ARON, Ojalá — Madrid, 11.03.2022
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ARON, Ojalá — Madrid, 11.03.2022
Mausoleo
Querido diario, perdón por no escribirte en mucho tiempo.
Perdón por olvidarme de ti, y de muchas otras cosas a las que quizás, le he restado atención o importancia.
Pero es que no la estoy pasando muy bien.
Todo ha estado mal conmigo últimamente.
Las cosas se me caen de las manos.
Se me resbala el tiempo. Se me van las palabras. Los nombres.
Apenas y recuerdo quién soy.
He perdido el contacto con la experiencia de las cosas que creía y, sentía, eran muy mías, muy propias.
No es como si hubiera vuelto a nacer; es más bien como si hubiera perdido la memoria de quién soy, de quién solía ser.
Como si una parte de mí, se hubiera muerto o roto, o estuviera dormida todavía, muy en lo profundo de mí.
Es por eso que debo decirte que me he sentido perdido. Confundido. Torpe.
Es cierto que también hay momentos en los que no puedo parar de pensar en ella.
En los que la extraño tanto que, mirar hacia cualquier rumbo o dirección, me hace recordarla.
Cuando cocinaba para ella. Cuando cocinaba para mí.
Cuando desayunábamos juntos. Los momentos mágicos en esas risas incomprendidas y además, nunca antes exploradas ni experimentadas.
Recuerdo que solía cantarme. Susurrarme.
Su sonrisa. Cuando acariciaba mi rostro. Y lo bien que eso me hacía sentir.
Las mañanas en casa mientras escuchaba indie folk music center y preparaba el café.
Era mi gesto de los buenos días.
Ordenaba mi habitación o me ponía a leer.
A veces salía por los tamales o al café del Oxxo.
No sé por qué razón, le gustaba tanto.
El recuerdo de mis largos fines de semana...
Ahora luce lejano y como un sueño pasado. Distante con un frecuencia y corriente...
A veces me siento sólo.
Siento como si no tuviera a nadie con quién contar. Platicar. Con quién pudiera confesarme.
Lo que me está pasando, aquí dentro. Sucediendo.
El cómo me hace sentir.
Cómo mi mundo se torna a ratos oscuro, denso, doloroso. y se derrumba conmigo en él.
Tampoco es como si me sintiera cómodo, hablando sobre ciertas circunstancias .
Me pasa que al terminar de contar, algunas veces me siento estúpido o juzgado, o culpable.
Cómo si las razones que me orillaran a actuar de la manera en la que actúo, debieran ser explicadas, justificadas y comprendidas por alguien más.
Aún cuando así lo hago, eso no aligera la carga. Mi sentir, mi pensar, ni la forma en cómo me siento respecto a las personas y a las circunstancias.
El cómo reaccionan respecto a mi expresar. Sentir.
Será ,tal vez, la estúpida condición humana.
Que somos contradictorios, barrocos.
Que la única expresión real es la del amor. Que pocos son capaces de amar o, de llegar a ese estado puro, propio, llamado amor.
No es como si fuera que uno pudiera llegar a ser totalmente honesto con las personas.
No es como que pueda abrirse libremente y mostrarse.
Tampoco era como sí, por el simple hecho de expresarte, pudieran comprenderte.
Nos han dicho que cada uno tiene su particular visión sobre el mundo. Su particular grado de entendimiento.
Que cada quien elije como actuar y/o comportarse y vivir ante ciertos fenómenos.
Hecho que explica la mezquindad, la cobardía y la estupidez, netamente humanas.
A veces ni siquiera esperan a que termines de hablar para interrumpirme y comenzar a hablar sobre ellos.
Sobre lo qué creen. Lo que piensan. Sobre el cómo deberías haber actuado o comportarte.
Lo cuestionan todo.
El por qué elegiste esa decisión.
Si los escuchas, terminarán haciéndote creer que te has equivocado. Si no los escucha, terminaran por hacerte creer que te has equivocado.
No se puede ser sincero, abrirse al mundo y demostrarse tal y cual se es, lo que hay en ti.
Es cosa de esperar... De aceptar. De encontrar momentos...
De lo contrario, la gente termina por apartarse.
Dirán que eres un intenso. Que estás loco.
Qué irónico... !tienen razón!.
Pero el amor lo puede todo. Y aunque ninguno de nosotros sepamos amar. Un buen abrazo, fuerte, sincero, cariñoso, es capaz de borrar ciertas cosas.
Ponerte en modo reset.
Por eso es que he venido a escribirte. Porque sé que tú no vas a decirme nada. Sé que no vas a opinara ni a juzgarme. Ni vas a intentar convencerme de lo equivocado que estoy o de lo que puedo llegar a estar.
A veces la confusión viene de eso, de no saber cuál de tantas situaciones que me está ocurriendo, es la que estoy extrañando.
Sí es a ella o a ti. O mi anterior empleo.
Si es simplemente el echo de que me extraño a mí mismo y a quién solía ser.
La vida que solía tener.
Es quizás ese intento por reconstruir ciertos detalles de tu vida que de una forma u otra, se siente vago, forzado. Artificial. Quizás es porque así se siente la muerte; tu ausencia.
Extrañar tanto, hace sentir a ratos que te falte el aire. Que se te olvide respirar. Es como una presión sobre el pecho y sobre el cuerpo que está ejerciendo todo el tiempo. Es como querer salir corriendo. Huir a un lugar donde nadie sepa de ti, nadie te conozca y puedas estar solo y en paz con tu sentir. Con tus pensamientos
Donde no exista ningún tipo de obligación.
Donde todo pueda ser hecho sólo por gusto y por placer.
Cuando esos ataques me llegan, me imagino en el corazón de los andes. En la cima de una montaña. Viviendo una de esas historias donde siempre está nublado.
Donde no existe la responsabilidad y puedes, sí así lo deseas, sólo permanecer tirado en tu cama. O salir a dar un paseo y perderte. O irte de la ciudad y borrar todo rastro tuyo.
A veces quisiera que pudieras estar aquí conmigo.
Volver.
Que pudieras sentirme. Leerme. Que me comprendieras de esa forma tan cariñosa en la que solíamos comprender, cuando éramos niños.
Con ese entendimiento puro, delicado, sensato, consciente.
Por ahora soy un reloj al que sus manecillas le corren extraviadas como las hélices de un helicóptero.
A esa velocidad, todo comienza a despegar del suelo.
Vuela.
A ratos la corriente del tornado me sujeta y me sumerge en su feroz naturaleza y me somete por el suelo. Otras veces me toma por el aire. Pero siempre, el resultado de su fuerza es intempestivo, salvaje, primitivo.
Me ahogo en las vueltas. En el eco del tiempo. En los relojes del mundo. En su sinsentido. En la espiral.
Me mareo. Me aturdo. Me desoriento.
Luego termina de girar. De arrasar y de sacudir todo a su paso.
Y una vez más, estoy o, me siento en el suelo.
Termino por suponer que algo así es normal.
Que ese es el ciclo habitual de las vueltas que me ha tocado vivir en este momento.
Que en cuanto he conseguido ponerme de pie, el tornado está nuevamente muy cerca de mí, a punto de engullirme.
Y entonces, mientras me agito, mientras me envuelvo, y me desenvuelto, me elevo -en pleno vuelo- en mi vuelo. Que termino por convertirme en un oleo; mi propio mausoleo.
CINE Ocho y medio (1963) Título original: 8 1/2 Italia Dirección: Federico Fellini Idioma: Doblada al Español
Atención: Solo para ver en PC o Notebook Para ver el Film pulsa o copia y pega el Link: https://memoriasdelcafe.blogspot.com/2025/04/ocho-y-medio-1963.html
Reparto: Marcello Mastroianni. Claudia Cardinale. Anouk Aimée. Sandra Milo. Rossella Falk. Barbara Steele. Mario Pisu. Guido Alberti
Género: Drama. Comedia | Cine dentro del cine. Surrealismo.
Sinopsis: Después de obtener un éxito rotundo, un director de cine atraviesa una crisis de creatividad e intenta inútilmente hacer una nueva película. En esta situación, empieza a pasar revista a los hechos más importantes de su vida y a recordar a todas las mujeres a las que ha amado.
Críticas: "Hilarante y acumulativamente original (…) Lo más maravilloso e inventivo que ha hecho nunca" -Jonathan Rosenbaum: Chicago Reader
Posición en rankings FA: 16 Mejores películas italianas de todos los tiempos 32 Mejores películas de comedia 34 Mejores películas de los años 60 148 Mejores películas de drama
Premios: 1963: 2 Oscars: Mejor película de habla no inglesa, vestuario. 5 nominaciones 1963: Premios BAFTA: Nominada a Mejor película 1963: Festival de Cannes: Sección oficial (Fuera de competición) 1963: Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director 1963: National Board of Review: Mejor película extranjera 1963: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera
RESEÑA EN EL CAFÉ
Sinopsis y contexto Ocho y medio sigue a Guido Anselmi (interpretado por Marcello Mastroianni), un director de cine italiano en crisis creativa y personal. A sus 43 años, Guido está intentando rodar una nueva película, pero se encuentra bloqueado, atrapado entre las expectativas de productores, actores, su esposa Luisa (Anouk Aimée), su amante Carla (Sandra Milo) y un torbellino de recuerdos, fantasías y presiones internas. Mientras se refugia en un balneario para descansar, su mente divaga entre el pasado (su infancia católica), el presente (su caos emocional) y visiones surrealistas que mezclan realidad y ficción. La película lleva el título 8½ porque Fellini, al hacerla, había dirigido previamente seis largometrajes, dos cortometrajes (que cuentan como uno) y una codirección (media película), sumando un total de "ocho y medio" proyectos antes de este.
Dirección de Federico Fellini: El genio en su apogeo Fellini, conocido por su estilo barroco y su habilidad para fusionar lo onírico con lo cotidiano, alcanza aquí la cima de su carrera. Ocho y medio es una obra profundamente autobiográfica: Fellini mismo estaba enfrentando un bloqueo creativo tras el éxito de La dolce vita (1960) y usó esta película para exorcizar sus demonios. Su dirección es magistral porque logra convertir una crisis personal en una narrativa universal, utilizando un enfoque fragmentado pero coherente.
El ritmo de la película es deliberadamente caótico, reflejando la mente de Guido. Fellini no teme romper las reglas del cine narrativo tradicional: no hay una trama lineal estricta, sino una serie de episodios que se entrelazan como un sueño febril. Esta estructura podría haber resultado confusa en manos de un director menos hábil, pero Fellini la sostiene con una mezcla de humor, melancolía y una energía visual deslumbrante. Su uso de transiciones entre realidad, memoria y fantasía es tan fluido que el espectador apenas nota los límites, lo que refuerza la idea de que la vida de un artista es un collage de experiencias internas y externas.
Actuaciones: Marcello Mastroianni como alter ego de Fellini Marcello Mastroianni ofrece una de las interpretaciones más icónicas de su carrera como Guido Anselmi. Con su aire de cansancio elegante, sus gafas oscuras y su sombrero, Mastroianni encarna a la perfección al hombre atrapado entre el encanto y la desesperación. Su Guido es a la vez carismático y patético, un seductor que no puede seducirse a sí mismo. La química con el resto del reparto, especialmente con Anouk Aimée (Luisa) y Sandra Milo (Carla), aporta profundidad a las relaciones fracturadas del protagonista.
El elenco secundario es igualmente brillante. Claudia Cardinale, como Claudia, la musa idealizada de Guido, aporta una presencia etérea que contrasta con las figuras más terrenales de su vida. Cada actor, incluso en papeles menores (como el crítico pedante Daumier, interpretado por Jean Rougeul), está perfectamente calibrado para reflejar las facetas de la psique de Guido y, por extensión, de Fellini.
Estilo visual: Un festín barroco La fotografía en blanco y negro de Gianni Di Venanzo es una obra de arte en sí misma. Cada plano está compuesto con una precisión que roza lo pictórico, utilizando contrastes de luz y sombra para enfatizar el estado emocional de Guido. Las escenas oníricas, como el famoso "harem" donde Guido imagina a todas las mujeres de su vida sirviéndolo, o la secuencia inicial del atasco de tráfico y su "vuelo" onírico, son visualmente impactantes y han influido en generaciones de cineastas.
Fellini llena la pantalla con detalles: multitudes, rostros expresivos, vestuarios extravagantes. Su estilo barroco no es gratuito; cada elemento visual contribuye a la sensación de saturación que siente Guido. La escena final, con su desfile circular de personajes al son de una banda, es un ejemplo perfecto de cómo Fellini transforma el caos en armonía, sugiriendo una reconciliación con la vida y el arte.
Banda sonora: Nino Rota y el alma del circo La música de Nino Rota, colaborador habitual de Fellini, es esencial para el tono de Ocho y medio . Rota mezcla marchas circenses, melodías melancólicas y fragmentos operísticos para crear una banda sonora que oscila entre la alegría y la nostalgia. La música no solo acompaña la acción, sino que actúa como un comentario emocional, subrayando los altibajos de Guido. El uso de "La marcha de los gladiadores" en la escena final es particularmente memorable, evocando el circo como metáfora de la vida y el cine.
Temas: El arte, la culpa y la identidad Ocho y medio es, ante todo, una meditación sobre la creación artística. Fellini explora el tormento del artista que siente que no puede cumplir con las expectativas (las suyas propias y las de los demás). Guido está paralizado por la presión de hacer una obra maestra, pero también por su incapacidad para ordenar su vida personal. La película plantea preguntas profundas: ¿Qué significa ser auténtico en el arte? ¿Es posible separar al creador de su creación?
Otro tema central es la culpa católica, un eco de la infancia de Fellini en la Italia rural. La figura de Saraghina, la prostituta que baila para los niños en la playa, y las reprimendas de los curas simbolizan el conflicto entre deseo y moralidad que persigue a Guido. Asimismo, la relación con las mujeres —esposa, amante, musa— refleja su lucha por encontrar un equilibrio entre idealización y realidad.
Finalmente, Ocho y medio es una celebración de la vida en su desorden. La escena final, donde Guido abraza sus imperfecciones y dirige a todos los personajes de su vida en un desfile, sugiere que el arte no necesita ser perfecto, sino honesto.
Impacto cultural y legado Desde su estreno, Ocho y medio ha sido aclamada como una de las grandes obras del cine. Ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera y ha inspirado a directores como Woody Allen ( Stardust Memories ), David Lynch y hasta Martin Scorsese. Su influencia se extiende más allá del cine: el término "fellinesco" se acuñó para describir cualquier obra que combine lo surrealista con lo humano de manera extravagante.
Sin embargo, no hay ninguna crítica. Algunas la encuentran autoindulgente, un ejercicio de narcisismo por parte de Fellini. Aunque este argumento tiene mérito —la película es descaradamente personal—, su genialidad radica en transformar esa introspección en algo universalmente identificable.
Conclusión Ocho y medio es una obra compleja, hermosa y profundamente humana. No es una película para todos: requiere paciencia y disposición a sumergirse en su caos. Pero para quienes la abrazan, ofrece una experiencia única: un retrato del artista como un ser frágil, contradictorio y, en última instancia, redimido por su propia imaginación. Fellini no solo creó una película sobre hacer cine; Creó un espejo donde se reflejan nuestras propias luchas por dar sentido a la vida. Es, sin duda, una obra maestra atemporal.
Gracias por vuestra atención!
Julio César Pisón Café Mientras Tanto
E una festa la vita. Y von Fellini se disfruta mucho más #ottoemezzo #federicofellini #marcellomastroianni #anoukaimee #ochoymedio #ninorota #cinemaitaliano #film #top #life #bnwmood #cine #domingo #sunday #verano #chivilcoy #igersbsas #architecture (en Teatro El Chasqui) https://www.instagram.com/p/B8p1et_AX8D/?igshid=9jo1jrprfguw
Anoche fue un #conciertazo con mayúsculas de @annibsweetofficial madre mía como canta, te pone los pelos de punta @sala_but #ochoymedio aquí cantando con @noni_meyers de @lorimeyersband #eltiempo de #universoporestrenar #annibsweet https://www.instagram.com/p/B47jU3LIA1o/?igshid=f93t1h8tnj9y