Ayer me invadió el miedo y la desesperación. Mi cuerpo temblaba y mi corazón palpitaba deprisa. Me asusté tanto que quise llorar, gritar. Estuve a punto de llamarte para que fueras a buscarme, para que me ayudaras. Pero fui más fuerte. Sabía que estaba sola, que debía de poder sola, que esta batalla era mía y de nadie más. No puedo creer que hoy desperté victoriosa y sin saber de ti. Me sigues doliendo, pero mi valentía es mucho más poderosa que mi sufrimiento.
Margaret Salvador.















