Solo con recordar esa noche puedo volver a sentir la respiración de él por primera vez, cerca a la mía, en la oscuridad. Tenerlo a esa distancia marcó un antes y un después. Pasé el día pensando en él, en cómo me miraba, en mis ganas inexplicables de verlo, en su mano entrelazada a la mía, en cómo estaba vestido, en lo que nos habíamos dicho, en como yo no le soltaba la mano, en cómo se quedó concentrado en mis ojos. Me preocupaba el desenlace, tenía mucho miedo de que a él le incomodara lo que había pasado y no me viera como antes.
Obviamente yo ya no iba a poder ignorar lo que había pasado no iba a poder actuar como si nada.
Quería saber que había llevado a él a acercarse tanto a mi, porque quería encontrar la manera de volver ahí:
a centímetros de él.


















