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¿Qué importa que hablen mal? Si no saben na' de ti
Chystemc
hola
Florecer
Necesito plata maldita sea
#diariodeunaoveja N°8
He encontrado personas preciosas en este camino
No se moleste
[Parte I] Una mujer cree que su comunidad le roba energía. Lo pensaba de antes, ahora lo ha comprobado. Necesita alejarse de la gente para poder terminar su novela. Una mujer comienza a querer quedarse en la cama, acostada. Su único impedimento es su perro. Llegan a un acuerdo y salen juntos, tres veces al día. El perro acepta porque tampoco es de calle. Le gusta el pasto pero más le gusta la cama, bajo las sábanas, a los pies. Una mujer piensa que sería más fácil si tampoco tuviera plantas, –que hay que regarlas y mirarlas para ver si están bien o si se están muriendo–. Que duro ser planta en estos días. Que duro vivir en un piso con personas que quieren estar en la cama escribiendo o viendo películas en vez de preocuparse del entorno. Pobres plantas. Pobre perro. Una mujer se alista para salir de su casa, se mira al espejo y se agarra el pelo como diciendo “¡por favor!” Piensa dos o tres veces al día en raparse, en extirparse de la cabeza cualquier rastro de pelo, para no tener que pensar más en lavarlo siquiera. Qué feliz sería si los pelos desaparecieran, de su cabeza, del piso, de las alfombras, de la cama. Una preocupación menos para su vida. Se lo plantea, pero tienes dudas sobre su autoestima. Que el pelo desaparezca es muy conveniente, pero también es muy fácil caer en un hoyo sintiéndose fea. Quizás sería la excusa perfecta para no salir más de casa. Pero es que ella sí quiere salir de su casa a hacer cosas. Conocer negocios, locales, espacios colaborativos. Ir a ferias o mercadillos. Revisar libros usados, encontrar tesoros enviados por el universo. Lo que no quiere es que otros dependan de ella. Ella quiere ajustar su vida a su placer.