Honestamente me da miedo su pregunta,
no sé si tienen razón al decir que sané las heridas o tal vez solo están dormidas,
aguardando me invada la nostalgia
o el eco sórdido del silencio,
y así sangrar de nuevo
hasta roer cada uno de mis rincones.
Tan poca felicidad dibujada y sigo cubierta de miedos;
miedo a volver a pelear con el espejo,
a las malditas tallas de ropa,
a la sonrisa cansada, a los sueños que me ahogan,
a la burla cínica o al cinismo oculto.
Hoy decido dejar de
reprocharme las fotografías viejas.
Hoy comprendo que es tiempo de hacer una tregua con el pasado.
He vivido tantos años en la huída,
que termine atrapada entre sus ruinas;
tan dentro de ellas, que soy yo misma.
Los tropiezos siguen tomados de mi mano, y hoy muero por vivirlos,
sentirlos, por equivocarme mil veces,
saciando la sed de ese dolor que se disfruta, de esa felicidad que duele.
Me arrogo con mis temores y
sueños al abismo,
una y otra vez hasta caer de pie o encajar en los brazos adecuados.
Y sí, le sonrío a la vida un poco en el color que venga, la abrazo y me dejo abrazar por ella a pesar de mis defectos.
Y cada noche cargada de insomnio, me visto nuevamente de ellos…
Mis miedos.