Si, Leah estaba en su primer fiesta, en su primer juntada con "amigos" después de lo que habían sido años siendo solo una solitaria, esta vez había decidido cambiar y dejarse llevar por una de las chicas que se mostraba simpática con ella. Habían pasado unas horas, había estado nerviosa casi todo el tiempo, más por el intercambio de miradas que ella y el pelirrojo desconocido habían tenido, no lo conocía, para nada, pero no podía decir que no le atraía, que no le llamara la atención y que se preguntara el por qué estaba ahí el también, mostrándose tan diferente al resto de los muchachos que los acompañaban. De repente, todos decidieron que era hora de jugar a siete minutos en el paraíso, ¿que clase de juego era ese? se preguntaba la cobriza una y otra vez. --E-esto... esto es absurdo, ¿por qué tienen que...?-- la pregunta no alcanzó a ser finalizada ya que ella y el joven desconocido de cabello anaranjado habían sido metidos, prácticamente, a la fuerza dentro de aquel angosto armario. No tenía conocimiento de como aquello había pasado, solo sabia que se encontraba atrapada en un pequeño armario junto a el muchacho, con sus cuerpos casi rozándose por el poco espacio que el lugar y sus objetos en el proporcionaban... y en el que, para agregar, estaban encerrados, ligeralmente, encerrados.