No soporto seguir viviendo, solo quiero que acabe, no me importa la forma en que muera, a nadie le importo no puedo soportar esto, no valgo la pena.
Estoy en el borde de la azotea, lo único que falta es saltar y todo terminará.
En ese momento aparece una persona corriendo y me grita:
“¡¡No saltes!! ¡¡Te queda mucho por vivir!!”.
Ignorándolo me tiro al vacío y mientras caigo veo que él con una sonrisa en su rostro dice algo, pero no logro escuchar. No importa, ya queda poco para terminar con ella.
Mientras caigo voy contando los segundos para sentir como mi caída se detiene.
“Cinco… cuatro… tres… dos… un….”
“¿Qué… qué está pasando?”
De alguna manera no sentí el impacto contra el suelo y pude ver que estaba inmóvil en el aire a unos pocos centímetros del suelo mientras que lentamente mi cuerpo ascendía hasta la azotea, donde él estaba.
Ahí, sonriendo y diciéndome:
“No morirás ahora, pero pronto lo harás.”
Exaltado y abrumado, despierto gritando al mismo tiempo que mi madre entra en mi cuarto.
Asustada me pregunta sobre que me había sucedió para que gritara de esa manera.
(Mamá) “!Hijo, estás bien que te sucede¡”
“Nada mamá, no pasa nada, solo era un pesadilla.”
(Mamá) “Debió ser una pesadilla muy fea para que gritaras de nuevo. Apresúrate ya preparé el desayuno.”
Mientras me cambiaba pensaba que era extraño, había tenido la misma pesadilla dos días seguidos.
Quizá tenga algún significado, ahora mismo no tengo idea, pero puede que luego se me ocurra algo.
Siempre de camino al instituto paso por la casa de Julia, mi amiga de la infancia, a ella le gustaban las historias de terror, los creepypastas y ese tipo de cosas, en fin, me sentía seguro para contarle mi sueño.
Ese era uno de los motivos para contárselo, además se encontraba estudiando psicología, por lo que me diría si estuviese mal de la cabeza o algo así.
Después de contarle mi pesadilla, me dijo que era normal, que ocurriese que una persona tenga el mismo sueño dos veces seguidas. Sus palabras me tranquilizaron bastante por el resto del día.
Hasta el momento en el que tuve de nuevo ese sueño, pero esta vez fue algo diferente.
Día 2
NO FUE DE CASUALIDAD.
Esta vez no estaba por saltar de la azotea, sino que estaba sentado en un banco, en la plaza de la ciudad, a mi lado se encontraba esa persona, recuerdo que estábamos hablando, no me acuerdo de qué tema precisamente pero, de toda la conversación no voy a olvidar las palabras que me provocaron intranquilidad.
“No fue de casualidad, tus sueños anteriores no mienten, YO no miento, tú morirás dentro de poco, y yo observaré como sufres mientras tu vida comienza a esfumarse, nos vemos, ah y una cosa, no podrás escapar por más que lo intentes”.
Así se despidió, de una manera educada y cordial, como si quisiera evitar que lo que decía se cumpliera, o al menos fue como lo sentí.
Al día siguiente me despierto normalmente, como si no hubiese ocurrido nada. Me sentía aliviado al no despertar con un grito, pero, esas palabras no dejaban de resonar en mi cabeza, tenía que hacer algo para olvidarlas. Pensando en una forma de olvidarlas me encuentro con Julia que me estaba en la cocina de mi casa y le pregunto que hace aquí.
(Julia) “Ya lo olvidaste, hoy tenemos el día libre y tus padres no están, el otro día te pregunté si podía que darme contigo y dijiste que sí”.
(Yo) “(Mierda, lo olvidé por completo) Claro que lo recuerdo, acaso crees que podría olvidar algo”.
(Julia) “Mierda, lo olvidé por completo. Acabas de pensar eso ¿no?”
(Yo) “Acaso puedes leer mentes”
(Julia) “No, pero te conozco desde que somos niños
(Yo) “Está bien tú ganas, por cierto, sobre el sueño”
Después de contarle lo que sucedió, me recomendó que hiciera caso omiso a los sueños y que era creados por el estrés que suelen provocar diversos trastornos físicos y mentales. Seguí su consejo y dejé de poner atención en mis sueños.
Fue una mala idea ignorar mis sueños, ya no puedo pensar en otra cosa más que en ellos, debo encontrar la forma para olvidarlos, lo que sea, pero no quiero pensar en ellos.
No tengo muchas opciones, así que tomaré la más sencilla de momento, no dormiré hasta que encuentre un solución.
En casa tenía varios libros sobre los sueños y le pedí a Julia si me podía ayudar a leerlos por si había algún dato que llamara la atención.
Pasamos cuatro horas leyendo y releyendo sin conseguir nuestro objetivo, estábamos exhaustos y no podíamos seguir.
Julia se había quedado dormida con la cara en los libros, así que la llevé a mi cuarto, la acosté en mi cama y yo seguí buscando en los libros.
De entre todos ellos había una libreta, la qué tenía anotada los sueños de los pacientes de un hospital psiquiátrico.
Comencé a leerlo por curiosidad, sorpresivamente los pacientes de esa libreta eran todos recién ingresados, adolescentes en su mayoría, muertos pocos meses después de entrar, además de que todos habían tenido el mismo sueño, con la misma persona.
“De alguna forma, no debo dormir”
Me decía a mí mismo una y otra vez para no caer de cara a los libros y luego despertar al día siguiente. Sin embargo mis intentos fueron en vano y terminé en un profundo sueño.
“De nuevo aquí… no he estado aquí antes pero… este lugar… me es familiar”
“Llegas tarde, muy tarde… por eso no morirás, pero te aseguro de que…..”
De repente había dejé de oír su voz y esta vez mi sueño no terminó, solo seguía ahí parado en ese desierto lugar, sin nada que hacer o pensar, como si no tuviese voluntad y observara lo que mi cuerpo hiciera, era como estar y al mismo tiempo no estar.
Sinceramente no tengo idea de cómo desperté, o de si acaso desperté, desde ese momento me sentía intranquilo cada vez que observaba a Julia, igualmente le conté el sueño y de la libreta.
Cuando le mostré la libreta pude notarla ansiosa y al mismo tiempo parecía sentir curiosidad sobre los pacientes y su tiempo de muerte, el hospital y la persona misteriosa.
El hospital se llamaba LA CASA DE LAS FANTASÍAS, tenía ese nombre porque cuando ingresaban a un paciente, éste no sabía que era un psiquiátrico.
El tiempo de la muerte de los pacientes no llegaba a los treinta días y no superaban la edad de los veinte años. Y por último ninguno pudo describir la apariencia de la persona misteriosa, cosa en la que yo tampoco había caído hasta habérselo dicho.