(mi candelabro; mi ventana; mi cielo)
No soporto ver un candelabro limpio y mucho menos con velas nuevas. Dentro de la lista de objetos obsoletos están los candelabros, condenados indiscriminadamente por un mundo donde existe una cosa llamada electricidad. Útiles solo en un corte de luz, en una cena romántica o en un ritual, ya sea judío, cristiano, satánico o algo mejor. Por eso no soporto verlos limpios, por definición son objetos poco usados, tienen el deber ético y cívico de acumular polvo. Me gusta verlos coronados con velas usadas por un tema de respeto: Si las velas son nuevas se mantienen guardadas, colocarlas como adorno es un insulto, al candelabro y a la vida. El pabilo blanco, nuevo, inmaculado, aún sin quemar, es un atentado al pudor del velamen, hay que tener códigos carajo. Dejo que la mugre se los coma, que el polvo los cubra, que la cera caiga por su estructura y quede allí congelada, en un dibujo eterno simulando la silueta del tiempo y de la noche, recuerdo de una época sin lámparas incandescentes. Que los pabilos desnudos de quemaduras esperen su turno en un cajón.
(mis candelabros, escondidos entre botellas mentirosamente vacías y polvo. Este último es el que se ve a contraluz en la primera foto que encabeza este post)
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