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detail of painting by françois martin-kavel
"St. Catherine of Siena besieged by demons" c. 1500 Unknown Artist
Painting detail from Bacchus and Ariadne by
Titian. Date: 1520-1523 AD.
The Fight on the Bridge (1882-1885) by Arnold Böcklin
The Infanta Margarita Teresa 1654 by Diego Velazquez
📜 Alessandro di Valeriano
Retrato oficial del Duque Alessandro di Valeriano, óleo sobre lienzo de Francesco Amadio, 1785. Actualmente conservado en el Salón de Embajadores del Palacio Real de Montevalle.
Nombre completo: Alessandro Tommaso Leopoldo di Valeriano Fecha de nacimiento: 14 de julio de 1745 Lugar de nacimiento: Palacio Real de Montevalle Padres: Luigi Alfonso I di Valeriano e Isabella di Savoia Casa de origen: Casa Real de Valeriano Títulos: Duca di Villamonte (desde 1772) Predecesor: Marqués Giuseppe della Torre (como embajador) Sucesor: Don Cesare Rinaldi di Monteforte Fallecimiento: 4 de febrero de 1810 (64 años), Madrid Sepultura: Panteón de los Grandes Dignatarios, Catedral Basílica de San Luigi Gonzaga, Montevalle
✦ Infancia y formación
Alessandro Tommaso Leopoldo di Valeriano nació el 14 de julio de 1745 en el Palacio Real de Montevalle. Fue el tercer hijo del rey Luigi Alfonso I di Valeriano y de la reina Isabella di Savoia, después de su hermano mayor, el príncipe heredero Vittorio Emanuele (n. 1740), y de su hermana María Celeste (n. 1743), quien años después sería abadesa y beata venerada. Su nacimiento fue recibido con discreta solemnidad en la corte, ya que no se esperaba que desempeñara un papel sucesorio, aunque desde muy temprano demostró cualidades que lo harían destacar en los círculos diplomáticos y culturales de Europa.
La reina Isabella, de espíritu profundamente devoto y amante de las letras, supervisó personalmente la educación de sus hijos menores, entre ellos Alessandro, a quien consideraba particularmente agudo en el razonamiento y con alma contemplativa. Desde sus primeros años, el príncipe fue descrito como observador, metódico y dotado de una memoria prodigiosa. A los seis años ya recitaba salmos completos de memoria y mostraba gran interés por la historia sagrada, así como por la poesía latina.
Entre 1751 y 1759, recibió formación de tutores especializados en humanidades, filosofía moral, latín, francés y derecho natural. Mostró una inclinación destacada por las lenguas extranjeras y el derecho canónico. Mientras su hermano Vittorio era adiestrado en cuestiones militares y administrativas, Alessandro pasaba largas horas en la biblioteca real copiando fragmentos de Cicerón, San Agustín y Pascal. Una nota manuscrita de la reina Isabella a su confesor señalaba: “De todos mis hijos, Alessandro será el que mejor hable al oído de los reyes sin levantar jamás la voz”.
Su relación con su hermana María Celeste fue especialmente cercana. Ambos compartían una inclinación espiritual, aunque mientras ella se dirigía al claustro, él optaría por los pasillos del poder temporal como vía de servicio a la fe y a la patria. También desde temprana edad mostró una admiración por España, alimentada por la presencia en Montevalle de varios religiosos castellanos que, tras la expulsión de los jesuitas de los dominios borbónicos, habían encontrado refugio en el reino valeriano.
A los 17 años, en 1762, fue enviado a la Universidad de Salamanca, donde se matriculó en las facultades de Derecho Canónico y Diplomacia. Residió en el Colegio Mayor del Arzobispo y fue discípulo del célebre teólogo padre Gregorio de Villaclara. Durante sus años en Salamanca, perfeccionó su dominio del español, tradujo textos de Suárez y Vitoria, y comenzó a desarrollar su visión de una diplomacia católica que reconciliara la doctrina con los intereses de Estado.
En 1766, al culminar sus estudios, regresó por breve tiempo a Montevalle. Para entonces, su padre ya consideraba seriamente asignarle una misión diplomática permanente, convencido de que su inteligencia serena, su conocimiento teológico y su habilidad para la cortesía eran dones providenciales para la política exterior valeriana.
"Infancia en la corte" (ca. 1752), óleo sobre lienzo. Representa al joven Alessandro di Valeriano (en el caballo) jugando con sus hermanos en los salones del Palacio Real de Montevalle. Autor anónimo del siglo XVIII. Actualmente en colección privada de la familia real.
✦ Carrera diplomática y misión en Madrid
A partir de 1767, y tras completar sus estudios en la Universidad de Salamanca, Alessandro fue convocado al Palacio Real de Montevalle por su padre, el rey Luigi Alfonso I, para integrar formalmente el cuerpo diplomático del Estado. Su dominio del español, su carácter refinado y su visión conciliadora lo hacían candidato ideal para representar al joven Reino de Valeriano ante una de las cortes más influyentes de Europa: la monarquía hispánica.
En 1769, a sus veinticuatro años, fue nombrado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante la Corte de Carlos III, siendo acreditado oficialmente en Madrid en enero de 1770. Este nombramiento marcó el inicio de una de las carreras diplomáticas más longevas y estables del siglo XVIII valoriano, caracterizada por su habilidad negociadora, su tacto político y su capacidad de adaptación a los complejos cambios de la corte borbónica.
Su residencia oficial fue el Palacio de las Águilas, una propiedad adquirida y adaptada por la corona valeriana en el corazón del barrio de los Austrias, donde Alessandro estableció una delegación permanente del Reino con biblioteca, capilla y sala de recepciones. Desde allí gestionó alianzas educativas, religiosas y comerciales, consolidando a Valeriano como un reino católico respetado en los círculos ibéricos.
En 1774, Alessandro jugó un rol protagónico en la firma del Tratado de Concordia, un acuerdo diplomático que garantizaba el libre tránsito de bienes, clérigos, correspondencia y obras litúrgicas entre el Estado Real de Valeriano y los dominios de la Corona Española. Este tratado también permitía a los estudiantes valerianos acceder a las universidades hispánicas y reconocía oficialmente los títulos eclesiásticos emitidos en Montevalle.
A lo largo de su misión, se convirtió en interlocutor habitual de obispos, ministros y eruditos de la Ilustración española. Mantuvo correspondencia con Jovellanos, Melchor Gaspar de Jovellanos, y asistió como oyente privilegiado a debates del Real Colegio de San Isidro sobre teología moral, derecho natural y filosofía tomista. A pesar de representar una monarquía tradicionalista, Alessandro supo encontrar puntos de diálogo con sectores reformistas moderados, posicionando a Valeriano como un Estado culto, devoto, pero intelectualmente activo.
Durante el reinado de Carlos IV, mantuvo su puesto diplomático con independencia, sin ceder a presiones ni alinearse con los conflictos de las potencias europeas, lo que reafirmó la neutralidad valeriana como pilar de política exterior. Incluso en medio de tensiones napoleónicas, su presencia fue vista con respeto por las autoridades madrileñas, que reconocían en él un emisario de equilibrio, fe y mesura.
Su última gran actuación diplomática ocurrió en 1802, al negociar la protección de los religiosos valerianos en tierras españolas, que enfrentaban sospechas de jansenismo por su formación rigorista. Alessandro intervino ante el arzobispo de Ávila y logró una declaración formal de ortodoxia firmada por la Santa Sede, defendiendo así el honor doctrinal de su patria.
✦ Título y nobleza
“Su Alteza Serenísima Alessandro Tomasso di Valeriano a los sesenta años”, óleo sobre lienzo fechado en 1845, obra atribuida al maestro Giulio Maretti; se conserva en la colección permanente del Museo Ducal de Villamonte.
El 14 de julio de 1772, coincidiendo con su vigésimo séptimo cumpleaños, Alessandro Tommaso Leopoldo di Valeriano fue investido oficialmente por su padre, el rey Luigi Alfonso I, con el título de Duca di Villamonte, una distinción que simbolizaba tanto la confianza depositada en su juicio diplomático como la consolidación de su rol como representante del Reino en tierras hispánicas.
El Ducado de Villamonte, situado en la región oriental del Estado Real de Valeriano, era conocido por su tradición académica y su cercanía a centros monásticos y seminarios. Fue elegido como feudo honorífico precisamente por resonar con el talante espiritual e ilustrado del príncipe. Con esta dignidad, Alessandro se convirtió en cabeza de una rama secundaria de la Casa Real, con autonomía simbólica, pero fidelidad absoluta a la Corona central.
El título fue acompañado por la condecoración del Gran Collar de la Orden de San Luigi Gonzaga, máxima distinción caballeresca valeriana, que le fue impuesta durante una ceremonia solemne celebrada en la Catedral Basílica de Montevalle. El evento fue documentado en el Diario Real, destacando su sencillez, su recogimiento litúrgico y la presencia de su madre, la reina Isabella, aún viva en ese entonces.
Durante su carrera diplomática en Madrid, fue reiteradamente tratado por la nobleza española con el apelativo de “Excelentísimo Señor Duque”, y su nombre figuraba entre los invitados regulares de recepciones del Real Palacio y del Consejo de Castilla. Aunque nunca regresó a residir permanentemente en su ducado natal, mantuvo correspondencia frecuente con los administradores de Villamonte, supervisando asuntos de beneficencia, educación rural y reformas de la biblioteca local.
Hacia el final de su vida, el duque Alessandro fue también nombrado Caballero Protector del Instituto Eclesiástico de Santa Isabel, una orden académica dedicada a la formación de clérigos y diplomáticos del Reino, a la que donó libros, cartas y documentos provenientes de su labor en la península ibérica. Su escudo personal una variante del escudo real con una paloma blanca y un ramo de olivo fue adoptado por esta institución como símbolo de diplomacia y fe.
✦ Vida personal y descendencia
A pesar de su prolongada permanencia en el extranjero, el duque Alessandro mantuvo siempre una cercanía epistolar con su familia en Montevalle, especialmente con su madre, la reina Isabella di Savoia, y con su hermana María Celeste. Sin embargo, nunca contrajo matrimonio, una decisión que generó especulación tanto en la corte madrileña como en los círculos diplomáticos de Montevalle.
Alessandro fue descrito por sus contemporáneos como un hombre de refinado porte, de gustos sobrios pero elegantes, reservado en sus afectos y profundamente disciplinado en su vida cotidiana. Su entorno personal en el Palacio de las Águilas era más parecido al de un académico que al de un noble: rodeado de libros, mapas, iconografía religiosa, correspondencia diplomática y relicarios. Se levantaba antes del alba para la oración y mantenía estrictos hábitos de ayuno durante los tiempos litúrgicos. Esta sobriedad, sin embargo, no lo alejaba de la cortesía social: se lo recuerda como un anfitrión atento y un interlocutor brillante, especialmente en cenas con prelados, catedráticos y embajadores extranjeros.
Pese a no haberse casado oficialmente, fuentes no confirmadas pero recurrentes en crónicas de la época sugieren que mantuvo una relación afectiva discreta y de larga duración con una noble castellana, la marquesa viuda de Velasco, dama de fuerte carácter y simpatías jansenistas, cuya influencia habría sido determinante en la sensibilidad reformista del duque. No existen pruebas de descendencia legítima o reconocida, y él mismo jamás hizo alusión pública a tales vínculos.
En su testamento, firmado en Madrid en diciembre de 1809, Alessandro dejó detalladas instrucciones para el destino de su biblioteca, correspondencia y efectos personales, los cuales debían ser enviados al Instituto Eclesiástico de Santa Isabel en Montevalle. Declaró además su deseo de ser enterrado con el hábito de terciario franciscano, indicando que “la verdadera diplomacia es saber negociar con el Cielo”.
Alessandro murió el 4 de febrero de 1810, a los 64 años, tras una breve enfermedad respiratoria. Su cuerpo fue repatriado a Montevalle con honores, y fue sepultado en el Panteón de los Grandes Dignatarios de la Catedral Basílica de San Luigi Gonzaga, en una ceremonia austera pero solemne, presidida por su sobrino, el entonces rey Vittorio Emanuele I, y varios altos prelados de la corte.
✦ Correspondencia, escritos y visión diplomática
A diferencia de otros diplomáticos de su tiempo, Alessandro di Valeriano no publicó tratados políticos ni dejó memorias oficiales. Sin embargo, su legado escrito quedó plasmado en una vasta correspondencia conservada parcialmente en el Archivo Real de Montevalle y en el fondo reservado del Colegio Mayor del Arzobispo de Salamanca. Estos documentos revelan no solo sus acciones diplomáticas, sino también una profunda vida interior y una visión católica e intelectual de la política internacional.
Sus cartas, redactadas con una prosa elegante y mesurada, abordan temas tan diversos como la neutralidad valeriana, la educación del clero, el jansenismo en Francia y España, la situación de los seminarios en tiempos de Ilustración, el papel del derecho natural en las relaciones entre Estados, y las tensiones crecientes entre los poderes temporales y la autoridad espiritual del Papa. En muchos pasajes se percibe una preocupación constante por conservar el equilibrio entre la fidelidad doctrinal y la apertura intelectual.
Entre sus interlocutores habituales se encontraban obispos españoles, teólogos salmantinos, profesores franceses exiliados, miembros de la Curia romana, e incluso, según consta en un documento de 1797, el propio nuncio apostólico en Madrid. Se conocen más de 200 misivas firmadas por su puño y letra, la mayoría de ellas escritas en italiano y latín, y algunas en español, particularmente las dirigidas a autoridades eclesiásticas peninsulares.
Uno de sus fragmentos más citados es su carta al padre Mateo Bonelli (1792), donde escribe: “El deber del embajador católico no es solo velar por la paz entre naciones, sino también por la paz en las almas que se ven perturbadas cuando el poder se aleja de la verdad. La diplomacia sin fe es solo cálculo; la diplomacia con fe es caridad aplicada al gobierno”.
En otro escrito dirigido a su sobrino, el príncipe Luigi (futuro Luigi II), fechado en 1799, Alessandro le aconseja prudencia, oración constante y escucha atenta a los confesores de la corte, añadiendo: “Gobernar no es mandar, sino cargar en silencio con el alma de los súbditos, como Cristo cargó la cruz sin hablar ante Pilato”.
Aunque su pensamiento nunca adoptó tonos abiertamente políticos ni cuestionó el orden establecido, sí se percibe en sus textos una inclinación a una diplomacia de corte confesional, centrada en el respeto al Papa, el cuidado de los seminarios y la defensa del clero frente a los vaivenes ideológicos de la época. Esta línea, considerada por algunos anacrónica en tiempos de modernización estatal, fue vista por sus contemporáneos como un ancla de estabilidad para los Estados católicos menores, como Valeriano.
Por encargo de la Corona, muchos de sus textos fueron recopilados póstumamente en un volumen titulado Epistolario del Duque de Villamonte, impreso en Montevalle en 1822, bajo revisión eclesiástica. El libro fue distribuido en seminarios y colegios diplomáticos del Estado, y es considerado hasta hoy una obra de referencia para el estudio de la ética diplomática valeriana.
✦ Legado y recepción histórica
Alessandro di Valeriano falleció el 4 de febrero de 1810 en Madrid, a los 64 años, tras una breve enfermedad pulmonar que contrajo durante uno de los inviernos más rigurosos registrados en la capital española. Su deceso fue lamentado por amplios sectores de la corte madrileña, del clero peninsular y de la diplomacia europea, donde era reconocido como un emisario de paz, discreción y noble erudición. El entonces nuncio apostólico elogió en su homilía fúnebre “su vida sin escándalo, su palabra sin estridencia y su alma sin ambición”.
Sus restos fueron trasladados solemnemente a Montevalle por orden del rey Vittorio Emanuele I, quien dispuso que se le otorgara sepultura en el Panteón de los Grandes Dignatarios, dentro de la Catedral Basílica de San Luigi Gonzaga. La ceremonia fúnebre, presidida por el Arzobispo Primado y con la presencia de toda la familia real, fue considerada una de las más sobrias y sentidas del periodo.
El legado de Alessandro se consolidó en los años posteriores no solo como diplomático, sino como modelo de cortesano católico. Fue citado por teólogos y académicos como ejemplo de equilibrio entre la razón ilustrada y la fidelidad doctrinal. En el Colegio Diplomático de Montevalle, su retrato aún preside la sala de formación junto con el de otros estadistas fundacionales del Estado Real.
Durante el reinado de Luigi II, su sobrino, se impulsó la reedición de sus cartas con notas aclaratorias, como parte de un programa de formación para jóvenes embajadores y clérigos. Algunos sectores propusieron incluso abrir un proceso de canonización por su vida virtuosa, aunque este nunca prosperó, en parte porque el propio Alessandro evitó toda forma de protagonismo o misticismo que lo expusiera a la veneración popular.
Sin embargo, en 1851, el Papa Pío IX lo citó en una encíclica privada dirigida a la Secretaría de Estado del Vaticano, describiéndolo como “testimonio de que la diplomacia, cuando se eleva por la oración y la doctrina, puede ser también instrumento de santidad laica”.
En los archivos del Vaticano aún se conservan copias de varios informes redactados por él entre 1793 y 1805, especialmente sobre las relaciones entre la Iglesia y las potencias borbónicas, así como sus análisis sobre el Concilio de Pistoia, el galicanismo y los desafíos pastorales de su tiempo.
En el presente, su nombre es recordado en Valeriano con sobriedad: una plaza en Castelverde lleva su nombre, al igual que una cátedra de Ética y Servicio Público en la Universidad Pontificia de Montevalle. Aunque nunca buscó el aplauso, Alessandro di Valeriano fue, según palabras de su hermana beata Maria Celeste, “una lámpara escondida, cuya luz silenciosa iluminó más de lo que él mismo supo”.
another master study
original: Armand Point, Portrait de Madame Berthelot
‘Christ Carrying the Cross‘, c. 1510–1535. Hieronymus Bosch (c. 1450-1516). Oil on panel (76.7 х 83.5 cm). Museum of Fine Arts, Ghent