𐌎 𐨂 𝗞ꌷ꯭ꌷ𝗞 𝆳 🐰⁹⁷◗ ᝰ 𝐁𝐔𝐍꯭𝐍𝐘 ∦ 🥥 ꗃ 🩰◗ ꔛ ꫶𝘤𝘶𝙩𝙚𝙮𝙤𝙤𝙣𝘪𝘦 ᨏ 𔐬 ꭑıꬻ 🝓 민 ♥ 𓂃◗𝙟ִ #𝙘𝙪𝙩𝙚𝒂𝒏𝒈𝑒𝑙 Ꮺ ❄️ 🤍𓂃𝘦𝘵𝘦𝘳꯭𝙣𝙞𝙩𝙮 지민 𖥦 𝘭𔘓𝘷𝘦𓂅 🎀 チ ʝıꭑıⴖ ♥︎ ּׄꬻִꬶׄꬴִƖּ 𓈈ֶ 🌳 남 𓂅 𝗻𝖺𝗺𝗺𝗂𝖾 𔖏 ꔛ 김◞ 𝘁𝗮𝗲 ᨏ 🎌ꜝꜝ
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ALEBRIJES, OAXACA. MÉXICO
Questo post è tratto dal nostro blog LivingDeepLife, se ti interessa l'argomento e vuoi leggere l'articolo completo, trovi il link in bio. #simbolo #simbolismo #esoterismo #curiosità #segreti #simbolico #simboliesoterici #storia #antichità #antichimisteri #occulto #conoscenza #poteresimboli #simboliegizi #anticoegitto #crescitaspirituale #spirituale #saggezza #consapevolezza #like4like #spiritualità #visioneolistica #ank #chiaveegizia #chiaveank https://www.instagram.com/p/COvdSZ2IlPS/?utm_medium=tumblr
I tried to make some loops by filming a fireplace with a kaleidoscope filter, i think it looks like entrance to hell
Parlare non può più ma solo cantare parole incomprensibili
ogni tatuaggio che ho non è solo del semplice inchiostro indelebile sulla pelle: è una storia, un ricordo, tanti piccoli disegni simbolici che rappresentano tante parti di me.
Ignoren la calidad de la foto, mi estado deplorable después de estar horas gritando, cantando y bailando, evadan el hecho de que es una historia de Instagram. •Lo importante viene acá: Mi infancia y mi preadolescencia fueron años claves en mi vida, muchos hechos me marcaron pero nada como haber tenido que pelearme durante 9 años contra el colegio católico al cual tenía que ir. Cuando entre, tenía 6 años y discutía ciertas cosas que, para mi entender, no tenían sentido, los catequistas del colegio hablaban conmigo todos los días para que entienda que había cosas que Dios, Jesús, decían que estaban mal... Y yo soy muy cabeza dura entonces me costaba entender su punto de vista, además era una nena y era super caprichosa. Con los años me di cuenta que perdía mucho discutiendo, así que decidí callar. Cuando tenía 12 años y arrancaba la secundaria, en catequesis, se tocaba el tema del aborto, la homosexualidad, el divorcio (como si fuera un gran pecado), mirándolo del lado más atroz, más negativo, mas ignorante, más absurdo. Fueron los peores 3 años de mi vida en esa escuela, no solo me tachaban de hereje, mal educada, hija de padres separados, me trataban como si yo, una adolescente con ideales muy marcados, fuera la oveja negra entre el resto de alumnos. Colapse luego de eso, mis papás nunca se enteraron de esto, yo siempre me calle porque tenía miedo de hablar y que me cambien de colegio porque realmente seguía en ese colegio por mis amigas, no había otra razón. Cuando estaba en 3er año y me lleve casi todas las materias por inasistencia, rendí las que pude pero termine repitiendo por 3 materias, irónicamente ahora estudio una de ellas. Una materia era matemáticas, la otra era catequesis y la última química, actualmente estoy terminando la tecnicatura en química. Si llegaron a leer todo esto, por ahí se preguntan a qué viene esta revelación de un capítulo de mi vida. Hoy, 10 de abril del 2018, en Argentina se debatió en el Congreso de la Nación, la ley del derecho al aborto legal, seguro y gratuito para todas. Un día histórico para un país con tan pocos años de democracia. Me siento con una enorme dicha por tener ese pañuelo verde y con letras blancas, porque el pañuelo en si es un símbolo, un símbolo que defiendo desde que soy muy pibita, desde que le plante cara a la iglesia. Haber asistido a una manifestación donde no rondaba la violencia donde solo había una enorme sororidad entre todas, fue un hecho muy significativo para mí. Siento que gane una batalla y que cerré un capítulo en mi vida. Hoy puedo decir que le gané a todos los profesores que hablaban mal de mí. Hoy, con 19 años, tengo un futuro prometedor, con un título excelente y mis ideales están marcados en mí como si fueran tatuajes. Gracias por leer todo esto, si llegaste hasta acá y querés saber algo sobre el aborto o te pasó algo similar y querés hablarlo, podés hacerlo. Yo mejor que nadie se lo difícil que es ser comprendido entre mentes necias.
Conceptos fundamentales del Psicoanálisis: El concepto de Narcisismo (desde Lacan)
Para comprender mejor los conceptos, se recomienda la lectura de los conceptos de falo, castración y narcisismo desde Freud que se encuentran en los siguientes links:
Falo: http://belle-indifference.tumblr.com/post/149723251815/conceptos-fundamentales-del-psicoan%C3%A1lisis-el
Castración: http://belle-indifference.tumblr.com/post/148714174460/conceptos-fundamentales-del-psicoan%C3%A1lisis-el
Narcisismo desde Freud: http://belle-indifference.tumblr.com/post/152876848570/conceptos-fundamentales-del-psicoan%C3%A1lisis-el
Primer período (1932 - 1953)
Los primeros textos de Jacques Lacan abordan la cuestión del narcisismo a partir del estudio de la paranoia. En 1932, con ocasión de su investigación sobre el caso Aimée, se apoya en la noción freudiana de "elección de objeto narcisista", como así también en un artículo de 1922, en el cual Freud se dedica al análisis de los mecanismos neuróticos de los celos, la paranoia y la homosexualidad.
Recordemos que Aimée, después de haber intentado asesinar a una actriz célebre, fue internada en el hospital Sainte-Anne. En ese momento la conoce Lacan. De la observación surge que en el caso de Aimée la libido había quedado fijada a la imagen de su hermana: sólo se ve a sí misma en la imagen de su hermana. Y este objeto adorado se presenta simultáneamente como un objeto invasor y persecutorio: existe en Aimée un amor apasionado por la imagen del perseguidor, que se acompaña de una verdadera negación de sí misma.
Para Lacan, la hostilidad de Aimée hacia su hermana fue desplazada a otras mujeres, y la tentativa de asesinato de la actriz corresponde a una reacción defensiva contra la intrusión invasora del objeto adorado. Semejante reacción se vuelve inteligible al observar que para todo sujeto narcisismo y agresividad son correlativos y contemporáneos en el momento de la formación del yo. En efecto, puesto que el yo se forma a partir de la imagen del otro, se produce una tensión cuando el sujeto ve su propio cuerpo en la imagen del otro: percibe su propia perfección realizada en el otro, y sin embargo este último sigue siendo exterior.
En el caso de Aimée, que había quedado cristalizada y cautivada en la imagen de su hermana, se había vuelto imprescindible suprimir esta imagen para que la tensión cesara y la libido retornara al yo. En efecto, la referencia al ideal del yo parece estar ausente en Aimée; nada viene a regular y mediatizar su relación imaginaria con el otro.
Por lo tanto, fue el estudio de la paranoia lo que llevó a Lacan a esclarecer y profundizar los procesos fundamentales de la formación del yo. La prosecución de estas investigaciones lo conducirá, en 1936, a la teoría del "estadio del espejo" el cual, entonces, representa el nacimiento mismo del yo. Presentaremos sus características en forma resumida.
El yo está ligado a la imagen del propio cuerpo. El niño ve su imagen total reflejada en el espejo, pero hay una discordancia entre esta visión global de la forma de su cuerpo, que precipita la formación del yo, y el estado de dependencia y de impotencia motriz en que se encuentra en realidad. En este momento, Lacan pone el acento en la prematuración, en la condición de impotencia del niño, que sería la razón de una tal alienación imaginaria en el espejo. Muestra cómo el niño anticipa a través de esta experiencia, el dominio de su cuerpo: mientras que hasta ese instante se experimentaba como cuerpo fragmentado, ahora se encuentra cautivado, fascinado por esta imagen del espejo y siente júbilo. Pero ésta es una imagen ideal de sí mismo que nunca podrá alcanzar. El niño se identifica con esta imagen y se coagula entonces en una "estatura". Se toma por la imagen y concluye "la imagen soy yo", aunque esta imagen se sitúe afuera, sea exterior a él. A esto Lacan lo denomina identificación primordial con una imagen ideal de sí mismo.
Anteriormente hablamos de la formación del yo en referencia a la imagen del semejante; decíamos que el yo se forma por la imagen del otro. En realidad, el otro representa también un espejo:
a— En un primer momento, el niño rivaliza con su propia imagen en el espejo. Pero finalmente es la única vez, fugitiva, que ve verdaderamente su imagen total.
b— Esta identificación prepara la identificación con el semejante, en el curso de la cual el niño va a rivalizar con la imagen del otro. Aquí, es el otro quien posee su imagen, el cuerpo del otro es su imagen.
La imagen en el espejo y la imagen en el semejante ocupan el mismo lugar en el esquema, bajo la forma de un "yo ideal" (Figura 5)
A lo largo de este período, que va de 1932 a 1953, Lacan elabora su teoría del narcisismo a través de sus investigaciones sobre la paranoia, la formación del yo y la agresividad. Finalmente formula varias proposiciones novedosas:
a— El yo queda reducido al narcisismo: en ningún caso es asimilable a un sujeto del conocimiento en el marco del sistema "percepción — conciencia". El yo no es más que esta captación imaginaria que caracteriza al narcisismo.
b— El estadio del espejo está ubicado en el nacimiento mismo del yo.
c— Narcisismo y agresividad se constituyen en un único tiempo, que sería el de la formación del yo en la imagen del otro. En cuanto a Freud, en su artículo de 1922, los situaba en dos tiempos diferentes: primero agresividad, luego conversión en amor por medio de la elección de objeto narcisista.
d— Para finalizar, a partir del estudio de la paranoia, Lacan retiene un aspecto esencial que considera como un rasgo universal: el yo tiene una estructura paranoica, es un lugar de desconocimiento; es decir que yo no reconozco lo que está en mí, lo veo fuera en el otro (como lo muestra de modo notorio el análisis de la proyección en los celos).
Segundo período (1953 - 1958)
A lo largo de este período Lacan va a insistir en la primacía de lo simbólico.
Imagen y deseo
A lo largo del Seminario I sobre los escritos técnicos de Freud, Lacan prosigue una reflexión sobre la cuestión de la relación con el semejante.
Dada la identificación narcisista con el otro, el niño se encuentra fascinado, capturado por la imagen del otro que encarna una posición de dominio. Supongamos que vea a su hermanito mamando del seno de la madre: es en esta imagen del otro, entonces, donde el niño se va a reconocer, donde va a percibir su propio deseo. Es porque se identifica con este otro que su deseo aparece como el deseo del otro. Y ante todo quiere estar en el lugar del otro. Para Lacan, el hombre se experimenta como cuerpo, como forma del cuerpo, en un movimiento bascular, de intercambio con el otro. Ya que en el sujeto humano el primer impulso del apetito y del deseo pasa por la mediación de una forma que ve proyectada, exterior a él, en su propio reflejo primero, luego en el otro. Es el deseo originario, confuso, que se expresa en el vagido del niño, el que éste aprende luego a reconocer invertido en el otro.
Así, la imagen narcisista constituye una de las condiciones de la aparición del deseo y de su reconocimiento. La imagen del cuerpo "es el anillo, el gollete, por el cual el haz confuso del deseo y las necesidades habrá de pasar."
La mediación del ideal del yo
Volvamos a la relación dual con el semejante: decíamos que el niño está capturado por la imagen del otro y que percibe su deseo en el otro. Al mismo tiempo se establece una tensión: habría que destruir a este otro que es él mismo, destruir a aquel que representa el asiento de la alienación. Ve su perfección y su deseo realizados en el otro, a tal punto que en la plenitud de esta pura lógica especular llega al deseo de la muerte del otro. En efecto, semejante relación dual se torna inhabitable, no existe salida satisfactoria en esta relación entre un yo y un yo ideal, ya que no hay subjetivación: el sujeto no se reconoce allí (en el yo ideal) porque allí se encuentra tan sólo captado. De hecho, es el ideal del yo —simbólico— el que podrá regular las relaciones entre yo y yo ideal.
Como ya lo hemos visto, el ideal del yo corresponde a un conjunto de rasgos simbólicos implicados por el lenguaje, la sociedad, las leyes. Estos rasgos son introyectados y mediatizan la relación dual imaginaria: el sujeto encuentra un lugar en un punto —el ideal del yo— desde donde se ve como susceptible de ser amado, en la medida en que satisface determinadas exigencias. Lo simbólico llega a prevalecer sobre lo imaginario, el ideal del yo sobre el yo. De esta manera, lo simbólico se superpone a lo imaginario y lo organiza. En 1954 Lacan dirá que es el ideal del yo, simbólico, el que sostiene al narcisismo. El ideal del yo representa una introyección simbólica (por oposición al yo ideal, asimilado a una proyección imaginaria) que se construye con el significante del padre como tercero en la relación dual con la madre.
Narcisismo e inscripción de los significantes
Recapitulemos:
— el yo tiene su origen en el espejo;
— el otro es un espejo;
— lo que sostiene el narcisismo es el orden del lenguaje, orden simbólico, al organizar una mediación entre el yo y el semejante.
Finalmente, ¿para qué sirven las imágenes? El mundo simbólico preexiste al sujeto, ya está allí; no obstante los símbolos, para revelarse, deben pasar por el soporte corporal. Lo que sucede en el nivel simbólico le sucede a seres vivos. Para que se produzca una inserción de la realidad simbólica (el lenguaje, la ley...) en la realidad del sujeto son indispensables el yo y la relación imaginaria con el otro.
En 1955, en el Seminario II sobre el yo, Lacan retoma la cuestión del narcisismo: para que se establezca una relación con el objeto del deseo, es preciso que haya relación narcisista del yo con el otro. El narcisismo representa la condición necesaria para que los deseos de los otros se inscriban, o para que los significantes se inscriban. La siguiente sería, entre otras, una definición posible del significante: un elemento de una cadena lingüística donde se inscribe el deseo del otro. Y la imagen del cuerpo proporciona el marco de las inscripciones significantes del deseo del otro. La imagen del cuerpo representa el primer lugar de captación de los significantes, y sobre todo de los significantes de la madre. La forma en que éstos se inscriben, y en particular la sucesión de las identificaciones, determina los modos según los cuales se darán las fluctuaciones de la libido.
De hecho, la imagen del otro aparece ahora como fragmentaria: lo que el sujeto inviste son series de imágenes, un conjunto de rasgos.
Existe para cada sujeto una serie de significantes privilegiados, una serie de elementos donde se inscribe el deseo del otro, y estos significantes van a revelársele en la relación imaginaria con el semejante. Van a entrar en vigor, tomar consistencia, en la relación narcisista con el otro.
Tercer período (a partir de 1960)
Durante este período Lacan se dedica en particular a la cuestión de lo real; en lo concerniente al narcisismo aborda principalmente las relaciones de la imagen y de la pulsión (principalmente en los seminarios sobre la Transferencia, la Identificación, los Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, y luego en "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo").
Lacan retoma la dialéctica del estadio del espejo y observa que la visión de la imagen en el otro no basta, por sí sola, para constituir la imagen del propio cuerpo; de lo contrario ¡el ciego carecería de yo! Lo importante para que la imagen se consolide es la existencia de un agujero en dicha imagen: puedo ver mi imagen en el espejo, pero lo que no puedo ver es mi propia mirada. Correlativamente, la imagen que el otro me devuelve no es completa, está agujereada ya que también el otro es un ser pulsional.
Consideremos estos elementos en relación con la fase del espejo. Cuando el niño ve su propia imagen, se vuelve hacia la madre; hay aquí dos aspectos fundamentales:
— por una parte, espera de ella un signo, un asentimiento, un “sí”; apela a la madre en su dimensión simbólica, aquella que nombra, que aúna en la nominación;
— por otra parte, ve que la madre lo mira: percibe la mirada, el deseo de la madre; se ve confrontado entonces a la madre pulsional, la que es faltante y por lo tanto deseante.
Puesto que el otro es pulsional, subsiste un agujero en su perfección, un blanco o una mancha en su imagen. Por lo tanto existe libido que no está recubierta por la imagen, resta una parte sexual que agujerea la imagen. Ese agujero en la imagen es lo que Lacan denomina — φ (falo imaginario). Ante este agujero surge la angustia.
Por lo tanto, la imagen contiene siempre una parte real, es decir, una parte de lo sexual que ella no recubre. Y sobre este agujero vienen a ubicarse los objetos pulsionales, sobre este agujero en la imagen viene a alojarse el objeto a, causa del deseo.
Retomemos el esquema (figura 6):
El objeto de la pulsión jamás se presenta desnudo, tiene que estar velado por imágenes. La relación del sujeto con la pulsión jamás aparece sin que existan imágenes devueltas por el semejante. Finalmente, el narcisismo viene a dar su vestidura al objeto pulsional, lo envuelve—Lacan escribe esto así: i (a). En el esquema ubicamos la letra “a” en el agujero de la imagen, y a “i (a)” envolviéndola. Por lo tanto el yo, el narcisismo, está compuesto por un conjunto de imágenes investidas que circulan en derredor de una falta; se trata de un montaje en torno a un agujero. Este agujero real representa la causa del montaje del narcisismo, y las imágenes investidas permiten soportar a esta abertura.
Pero es preciso observar desde un comienzo que este agujero real está redoblado por otro agujero, inherente al mundo simbólico. Hay una relación de redoblamiento entre dos faltas. El Otro, a el gran Otro del lenguaje, tesoro de los significantes, se muestra igualmente agujereado: el Otro es incapaz de dar al niño un significante adecuado, un significante que lo satisfaga. Ejemplifiquémoslo: la madre puede decir "eres lindo", "eres mi niñito", etcétera, pero sigue siendo imposible de decir un significante que por sí mismo lo signifique todo entero en su ser. Desde un comienzo aparece una falta en el campo del lenguaje, causando el relanzamiento de la palabra y del deseo cuando éste se superpone al agujero pulsional.
Volvamos ahora al yo: lo que de aquí en más aparece como su característica esencial, es que se presenta "agujereado". Por otra parte, mi propia imagen y la imagen del otro aparecen, sin duda, como una sola y misma instancia: el yo, en tanto conjunción de imágenes.
Narcisismo y transferencia
Freud designaba el repliegue narcisista como un impasse y observaba, a propósito del amor de transferencia, que la fijación amorosa del paciente con la persona del analista hacía muy difícil el trabajo analítico. En efecto, en ese caso la libido se enquista en una formación en la cual el objeto es tratado como el yo.
No obstante, el impulso de la libido hacia el analista representa un movimiento esencial para la transferencia; es preciso que subsistan en el paciente las "fuerzas que han de impulsarle hacia la labor analítica y hacia la modificación de su estado". Dicho de otra manera, el amor, que siempre incluye una parte de narcisismo, constituye un movimiento necesario para la instauración de la transferencia, a condición de no cristalizar una relación de "masa de dos". Las imágenes investidas narcisísticamente no deben detener el movimiento de la libido, sino tan sólo canalizarlo.
En cuanto a Lacan, su posición va evolucionando a través de los tres períodos que fueron presentados:
— En 1936, cuando Lacan trabaja la cuestión del narcisismo a partir del estadio del espejo, en su concepción de la transferencia el yo del analista ocupa, precisamente, el lugar de un espejo. Y sobre este espejo, sobre esta pantalla virgen, el paciente debe reconstituir su propia imagen a medida que va formulando aquello de lo que sufre. En efecto, el paciente ignora todo de los elementos de la imagen que lo hace actuar y que determina su síntoma; es por esto que el analista le comunica "el destino de esta imagen".
— A partir de 1953, momento en que se plantea la primacía de lo simbólico, Lacan va a darse cuenta de que semejante procedimiento descansa sobre un dominio narcisista ilusorio. Ahora el yo aparece como un puro lugar de desconocimiento y de alienación: constituye un conjunto de certidumbres y de creencias con las cuales el individuo se ciega. En consecuencia, el yo del analista debe ausentarse totalmente a fin de dar lugar a los efectos del lenguaje. Y aquello que el analista comunica pasa a ser menos importante que "el lugar desde donde responde”, es decir, desde el lugar del Otro, lugar del lenguaje.
— Finalmente, a partir de 1964, nuevamente aparece la necesidad de apoyarse en las imágenes para que el deseo circule. Al mismo tiempo, la presencia corporal del analista vuelve a ser un lugar de anclaje necesario. Pero el yo del analista, aunque presente, ya no se ofrece como una superficie lisa, está agujereado: el analizante se concentra en las imágenes, se aferra a “i (a)”, y progresivamente ve el objeto “a”, el objeto de su deseo, desprenderse de ellas. A fin de que los movimientos pulsionales dejen de coagularse en las imágenes, y a fin de que se profundice la brecha entre las imágenes y los objetos de deseo, el yo del analista se presenta bajo la forma de una "canal" agujereado.
He aquí, entonces, presentadas en pocas líneas, las modificaciones que la teoría del narcisismo pudo aportar a la concepción de la transferencia. Y cabe observar que Lacan parece más próximo a la teoría freudiana en su última formulación sobre la relación entre el narcisismo y a transferencia.
Podemos pensar que la evolución de la teoría de Lacan respecto al lugar del yo en la cura evoca parcialmente la propia trayectoria del yo a lo largo de la cura.
El psicoanálisis no le resta importancia al yo: apunta, entre otros fines, a la fragmentación de una imagen o de una postura que, en un primer tiempo, se ofrece en un espejismo de perfección. Mediante la puesta en juego de las aberturas pulsionales y de los agujeros del discurso, se produce una subversión de la superficie yoica que se convierte en un canal laminado de imágenes. El yo, abismado por el lenguaje en los círculos de la demanda y del deseo, se fragmenta en pedazos. Pero no se trata de pedazos desordenados, están amarrados al movimiento de relanzamiento del deseo: el proceso analítico trae aparejada una puesta en de las imágenes en torno a los objetos causa del deseo.
Bibliografía:
-Nasio, Juan David: Enseñanza de siete conceptos cruciales del psicoanálisis. Barcelona: Gedisa, 1988