LOS ANCESTROS DE LOS ANTIGUOS CANARIOS Y EL CULTO A ANUBIS
«Otros canarios también habitan las salvajes regiones que se extienden desde el monte Atlas hasta los desiertos de Libia, lugares cubiertos de oscura arena y llenos de serpientes y elefantes. Son llamados canarios, porque comen junto con los perros, compartiendo con ellos las entrañas de los animales salvajes de los cuales derivan sustento. Pero en una parte de Etiopía que ocupan los canarios, una especie de alimento sagrado es ofrecido a los perros en la ciudad de Cynopolis (ciudad de los perros), en la cual se tributan honores divinos a Anubis»
[Guillermo Coma y Nicola Squillace, 1493]
Anubis es el nombre griego del guardián de las tumbas asociado con la muerte y la vida después de ésta en la religión del Antiguo Egipto, maestro de las necrópolis y patrón de los embalsamadores, representado como un gran cánido negro acostado sobre su estómago, probablemente un chacal o un perro salvaje, o como un hombre con cabeza de perro.
Probablemente, la forma canina del dios fue inspirado a los antiguos egipcios por el comportamiento de los cánidos, a menudo carroñeros oportunistas paseando por la noche en los cementerios buscando desenterrar cadáveres. Anubis era el protector y guía de los difuntos, profusamente representado en el arte funerario.
En Tenerife tenían una entidad o divinidad tenida por maligna (demonio) que llamaban "Jucancha" que, según la tradición, tomaba la apariencia de un perro grande y de pelo espeso:
«[…] otros confesaban haver un Dios universal, y llamaban Jucancha» [Marín 1694, II, 20: 82r].
[…] en sus sacrificios se les aparecia el Demonio en varias apariencias, y lo ordinario en la deperro grande, y lleno todo de lana, llamaban cancha, y Gucancha» [Marín 1694, II, 20: 82r].
«Jucancha, T[enerife]. “Dios universal”. Marín y Cubas / Divinidad infernal de los perros, según tradición tinerfeña» [Bethencourt Alfonso (1880) 1991: 233].
En Gran Canaria tenían una entidad maligna (demonio), a la que llamaban "Tibicena", que, según la tradición, se aparecía en forma de perro grande y de pelo espeso:
«Muchas ifrequentes Veses seles aparecía el demonío en forma de perro muí grande í lanudo de noche ídedía íenotras varías formas que llamaban Tíbíçenas» [Gómez Escudero (ca. 1484) 1934: 69r].
«[…] el qual [demonio] se les aparecía muchas veces, de noche y de dia como grandes perros lanudos, y en otras figuras, a los quales llamaban tibicenas» [Abreu (ca. 1590, II, 2) d. 1676: 39v]
En La Palma tenían una entidad o divinidad maligna (demonio), llamada "Haguanran", figurada en forma de perro:
«Erano idolatri, conciosia che adorauano il demonio in forma di cane, detto apresso di loro Haguanran, ilquale diceuano loro ch’egli habitaua nel Cielo da loro detto Tigotan, et in terra in la cima de’monti detti Tedote, sopra i quali faceuano le loro adorationi et sacrifici di latte et butiro» [Torriani (1590, LXVII: 91v) 1940: 198].
El perro fue un animal introducido por la población indígena desde su lugar de origen, el norte de África, junto a una cabaña ganadera
integrada por cabras, ovejas y cerdos. Tendría, por tanto, un papel imprescindible en las actividades de cuidado y guarda del rebaño,
además de otras funciones como la vigilancia, protección y defensa de las personas o de la comunidad, sin olvidar su labor higiénica
al consumir los desperdicios alimenticios. Pero junto a estos roles más utilitarios, las fuentes etnohistóricas dejan entrever que este animal formaba también parte del sistema de creencias de los antiguos isleños.
Los testimonios indirectos de su presencia son muy abundantes. Se reconoce la huella de sus dientes al morder y roer los desperdicios
cárnicos de los ámbitos domésticos. Muy especialmente, las alteraciones causadas por sus dientes se detectan en los restos óseos de los antiguos canarios procedentes de cuevas funerarias, lo que indica que estos animales accedieron frecuentemente a estos recintos, consumiendo parte de los cadáveres.
Si las evidencias indirectas de su presencia son abundantes, no ocurre lo mismo con los restos óseos de este animal, que apenas se
conservan en el registro arqueológico de Gran Canaria. La mayor parte de estos testimonios procede de contextos funerarios, formando
parte de las acciones rituales desplegadas en el ámbito de la muerte.
Así, se han constatado dos cráneos recuperados en una cueva de Guayadeque, cuya relación exacta con los difuntos depositados en la cavidad se desconoce. Otro caso guarda estrechas similitudes con una momia procedente también de Guayadeque, se trata de un premolar dispuesto entre las pieles de la mortaja que envuelve los restos de una mujer.
https://www.academia.edu/.../400_a%C3%B1os_de_cronicas_de...
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Anubis
https://imeslan.wordpress.com/2017/10/02/jucancha/
https://imeslan.wordpress.com/2017/09/19/tibicena/
https://imeslan.wordpress.com/2017/10/23/haguanran/
http://www.elmuseocanario.com/.../2020/piezaoctubre2020.pdf
Jucancha. (De *hu-wuqqansas > huqanšaʰ, n. vb. m. sing. ‘he aquí o éste es el perro’.) *s(əs) > š /ʃ/, por correspondencia acústica entre fr