El brujo de las ilusiones
Ayer llamaste y no contesté. Tenía miedo de que fuera un regaño o de que me empezaras a hablar fríamente, porque antes de la llamada te dejé un mensaje oculto que indicaba que ganaste una batalla más, mas no la guerra. Pasó el tiempo y no respondías, y justo en mi momento más personal, llamaste; pero no contesté. Porque por un momento creí que, si no te contesto, pensarías que me perdiste y así intentarías seguir hablándome.
Ja, qué ingenua fui, o soy, porque sé que una ignorancia de mi parte hacia tu persona genera uno de tus berrinches más mortíferos: la desaparición. Sé que ahora no sabré de ti por un tiempo, porque soy un fantasma para tu comunicación, ya que cada milenio notarás mi existencia.
Aunque solo quedamos como amigos, creo que ya no puedo contarte cosas como antes, y no sé por qué. Tal vez el factor de que me gustas esté afectando esto, pero lucharé para que no me gustes; me obligaré a no quererte con mi alma para que podamos volver a sentir esa conexión genial, sin necesidad de llegar a decirnos "te amo".