– creo que viví mi vida demasiado rápido.
Lo volteo a ver, su cara está demacrada y pálida, sus rasgos son fuertes por la falta de grasa, se nota cansado pero en paz.
Una charla suena a lado, la música de fondo es la que más le gusta a él, mi garganta se cierra al verlo tan frágil pero le respondo.
– viviste a tu tiempo –el me pide que repita lo que dije, lo repito y el sonríe débilmente –no hay otra manera de vivir más que a tu tiempo.
–sabes la otra noche no aguantaba el dolor y agarre las tijeras, quería cortar mi estómago y terminarlo todo – yo negué en seguida al imaginar esa escena que él describía – pero dije no, no voy a hacerlo.
–hay tantas cosas que no hice y ahora no podré hacer nunca más – su cara era de pesar y tristeza, verlo postrado de esa manera me desgarraba él que siempre había Sido tan fuerte, un roble en el que te podías recargar en los momentos difíciles, ahora era tan frágil como la flor más débil.
– hay muchas cosas que no puedes hacer, cierto, pero hay tantas otras que podrás hacer, todavía hay tiempo – su cara mostraba cansancio, canto con voz quebrada una estrofa de la canción que sonaba en ese momento.
– creo que el dolor ya no se va a ir, no me voy a reponer nunca –su mirada se perdía en una parte del techo tal vez dentro de su mente, en sus pensamientos más oscuros.
– te vas a reponer, no va a ser igual pero estarás mejor –mi voz sonó casi desesperada, con el deseo más ferviente de que lo que decía fuera real, me volteo a ver con cariño una sonrisa cansada salió.
– si, gracias – su voz sonó pequeña, pero confortante, como si el quisiera darme confort, tranquilizarme, cuidandome a pesar de ser él el que me necesitaba.
La música siguio, la charla también sonaba, los dos nos encerramos en nuestros pensamientos, yo rogando que fuera verdad y poder verlo mejor, él no lo sé, pero se agarraba fuertemente a su música de antaño como si rememora casa momento que vivió.