[...]
Creo que piensas mucho en mí,
aunque sigo sin entender
la peculiaridad de tus acciones.
Creo que pienso mucho en ti,
aunque sigo escondiéndolo
en las pausas de cada abrazo.
— S. Syeiduco
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[...]
Creo que piensas mucho en mí,
aunque sigo sin entender
la peculiaridad de tus acciones.
Creo que pienso mucho en ti,
aunque sigo escondiéndolo
en las pausas de cada abrazo.
— S. Syeiduco
Agosto está lleno de matices.
Nos habíamos conocido en medio del caos,
era la segunda vez que lo intentaba...
con menos miedos,
con más ganas de colapsar emociones.
De vez en cuando procuraba indagar mis pensamientos,
a veces se escondía en medio de mis sueños,
en citas improvisadas
y a través de los destellos de sus pupilas.
Fue inevitable quererlo desde el principio.
Le daba por garabatear todas mis objeciones
con tal de quedar(me) un poquito más,
sabía la manera exacta de atravesar mi coraza
sin amenazas ni persuaciones.
Le gustaba desenredar mis pensamientos
y levitar los latidos,
se aseguraba de ser inolvidable...
a pesar de las consecuencias post emocionales.
Ni siquiera puedo sacarlo de mi mente.
Es uno de esos seres que se impregna en la piel
sin necesidad de acercarse demasiado,
casi siempre está solo
pero le gusta compartir sus secretos a escondidas.
Quedaron cosas pendientes por decir
y encuentros del siguiente nivel...
nunca es suficiente el tiempo entre nosotros.
Fue bonito vernos...
fue bonito verte.
— "Enigmas, S. Syeiduco
Una noche cualquiera del final del invierno:
Retrocedí en los intentos de no inundarme con los recuerdos prohibidos, ni siquiera estaba segura de volver a los antiguos vicios para mitigar las ausencias no planeadas.
Una salida inesperada, (re)encuentros de después y un puñado de arrepentimientos acompañaban la velada. Solía decirte que dejaras las bocanadas de más, sólo repetías que era tu único vicio... esa noche dejé que me inundara cada ceniza que desechaban los latidos de más.
Ya no me alejo de esos lugares que proyectan un pedacito de ti, no quiero terminar en la profundidad de mis pesadillas por no poder deshacerme de las heridas de lo que ya no podrá ser.
Aún me quedan muchos inviernos por recorrer, con la coraza reforzada y los nudos en la garganta que se niegan a fluir cada vez que se escucha a lo lejos los vicios (no) deseados... te prometo que intentaré no enloquecer.
— "Ídem", S. Syeiduco
Tómame, hazme saber que aún no me has olvidado y que los versos que un día te escribí aún rebotan en tu mente. Déjame sentirte; desliza mis manos por tu pecho, recorre mi cuello con tus labios y deja que se alborote tu respiración. Y si quieres que suceda algo más, ¿por qué no lo intentamos? Porque no importa si nos conocemos poco, de alguna manera nos unen los mismos sucesos que nos hicieron perder la fe en el amor y nos volvieron un poquito más vulnerables. No tenemos nada que perder, porque un suspiro demás no hará que involucremos los sentimientos. Así que hagamos un trato: usemos esa mala experiencia como excusa para liberarnos de la culpa y de los malos ratos que por un instante nos hicieron sentir en otra dimensión. No hay que darle más vueltas al asunto, disparemos esos temores por la ventana y huyamos a ese lugar que llaman hogar cuando nadie te está observando.
“Miedos y Manías | Parte 5″, S. Syeiduco
Algo para acordarme de ti:
el susurro de un "te quiero"
que se te escapa cuando dormimos juntos.
Algo para que te acuerdes de mí:
el aroma de mi perfume favorito
que se queda contigo cada vez que te abrazo.
Algo para que no te sientas triste:
un montón de besitos chiquitos
que se marquen en tus mejillas y te ayuden a sonreír.
Algo para desvelarnos:
una noche de confesiones
en medio de caricias y ojeras que guardan secretos.
Algo para reconciliarnos:
detalles inesperados
que nos haga olvidar lo que hicimos mal.
Algo para no sentirnos lejos:
cartas escondidas entre lo que solemos usar
con un poquito de suspiros y café.
Algo para que te animes:
una mirada fugaz
que exprese lo que siento por ti.
Algo para no olvidar:
intentos de detener el curso del tiempo
cuando los cuerpos hablan el mismo lenguaje.
Algo que permanezca siempre:
los latidos distintos
cada vez que tu alma y la mía se vuelven a encontrar.
— "Aquello que llaman Amor | Parte 5", S. Syeiduco
Beso #1:
desliza tus dedos en mi rostro,
pasa de largo las amenazas de tormenta
y recorre con tus labios
ese camino que ya sabes de memoria.
Beso #2:
no despegues tus labios de los míos,
déjame sentir la sutileza de tus intenciones
con esa habilidad que tienen tus manos
de estremecerme la piel
y desnudarme el alma.
Beso #3:
combinemos los buenos momentos que tuvimos
con los besos que quedaron pendientes
de aquel último encuentro
que no queríamos concluir
por miedo a perdernos entre lo que solíamos sentir.
Beso #4:
aún no es momento de parar,
desliza tu mano derecha por mi espalda
y sujeta mi rostro con la delicadeza de tu mano izquierda;
deja que tu aliento se complemente con el mío.
Beso #5:
mis brazos rodean tu cuello
y tus brazos rodean mi cintura
como aquel primer abrazo-beso
que surgió al despedirnos en ese bar
cuando nos rozábamos los latidos por primera vez.
Beso #6:
vayamos despacio cariño,
disminuyamos el ritmo de los besos
y aumentemos las ganas de volver
a ese lugar que sólo conocemos los dos
para guardar lo que nos queda hasta la próxima vida.
Beso #7:
recuperemos el aliento;
marquemos con besitos chiquitos
las mejillas,
la comisura de los labios
y los lunares esparcidos por la piel.
Beso #8:
no olvidemos la frente,
besar con ternura
y con los ojos cerrados
los pensamientos aleatorios del momento.
Beso #9:
no... en el cuello, no;
ya sabes que no soportaría
el sentir tu respiración agitada
y la intensidad de tus besos
con riesgo de pasar a más.
Beso #10:
el control de la situación se desvanece;
los besos aumentan de intensidad,
las manos desconocen los límites,
las caricias dejan saber
que el contacto de los labios no será suficiente.
Beso #11:
la ropa sobra,
el calor del ambiente empaña las ventanas;
los cuerpos quedan cubiertos
de promesas olvidadas
escondidas entre besos añorados.
Beso #12:
aún no es suficiente;
dejémonos llevar por el deseo
de hacer vibrar el alma
con una dosis de locura y besos infinitos
sólo una vez más.
— "Doce besos de despedida", S. Syeiduco
Me haces mucha falta.
Sigo buscándote
entre recuerdos perdidos
y rasgos de desconocidos
que caminan por la ciudad.
Te necesito.
Ya no soporto
seguir alejada de ti
ni de esa extraña manera en que haces
que me sienta mejor conmigo.
No te vayas.
Necesito sentirte conmigo,
sentir la calidez de tu cuerpo con el mío
sin necesidad de rozarnos la piel
al encontrarnos en el mismo sueño.
Te echo de menos.
Aún no sé cómo hiciste
para quedarte entre mis pensamientos,
o si pretendías apoderarte de mis latidos
cada vez que susurrabas mi nombre.
Desearía que estuvieras aquí.
Sentir tu calor
y tus brazos alrededor de mi cuerpo,
escuchando los latidos de tu corazón
y los versos improvisados que esconden algo más que un sentimiento.
— "Miedos y Manías | Parte 5", S. Syeiduco
No sé cómo empezar...
suelo poner palabras que alguna vez
tuvieron sentido cuando las escuché.
Te diría que esperaba conocerte,
que planeaba ese encuentro casi todos los días
y que ensayé los versos exactos para el momento.
O te mentiría,
te contaría mi historia a medias
y te diría que esperaba a alguien como tú.
Aunque no podría hacer eso,
porque tu voz es intimidante
y mi mirada te diría lo que pretendo esconderte.
Tampoco sabría cómo terminar...
si despedirnos con un abrazo,
o un «te echaré de menos» nostálgico.
Mucho menos tengo la certeza
de cuántos besos tengo pendientes
por todos esos días que deseabas que fuera real.
O tal vez sea
como esa noche que te conocí,
un momento impredecible e inesperado.
Y tampoco tengo idea
de cuánto tiempo me queda
para dejarme llevar por ese sentimiento que temo volver a sentir.
Sólo sé que cuando te conocí
no pensaba volver a escribir para alguien
que hace que lo eche mucho de menos.
Y también sé
que aunque haya pensamientos confusos
nada impedirá que nos volvamos a encontrar.
— S. Syeiduco