Un día, David les preguntó a sus asistentes y consejeros: «¿Vive todavía algún familiar de Saúl, a quien yo pueda ayudar en memoria de Jonatán?»
Entonces llamaron a Sibá, que había estado al servicio de Saúl. Cuando Sibá llegó a la presencia de David, éste le dijo:
—Para servir a Su Majestad.
Y el rey David le preguntó:
—¿Vive todavía algún familiar de Saúl? Dios ha puesto en mi corazón un gran deseo de ayudarlo.
—Aún vive un hijo de Jonatán, que no puede caminar. Se llama Mefi-bóset.
El rey mandó traer a Mefi-bóset,
En resumen, David tenía un gran amigo, llamado Jonatán, que había muerto. Movido por la misericordia de Dios, David decide ayudar a algún familiar de su amigo que estuviera vivo, por ello, manda a traer a Mefi-bosét,
Lo que Dios nos dice en este relato es que él no se olvida de nosotros, aún si estamos pasando por pruebas bien duras o por limitaciones.
—No tengas miedo, en memoria de tu padre Jonatán, voy a cuidar de ti. Voy a devolverte todas las tierras de tu abuelo Saúl, y de ahora en adelante comerás en mi mesa.
Dios nos anima a que creamos que va a cuidar de nosotros, nos va a restaurar todo lo que perdimos y lo más increíble es que su presencia va a estar con nosotros.
Mefi-bóset volvió a inclinarse delante de David, y dijo:
—¿A qué se debe que Su Majestad me trate así? ¡Un perro muerto y yo somos la misma cosa!
Cuando nos fijamos en nuestras limitaciones o las fortalezas que hemos creído acerca de nosotros, nos quedamos viendo solo lo que creemos que somos y no podemos seguir a nuestro Rey ni disfrutar de los privilegios que nos ha dado.
En cambio, Dios nos ha dicho todo lo contrario.
Nos podemos sentir poca cosa ante Dios pero hoy Dios quiere restaurarnos totalmente en todas las áreas de nuestra vidas, también quiere restaurar la imagen de lo que pensamos de nosotros mismos.
Imaginémonos sentados en la mesa del rey por siempre porque es ese su anhelo y para que podamos disfrutar de lo que tiene para darnos.
Entonces el rey llamó a Sibá y le dijo:
—Todo lo que antes fue de Saúl y de su familia, voy a dárselo a Mefi-bóset.
Quiero que tú y tus hijos y sirvientes trabajen la tierra de Mefi-bóset, y le den todo lo que cosechen, para que nunca le falte comida. Aunque de todos modos él siempre comerá en mi mesa.
Dios nos vuelve a confirmar que quiere que todos sepan el lugar que nos ha dado y los privilegios que tenemos por ser sus hijos.
Dios nos está dando un lugar en su mesa.