de barnizada la memoria así de corruptibles sus pigmentos, a veces auto-designios divinos, desnaturalizaciones escarlatas, seres merlinezcos, totémicos, efemerópteros como estrellas diminutos, iridiscentes, sobrevolando la limerencia y otros micelios junghianos. El oleo de un simulacro, símbolos que jamás formulé, encarnados en dos dimensiones, en sistemas bióticos auto-sostenibles desvaídos, pero imperecederos, una noosfera más pelética que verde de estribillos canosos, panegíricos, homenajes rosados y alabardas no contundentes.
Así el delirio de lo arabesco, así de gualdo y emplastado, la tenue candidez de lo mefítico, tan esencial como abstrusa, tan nómada como umbilical, títeres dentando ruido blanco provenientes de cosmo-visiones, de lo zafirino y lo nefrítico, enanas rojas, inasequibles, que burlan supervacíos monocromos.
Ese durazno con extremidades, con mitocondrias y pesadillas, sobre osamentas, bajo pelajes cautivo en una acuarela de frecuencias y de albedríos predigeridos de ideales albinos y repudios pardos con líquidos y abstracciones magnánimamente frágiles, entre lo pastel y lo sobrio, ante lo circunscrito, tras lo unicelular, sobre cortezas y bajo estratósferas.
Así las pinceladas del mundo, lo abodegado de los santiamenes, los pestañeos de los perpetuo, a veces dinastías compelidas y a veces hormigas voladoras. La objetividad llegando a su climax, a veces con espectativa del colibrí y ensimismamiento lacaniano a veces con balance espontáneo, a veces con vectores y derivas, parafilias granates, auto-retratadas cópulas abstractas sin consenso, contextos pleonásmicos de formas posibles ternezas catódicas, telepresentes con ánimas magentas y cianes prensando pseudo-verdades rentables.
Así las cosas que no llegan, bronceadas, vivas e inexistentes, así dejamos de pintar el aire, de personalizar el empeño con esqueletos percusivos y manos esputadas, migajas de circunstancias eufemistas, atractivas complicaciones articulares, lienzos apopados, deshidratables, extrofias hiperrealistas, y un exidio de trazos falsificables, de texturas no entendidas, con un ojo y tres sonrisas, sujetos empáticos que no existen, retorcidos y atonales, modernos y rupestres, que se preservan, como tatuajes cenizos, entre lo burgués y la vesania. Así las abstracciones de la memoria, tan inhóspìtas como ultramarinas, así sus pronombres codiciosos, a veces matisses picassianos, hogueras florentinas y fulgores sorollescos a veces testimonios efigiados de piedras y vibratos, de magnetismo y de plata, aires monetianos de sofocante clarividencia o distorsiones humanamente goyescas. Todas esas barreduras de renombre, todo esos pordioseros de lo sublime longitudes de onda contempladas desde el regazo de la oscuridad hasta las copas areniscas del poder, fraternidades inter-conciencia en un deseo de perspectiva pigmentable para quien siente, mefistofélico para quien difiere de auto-designios divinos con vilipendios violetas y sermones no locutados. Así la falsedad de lo tangible, así sus deidaes no binarias el brillo de sus rictis usurpables, guiños de trascendencia, destellos eónicos y arreboles, entre lo jornal y lo selene. Sus comorbilidades ágrafas hacinamientos dilucidantes, lucha sisífica entre ecuación y extasis, entre factos y trampas. Paisajes regresando de la muerte increpando a los vencidos, abdicando papilomas al progreso, a un futuro con peinado moderno, maquillado de armonías bien sombreadas, con medallas de vanguardia y barriga de imperio, xenofobias, narcoajustes, parricidios, bustos irreconocibles de Magdalenas sin sepulcro, decrementos anaquitas, al aura de lo único mascullando capital, el agua de Tales vaporizando fuegos heráclitos, execraciones carnavalezcas, anécdotas cruciformes, espiritualidad heliotropa, josefinas siempre devotas, caricaturas de realismo heróico, banquetes de simetría con sabor a sesgo, fantasmas en máquinas perfectibles y paremiologías ignacianas.
Así mis execraciones del espíritu mi fenomenología sarcolina de pronto tetraedros polemistas de pronto persecuciones bólidas. Así mis paletas saquedas mis refulgencias dilutas donde nunca compendiaré esas franjas iridiscentes y su castaña candidez. Desde próceres odiséicos hasta centauros en casas flotantes flores inconclusas, atérmicas apopadas solo en otoños de azafrán, y que son a veces lectivas y a veces brutalmente moradas. Así es esto de la lucidez que viene y va de lo jovial a lo crudo de lo niveo contra lo escurano y de la síntesis galante al adefesio infecto en tan solo un par de verdes, esta chispa de vibración retinal, estas historietas de trascendencia, vertederos cristalinos de conciencia de espejismos representables depravados pero insenescentes tan eternos como el otero a la crisálida como el jardinero al pensamiento como la constelación al homínido. Así esta vida en tonos degradados estas sombras sin profundidad cautivas de muros, libres de épocas esta consagrante redimensión, en erotismo brumoso o puntual acritud, esta realidad trabajada al carbón, en ornamentos y deconstrucciones, vedetismos y colapsos de obsesión, incidentes formales, irrepetibles, volumétricos, pero insoslayables bocetando un existencia ciega, de figuraciones omniscientes desde la sospecha hasta la eminencia de lo anfibio a lo pleyadiano, intentando esbozar un símbolo, arrinconar una sola universalidad desde la célula primordial y el oscurantismo embrionario hasta los túneles de la catalepsia, las estancias post-clínicas y la implosión absoluta de los sentidos. · • —– ٠ ✤ ٠ —– • ·










