@pvntodefvga
Tres años… transcurrieron desde el insólito acontecimiento, nublado de misterio y una falta de base científica. Expertos del mundo cruzaron sus teorías, sin hallar una clara explicación a la desaparición del 2% de la población mundial. Lyra Finnursdottir, una de las incalculables víctimas, unió el destino entre ambos hombres. Ólafur, matemático en Cambridge, viajó durante las últimas extensas horas en avión para aterrizar en la frialdad de Canadá.
El vapor se escapó de la humeante ducha, su cuerpo húmedo y limpio. Finnursson, con el pelo mojado, secó torpemente los tramos de piel expuesta y dejó la toalla descansando sobre el radiador del baño. Pasó la mano por el cristal, desborrando la imagen distorsionada y descubriendo su rostro. Perfiló lentamente los mechones de su cabello, mientras los músculos de su cuerpo se relajaban tras el viaje.
Una ducha caliente fue el remedio perfecto. Respiró profundo y optó por abrir la puerta, encontrándose con el pasillo que daba acceso a la habitación de invitados. Las orbes del islandés se toparon de cruces con Jack Cavendish, el marido de su desaparecida hermana. Sin pudor y con absoluta naturalidad, expuesto como fue enviado al mundo… Óla observó al contrario.
“Oh… espero que no te moleste” dijo con un tono simple, una expresión fría y una austera modestia. “Pero si te incomoda, puedo ir a ponerme algo en seguida…” indicó, sin ocultar ni el más mínimo ápice de su desnuda anatomía. “¿Está la cena lista?” concluyó, mientras daba un par de pasos hacia el frente, buscando la puerta correcta. “Perdona, ¿cuál era la habitación de invitados? Tengo la ropa ahí…” añadió como punto final.
Su presencia en aquel inexplorado continente sólo había rozado escasamente las últimas dos horas.
















