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Ibas y venías, y yo te quise cada maldita vez
José Saramago escribió: "Si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde en las posibles, luego las inimaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos."
Mi primer error fue aferrarme a su “amor” cuando él ya me había dejado ir.
Vivan por ustedes, planeen para ustedes, trabajen para ustedes y nunca se olviden de ustedes.
Y hoy que ha pasado tanto tiempo quisiera que tuviéramos la oportunidad de poder sentarnos a hablar y preguntarte si en algún momento me quisiste de verdad
Crónicas de un amor desesperado...
Siempre estuve consciente de qué te amaba con más intensidad de la que tú me amabas, tal vez tus acciones pesaban más, tus pies estaban siempre sobre la tierra y pensabas antes de actuar, contrario a mi naturaleza impulsiva. Pero siempre luché por mantener lo nuestro.
Podía ser impulsiva, loca, indecisa e insoportable, podía decir cosas de las que luego me fuera a arrepentir, pero siempre luché por nuestra relación. Luché inalcanzablemente por mantener tu amor, por mantener el sentimiento vivo. Incluso cuándo eras tú quien jodía las cosas, ahí estaba yo, dispuesta a perdonarte sin importar que fuera.
Hasta que finalmente, llegó el día, fui yo que lo jodío, fui yo quien se equivocó, fui yo quien te trató mal, quien no fue buena. Y no fue hasta ese instante, ese preciso momento, en que terminé de darme cuenta de algo que en el fondo ya sentía.
Tú y yo nunca nos amaríamos de la misma manera.
Por qué a pesar de que eras tú el que solía romper la rutina y era tu cabeza por la que pasaban toda clase de locuras, a la hora de amar eras objetivo y mantenías los pies en el suelo. Porque yo sabía que sin importar que tantas veces tú te equivocaras, yo iba a seguir ahí, y tú sin embargo, te querías más a ti mismo.
Se supone que eso es lo lógico, como yo debía pensar, todos deberíamos darnos prioridad. Pero no es así.
Me di cuenta de que sin importar que pasara, quién de los dos se equivocara, siempre serías tú quien se marcharía. Ya que no me importaba nada mientras yo estuviera contigo, pero para ti, nunca fui algo indispensable.
Veía nuestro amor como algo irrompible, como algo por lo que siempre lucharía. Se que hasta cierto momento tú también lo viste así, pero con el paso del tiempo, esa ilusión y pasión que debería acompañar al amor se apagó en ti. Tu cariño poco a poco se fue deteriorando, tal vez fueron actitudes mías, tal vez fueron cosas que te pasaron, pero amarte cada día se hacía más difícil, cada día te sentía menos.
Juro que nunca me arrepentiré, y nunca me habría cansado de amarte, pero el problema es que al final tú te marchaste, y la que sintió tu falta de querer fui yo.
El problema está en que no importa cuantas veces yo sienta esa falta de amor, cuantas veces sienta que me lastimas, yo siempre voy a seguir ahí para ti, sin importar nada más. Porque te amo, y no de la forma en la que tú me amas. Te amo de una forma en la que solamente yo se amar.
Agradezco el esfuerzo que hiciste al amarme, más no agradezco las veces en las que me hiciste sentir insuficiente, o en las que me hiciste sentir que el amor era difícil. Amo a la persona que eres, en la que te convertiste, y a la persona de la que me enamoré. No amo a la persona qué dejó de tener la fe en la vida y en el amor, no amo a ese que no me escucha, al que no me hablaba de lo que sentía, ni al que se alejó.
Siempre te amaré… No te aproveches de eso. Haz que valga la pena, porque te estoy dando más importancia de la que me estoy dando a mí misma. Porque tú y yo nunca nos amaremos de la misma manera.
—AT