Todo lo que ha hecho por mi
En las últimas semanas, he tenido la oportunidad de meditar y reflexionar acerca de todo lo que Dios ha hecho en mi vida hasta ahora. Poder ver todo lo que me ha regalado, lo bueno que es conmigo siempre, ha sido una maravilla. Para una persona como yo, que soy una desagradecida y siempre paso todo por la razón, poder ver todas las cosas que Dios ha hecho por mi es una gracia.
Si no tuviese a Dios en mi vida, todo sería muy diferente.
Cuando era adolescente, me enfadé mucho con Él por mi situación en el instituto, con las amistades, con los chicos, lo que me hizo dudar mucho en ese tiempo de Su amor por mi. Que hubiese sido de mi si al final hubiera ganado mi enfado, y esos pensamientos que yo tenía.
Tuve mi primer novio a los 19 años, una relación tóxica en la que frecuente círculos de droga y juegos (entre otros). Y como Dios me protegió de todo eso, como me permitió no caer en todos esos problemas, me parece increíble. No levantó Su mano de mí ni un segundo.
Me ha dado unos padres y una hermana que siempre están ahí por mi, y me ayuda a quererlos y a respetarlos.
Y me ha hecho el mayor regalo que podría imaginar: me ha regalado una familia. Un marido cristiano, y un hijo. A mí que creía que nadie podía quererme. A mí que hace 7 años decía que no iba a querer nunca ser madre porque quería ser independiente. Lo ha cambiado todo.
Y todo, sin pedirme nada a cambio.
Veo todo esto, y me avergüenzo de todas las veces que dudo de Él y de Su amor por mi. Puede llegar el sufrimiento, puedo no entender algunas situaciones de mi vida, pero no puedo, nunca, pensar que Dios no me quiere. Porque me ama. Como un papá ama a su hija, me ama.
Y agradezco poder ser consciente de ello y poder compartirlo con la gente que me rodea.
“Dios se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”. Jeremias 31:3


















