Eras el panquecito de todas mis mañanas te fuiste y ahora mi castigo es el ayuno.
Villasmil
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Eras el panquecito de todas mis mañanas te fuiste y ahora mi castigo es el ayuno.
Villasmil
Misiva de un extraño para nadie
Últimamente cuando recurro a ti en palabras ya no te pregunto Doy por seguro que soy yo el que no estoy
Solamente es que ya no encuentro el separador de la hoja en blanco para como antes desbordarme y beberte
Me topo con la idea poco vagabunda de goteras en el techo de coladeras inundadas de sapos en las tuberías de tu corazón lejano de mi desolada lluvia
Me encuentro con besos que extraviaron el norte en algún lugar de febrero con nostalgias en minúscula y cursiva sin nombre con primavera voluble y solitaria desconcertada
Ya no te pregunto Porque no hay respuestas de refugio Porque los sordos solo hablaron tu partida en incoherencias en indicaciones de media palabra Porque la tanta ausencia de luz se incrusta de lleno en la pupila
No es para sorprenderte Sigo siendo el niño de invierno El sopla burbujas El que entrega de lleno el pecho descubierto a las primicias El velerito que no obedece al viento El que se empeña más en ayer que mañana El que inocentemente intenta comprender en qué momento
tu compañía se hizo recuerdo…
*
De Hace veinticuatro sombras (2012)
Cuatro Veces Heroica Puebla de Zaragoza a 22 de mayo de 2018
Mi niño Chávez:
En esta te escribo para contarte de lo más interesante, un nuevo aprendizaje que añadir a los que me ha enseñado tu ausencia. Y ya no debo decirlo más porque nada lo grita como una carta, pero: te extraño, quiero volver a estar a tu lado; quiero volver a besarte y escuchar tu respiración agitada después; quiero verte sonreír; quiero escuchar tu voz y que me cuentes de tu vida mientras permanezco atento. Dime algo de ti, hazme saber que estás bien y me harás el ser más feliz.
No significa: no, supongo. Analizo la idea una y otra vez; contigo no se aplica —si en algún momento llegaste a pensarlo—, tú no me diste una negativa, si acaso tuve que leerla entre líneas o asumirla al través de tus acciones. ¿Hubiera preferido el no? Tener que aprender a lidiarlo; y la ventaja, si me arrimaba al apego, como siempre sería tuya. Tú me otorgaste la esperanza de una promesa lejana. Una “suspensión” ¿durante cuánto tiempo? No lo sé, ni siquiera tengo la certeza de algún día saber cuándo termine esa espera.
Hoy en el gimnasio D. me invitó a cenar, acepté, de primeras porque creí que no seriamos solo él y yo. Iríamos a un sitio al lado de la carretera, no lo supe hasta que estábamos ahí; y luego me vendría a dejar a mi casa, nada de novedad en eso. Pero sucedieron dos situaciones que me pusieron muy analítico; juzga tú:
a) Llamamos la atención de las personas en el local de comida y me puse muy incómodo, menos por la mera razón de las miradas que por el hecho de haberme percatado de ellas.
b) Intento besarme: a la fuerza.
Hablemos del acontecimiento uno: se trata de instante de iluminación. El aprendizaje de valorar, más de comparar en realidad, surgió para golpearme como una ola. Hace algunas cartas te dije que el orbe desvanecía su significación en la nada cuando me encontraba junto a ti; la proposición anterior se me afirmó cuando entramos D. y yo al comedor, acaeció que a pesar de mi ligera ceguera, notaba que de vez en vez, hombres y mujeres en las mesas a nuestro derredor se detenían a mirar la nuestra, suceso fugaz, así que decidí no otorgarle demasiada atención. Momento que arrancó reacción de mi parte fue en nuestra salida, cuando se obviaron todas las almas en el recinto: meseros, cocineros y hasta los vieneviene que estaban cerca de la entrada, los ojos fijos me quemaban la ropa y me desnudaban. Me sentí: obvio.
Nos refiero a ti y a mí, entrando y saliendo del café, no recuerdo si había mucha gente; los escasos besos bien plantados en la jungla que es el gimnasio; el atasque dentro de tu coche, frente al puesto en donde se amontonaba la gente, todos se dieron cuenta de que éramos dos hombres dándose un beso apasionado, aderezaste la situación gritándome “PUTO” antes de que cerrara la puerta del auto cuando me bajé; me lanzaste un sonrisa sublime como las que puedes y caminé feliz hacia mi casa, sin pensar o siquiera mirar las reacciones de nuestro público. Anoche no sucedió eso.
De nuevo: No significa: no. Lo segundo sucedió en el coche de D., cuando estábamos afuera de mi casa. Le dí las gracias por la comida y me quise despedir de él con un abrazo —un apretón de manos, como los que le doy siempre, me pareció demasiado formal y un beso en la mejilla demasiado comprometedor—, opté así por una estrechamiento rápido, un estrujón y fue en ese instante cuando se prensaron sus brazos a mi cuerpo, me dio un beso en la mejilla y luego otro y otro, con cada uno se acercaba a la comisura de mis labios, los que son solo tuyos; me pude soltar y cuando alejé mi cara acercó la suya para intentar de nuevo robarme algo que jamás será suyo, me reí de nervios y pude decir “No quiero”, otra risita se me escapó y salí rápido del auto. A la mitad del trayecto a la puerta de mi casa bajó su ventanilla para hacerme una nueva invitación, para que saliéramos mañana. No puse atención a nada de lo que berreó, asentí con ademán y me metí.
Ahora deseo con unas ganas que no puedo describir que estés aquí; que le digas algo, que pongas un alto, menos por mi inhabilidad para defenderme que por el goce de verte a ti haciéndolo. ¿Lo harías o lo dejarías pasar por la nula competencia que D. tiene contigo? Al poco rato me envió unos mensajes, esperando que pudiera perdonar su “broma”. ¿Invadir el espació personal de alguien es una broma?
Es muy tarde, la noche se agota pronto y el cielo se nutra de luz. Me despido, con dos besos. Ojalá alguien allá te esté besando, para que esos labios no se marchiten y se mantengan activos.
Tuyo S.
P.D: ¿Y qué más?
Conozco de ti lo que tus letras quieren dar a conocer. Y así de simple es que podemos ser cercanas.
Mi amiga Glore
Cuatro Veces Heroica Puebla de Zaragoza a 1 de junio de 2018
Señorito Emilio:
De verdad me gustaría ser una persona que tú fueras capaz de amar. Seguido me castigo por no saber de tus gustos, de tus preferencias y necesidades.
Leí que cada uno de los sentidos, oído, vista, olfato, tacto, gusto tienen una memoria y que cada uno de ellos memora diferente que el ulterior ¿Quieres saber cómo te recuerdo? Los que principian son fáciles, y aun puedo estimularlos, el primero con las notas de voz que conservo y el segundo con las imágenes que tengo. Los tres siguientes carecen de memoria tangible, pero son más duraderos sus recueros. El olor a loción que transpirabas aún me llega en la calle, a veces voy absorto, vagando mecánicamente y de pronto apareces, en el aire, un instante y luego te vas. Mi tacto es el que adolece seguido, es imposible recrear tus músculos, tu piel, tu pelo, tus mejillas, el vello de tu trasero, tu miebro rígido, tus abrazos, tus besos. Gusto de ti en el café que me preparo en las mañanas; en el bálsamo de labios de menta; la ambrosía de tu saliva, quizá algún día vuelva a probarla.
He querido llamarte de usted, no por respeto como dicta la costumbre, sino porque usted ya es un hombre, o a mí me lo parece al menos; bello espécimen latino, pelo negro, piel de piñón, viril altura, extremidades férreas y ese derrière inmenso que mi lengua quiere recorrer.
Me despido, agitado de excitación. Cuéntame cómo te va, allá en donde el cielo es más grande. Dos besos.
Te piensa S.
P.D: ¿Y qué más?
ADVERTENCIA PARA MI DESTINATARIO ORIGINAL
Te escribo todo esto, no esperando adueñarme por completo de tu mente y que solo pienses para pensar en mí, sería un acto de egoísmo cruel. Yo quiero que la estés pasando bien y haciendo las cosas que te proponías para tu viaje. Yo hago lo propio aquí. Pero de vez en cuando me tomo mi tiempo, porque me nace, para escribirte; no espero que esta acción sea recíproca: no pido la luna, acaso un poco de tu atención. Que te tomes unos minutos para leer estas melancólicas misivas, y que te vayas a la cama con una sonrisa —espero tener aún el poder de sacarte alguna—, con plena conciencia de que alguien te piensa como yo: con intensidad, con drama, con poesía. Lograste trascender en la vida de otro sujeto, la mía. Aterrizaste, quizá por accidente, quizá de emergencia y no quiero que te vayas sin que sepas lo que dejas atrás. Lo que menos que otra cosa deseo es sofocarte y es por eso que redacto en este formato y no te envió unos sencillos mensajes con máscaras amarillas, esos arlequines que nunca transmitirán emociones con la ferocidad con la que lo hace un enunciado. Estas cartas escritas con lentitud pensativa, reflexiva, buscan la precisión en cada palabra, en cada párrafo. Con intención de que las percibas no como debilidad sino como fortaleza; porque esto soy yo, así es como destaco, es lo que te puedo ofrecer y si mi estilo no te gusta o lo encuentras banal, anticuando, no tengo parte en esta relación. Me rebelo contra ti de esta manera, intentando llegarte, robando y apoderándome de tu pensamiento para que te acuerdes un poquito de mí, de lo que pude o podré ser.
Mayo, 2018
Cuatro Veces Heroica Puebla de Zaragoza a 3 de junio de 2018
Emilio:
Quiero consumirme en la lumbre de tus ojos.
Hoy desperté en la madrugada, estaba ardiendo de calor, dormitaba todavía. La iluminación lunar le daba a los muebles un destello plata apenas perceptible y la atmósfera se sentía canicular. Mi corazón latía veloz y tenía la sensación de alas en el estómago. Entonces comprendí que me privó del sueño una necesidad, también pude adivinar cuál era aquella, de naturaleza instintiva, una prueba: me había despertado en mitad de la noche.
Mis muslos temblaban, los parpados pesaban de sueño, pero al instante de cerrarlos algo estaba obligándome a permanecer despierto. Noté —mis mejillas se ruborizan de pensar en lo que voy a referir— que Príapo estaba levantado, un peso desconocido lo apretaba. Lentamente, en completa sincronía con mi cuerpo, pasé a un estado —por poner un adjetivo— elevado, no habría podido comunicar con palabras qué quería, pero sin duda lo sabía. El trabajo de vaivén hacia lo suyo a un ritmo constante, poco a poco se agitaba y se apresuraba. Mi mente en vorágine concupiscente recreaba tu imagen con tanta veracidad que parecías estar en físico sobre mí. En un instante cercano a la cima del placer, mi mano derecha estranguló mi cuello mecánicamente, acción de lo más extraña porqué no es lo acostumbrado, quizá influenciado por algo que ví en alguna parte. Descargado, parecióme que una tranquilidad se acostó sobre mi pecho. Cerré los ojos y volví a mi sueño en un segundo.
“Quiero estar a tu lado, quiero abrazarte, quiero hacerte mil caricias, quiero consumirme en la lumbre de tus ojos” le escribió José Clemente Orozco a la niña Refugio de doce años, al través de muchas cartas la persigue y la acosa con su obsesión ¿Estos textos te molestan a ti? Espero ser más considerado que el pintor. Un fuerte abrazo.
S.
P.D: ¿Y qué más?
Pasa el tiempo y te amo más, aunque de modo diferente. Amo tu recuerdo y de haberlo hecho tan puramente en el tiempo en que te conocí, jamás habría permitido que lo nuestro existiera bajo la marca del perjurio. No me perdono habernos llevado a tal deslealtad, aunque al hacerlo te hubiese estado amando con todas mis fuerzas. Fui un necio. Necio y mil veces necio. Tú no merecías ser la amante. Él no merecía tus engaños. Yo no merecía tu amor. Nos fallé terriblemente... Y me pesará por el resto de mis días.
—En una carta jamás enviada, Ca. MMXXIII.