«Fundamentalmente, veremos que el transhumanismo se divide en dos grandes campos: los que “simplemente” quieren mejorar la especie humana sin reunciar por ello a su humanidad, limitándose a reforzarla, y los que, como Kurzweil precisamente, abogan por la “tecnofabricación” de una “poshumanidad” para la creación de una nueva especie, híbrida en su caso con máquinas dotadas de capacidades físicas y de una inteligencia artificial superiores a las nuestras. En el primer caso, el transhumanismo se sitúa voluntariamente en la continuidad de un cierto humanismo “no naturalista” (veremos más adelante el sentido preciso de este concepto), un humanismo que, desde Pico della Mirandola a Condorcet, abogaba por una perfectibilidad infinita del ser humano. En el segundo, la ruptura con el humanismo en todas sus formas se consume y se asume al mismo tiempo.»
Luc Ferry: La revolución transhumanista. Alianza Editorial, pág. 25. Madrid, 2017
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1

















